El boxeo se puede disfrutar desde varios puntos de vista. Algunos realmente son fanáticos del deporte, lo entienden y hasta lo analizan; otro sector que consume boxeo lo utiliza como un pretexto para reunirse y convivir, y hay personas que también usan al deporte de los puños como un pretexto para ingerir cerveza y alcohol de manera desmedida, y lo que pase en el encordado es lo de menos.

En mi caso, no critico de ninguna manera como consume cada quien al deporte de mis amores. Al final, sucede en todos los deportes: hay de aficionados a aficionados.

La brutal diferencia entre el boxeo y todos los demás deportes es que el boxeo es un deporte que no se juega y, por si fuera poco, siempre se pone en riesgo la vida de los peleadores que se entregan con todo en el ring, buscando mejorar su vida y la de sus familias.

Cito todo lo anterior por el reciente fallecimiento de Prichard Colón, a sus tan solo 33 años de vida. El chamaco de sangre boricua peleó por última ocasión el 17 de octubre del 2015 ante el despreciable y sucio peleador Terrell Williams, quien le propinó varios golpes de conejo a Colón para causarle una lesión que lo llevó a un viacrucis de casi 11 años, luchando desde una silla de ruedas con paraplejia y daño cerebral agudo a causa de los golpes, mismos que no sancionó a tiempo el inepto Joseph Cooper, el tercero sobre la superficie.

Dicen que hay un destino y eso no lo puedo comprobar. Sin embargo, la fatídica noche de aquel maldito 17 de octubre del 2015 fue una tormenta perfecta que combinó la suciedad al pelear de Williams y la ineptitud de Cooper. Los dos nefastos y los dos despreciables.

La madre de Prichard, Nieves Meléndez, caminó paso a paso, día a día, semana a semana, mes a mes y año tras año de la mano de su hijo, al que nunca abandonó luego del accidente.

La señora Nieves, sin duda, se consagró como campeona del mundo al no tirar la toalla y abandonar a quien albergó en su vientre y sostuvo de la mano hasta el final.

No Puedes Jugar Boxeo es una frase que define al único deporte que no se puede jugar y, en esta reflexión, a manera de homenaje a Prichard Colón, los invito a reflexionar y entender que las y los boxeadores arriesgan la vida día a día y, con tal de agradar a su público y sacar a sus familias de la pobreza, durante el camino se arriesgan a todo.

Cierro diciendo que pagar un boleto o ver una pelea en PPV no les da derecho a criticar a aquellos que se suben al encordado buscando una mejor vida.

Seamos empáticos, seamos más humanos y, sobre todo, entendamos que algunos se quedan haciendo fiesta luego de una pelea y muchos peleadores acaban en el hospital.

Descansa en paz, Prichard, y que tu vida nos ayude a ser mejores en todo sentido.

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