Ni bien había conquistado su tercera división, David Benavidez ya empezaba a recibir oleadas de críticas y envidia. En lo personal, no me extraña en lo más mínimo esta situación, porque tengo bien claro que el éxito casi siempre va acompañado de odio vestido de envidia. Y es que el éxito ajeno no únicamente no se perdona, sino que se señala constantemente, se cuestiona y, en muchos casos, se intenta destruir desde las cómodas sillas de la miseria y el vacío espiritual.

Si apelamos a la memoria a largo plazo, no podemos quedarnos instalados únicamente en la conquista de los cinturones de la AMB y la OMB en el marco de los cruceros. Hay que recordar su paso por las 168 libras, división en la que conquistó el título del CMB, convirtiéndose en el campeón más joven en la historia de ese peso, y además en dos ocasiones. Posteriormente, El Monstruo dio el salto a los semipesados, donde volvió a coronarse en las 175 libras.

Con ese contexto, y tomando en cuenta sus 32 combates profesionales, con 26 nocauts en 173 asaltos disputados —para un impresionante 81 por ciento de efectividad—, es imposible no reconocer la carrera de David Benavidez como una de las más sólidas de su generación.

Hoy por hoy, David ya ha conquistado múltiples divisiones y se ha consolidado como uno de los referentes indiscutibles del boxeo actual.

Benavidez debe ser considerado uno de los mejores peleadores de su generación y, por consiguiente, un claro candidato a heredar la estafeta de Saúl Canelo Álvarez como rostro del boxeo mundial. Aclaro: aunque va por un camino extraordinario, hoy en día Canelo sigue siendo, sin discusión, el peleador que más vende en el mundo.

Poner en la misma ecuación a Canelo y a Benavidez es completamente natural. Aunque todo indica que nunca se encontrarán en el encordado, sus carreras corren en paralelo, marcando época cada uno a su manera. Ambos han alcanzado niveles de gloria que no son nada sencillos en la élite del pugilismo mundial.

Canelo Álvarez está más que acostumbrado al éxito… y al hate que conlleva estar en la cima. En el caso de Benavidez, este tema debe convertirse en una prioridad en su carrera.

Un campeón en múltiples divisiones no puede darse el lujo de distraerse con redes sociales ni con opiniones que buscan más protagonismo que análisis. La historia ha demostrado que al exitoso se le golpea por ser exitoso, y Benavidez va claramente enrumbado hacia la cima.

El septentrión boxístico tiene un precio bastante alto. Algunos lo entienden muy bien y lo saben manejar; otros simplemente caen en la trampa de las provocaciones.

De manera paradójica, Benavidez podría aprenderle mucho a Canelo en el manejo mediático y emocional del éxito. Porque arriba del ring al parecer nunca los veremos enfrentarse, esa es una historia que quizá nunca sea escrita.

Bienvenido a las grandes ligas David, donde algunos te reconocemos, pero otros no lo harán nunca, así noquees al mismísimo King Kong.

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