Mussolini y el avión

Esteban Illades

Lo que hubo fue una improvisación como la que lleva a cabo todas las mañanas frente a nuestra prensa. En resumidas cuentas, el mundo presenció su primera mañanera

En estos días se celebra la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, y también el 75 aniversario de su fundación. Al haber una pandemia, la reunión fue virtual: líderes del mundo enviaron mensajes por video en lugar de acudir a la reunión en la sede de Nueva York.

Diría Joan Manuel Serrat que cada loco con su tema, y así sucedió. Donald Trump utilizó el foro para pelearse con China y echarle la culpa del virus, sin hacer mención alguna de que su país es el que peor ha manejado la epidemia a nivel mundial. Xi Jinping, su homólogo chino, habló del coronavirus como un fenómeno global, y omitió mencionar que la epidemia se había originado en su país. También guardó silencio respecto al hecho de que su gobierno ocultó información vital durante semanas, lo que le quitó tiempo fundamental al resto del mundo para prepararse.

En ambos casos la ausencia de cualquier mea culpa fue palpable.

En el mismo tono, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, aprovechó para pelearse con los medios y con la población indígena de su país: a los primeros los culpó de inventarse una crisis respecto a la deforestación de la Amazonia, la cual niega a pesar de la evidencia satelital; a los segundos los acusó de ser los responsables de la deforestación, en caso de haberla (aunque diga que lo la hay).

Y luego vino el presidente mexicano. Como este año no hubo una reunión física, el presidente optó por tener su primera participación en el foro. No está de más recordar que el presidente es enemigo de los viajes al extranjero, y el único que ha hecho en sus dos años desde la elección es a petición de Donald Trump.
Por eso le cayó, en sus palabras, como anillo al dedo que la conferencia fuese remota. Así aprovechó para grabar un mensaje desde Palacio Nacional.

Fiel a su estilo, ignoró el lugar, el momento, y el contexto en el cual tenía que dar su discurso. Lo que hubo fue una improvisación como la que lleva a cabo todas las mañanas frente a nuestra prensa. En resumidas cuentas, el mundo presenció su primera mañanera.

En menos de 20 minutos recorrió su versión de la historia mexicana. Con un orgullo un tanto descolocado, sonrió al anunciarle al planeta entero que Benito Juárez fue tan buen presidente que por eso los padres de Mussolini le pusieron el mismo nombre. Ésta debe ser la primera ocasión en la que se menciona a Mussolini en un contexto favorable dentro de la Asamblea General de una organización que se creó, en parte, para combatir los horrores perpetrados por el propio Duce.

También trajo a colación la rifa que no es rifa del avión presidencial. Difícil imaginar cómo la habrán pasado los intérpretes de la ONU con una frase como la siguiente: “Había un avión presidencial, existe todavía, pero está en venta, ya lo rifamos y todavía vamos a venderlo”.

Lo que fuera una ocasión solemne, su presentación frente al resto de los mandatarios mundiales, terminó convirtiéndose en un anuncio del canal de compras: llame ya y le incluiremos uno de los bienes decomisados por el Instituto Para Devolverle al Pueblo lo Robado –en el cual también se roban cosas, pero ésa es otra historia que debería contar la Fiscalía General de la República cuando investigue.

En cambio, en no más de tres minutos, Angela Merkel demostró lo que le faltó a los demás jefes de Estado aquí mencionados –hombres todos ellos, por cierto–.

Primero, recordó sin tapujos que la ONU se fundó tras los terribles crímenes perpetrados por el gobierno alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Segundo, expuso lo que todos los integrantes de Naciones Unidas saben, pero no dicen: que la ONU no funciona porque los gobiernos de los países sólo piensan en sí mismos.
Por último, sugirió reformar la Organización entera y recordó que en este planeta vivimos todos.

La jefa de Estado del país por el cual existe el término genocidio le dio una lección al resto del mundo. El nuestro, en cambio, sólo atinó a presumir que en nosotros se inspiraron los padres de su principal aliado en esa masacre.

De ese tamaño la distancia entre ambos.
 

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