Actúa por vocación. Convicción. Ideología. En línea con su artífice. Ambos se ajustan a una sentencia de Anatole France: “un necio es mucho más funesto que un malvado. El malvado descansa algunas veces; el necio, jamás”.

Por su necedad. Ceguera. Empeño por ocultar. No transparentar las continuas faltas. Debilidades. Abusos. Corruptelas. Crímenes de no pocos integrantes de su partido. De su equipo, la presidenta quiere cortarse un pie con sus “lineamientos”. Son un misil contra sí misma.

Su conocida. Comentada. Analizada. Unánimemente rechazada propuesta que pretende establecer relaciones poder-prensa-audiencias absolutamente inviables. Incumplibles. Absurdas. Injustas, es un atentado contra la libertad de expresión. La sociedad. La democracia. El país. Su gobierno. Ella misma. Es el último paso en el camino sin retorno a la tiranía.

La aberración suprema de sus excesos contra el sagrado derecho de pensar. Comentar. Criticar. Proponer, se halla en su propósito de imponer a los medios el ejercicio de la diferenciación entre información y opinión, apelando a la falacia. La verborréica preocupación de proteger a las audiencias.

Estas sólo le interesan para que acepten. Se traguen. Aplaudan. Elogien todo cuanto les diga en sus mañaneras. Así sean falsedades. Acusaciones sin fundamento. Negación sistemática ante la evidencia.

¿De qué tiene que proteger el gobierno a las audiencias? ¿De quiénes? ¿De los que al informarla analizan, orientan, cuestionan? ¿No son, estas, condiciones indispensables en el ejercicio del periodismo? ¿No por eso debe ser absolutamente libre, incluso a costa de los excesos?

El discurso “protector” del pueblo es propio de las tiranías. No de las democracias. Es muy claro a dónde ha llevado al país el morenismo.

Las acusaciones de que, quienes trabajan con base en una metodología son enemigos del gobierno. Que ven mal todo lo que hace. Que le desean el fracaso. Y que hasta quieren derrocarlo, son totalmente insostenibles.

Si se contrasta el trabajo profesional de quienes están en los medios con la “comunicación” que se emite a diario desde Palacio Nacional, la diferencia es abismal.

Lo que se dice cotidianamente desde uno de los símbolos del poder político de México, tiene. Busca. Lleva la intención indubitable de manipular. Imponer. Adoctrinar. Esclavizar. Conseguir apoyo dócil. Inmediato. Creciente. Acrítico. La estrategia se ha revertido. Está generando todo lo contrario.

El periodismo se compone de varios géneros. Con la nota, que se reduce en los conocidos Diablillos de Kipling: ¿Qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo?, se escriben. Se describen los acontecimientos que pueblan la realidad.

Quienes opinan, en cambio, prescriben. Enseñan. Ilustran. Iluminan. Tratan de dar respuesta a esas interrogantes. Es lo que no se ha hecho ni se hará en las conferencias presidenciales.

El PAN pierde el tiempo al impulsar la idea de que, en estas, se admita el derecho de réplica. Eso no pasará. Los regímenes autoritarios son irresponsables por naturaleza. No responden por nada. Ni ante nadie. Los panistas deberían saberlo. No hacerse ilusiones.

Considerar que las emisiones de Sheinbaum son la perfección --aunque con frecuencia se equivoque o rectifique-- y que su modelo debe ser imitado. Replicado. Que los medios privados deben ser su copia sin más, es una pretensión desproporcionada. Excesiva. Perniciosa. Escandalosa.

Opinión, que para el gobierno es ataque a secas, puede considerarse como sinónimo de juicio. Claridad intelectual. Formación. Información. Cultura. Especialización. Capacidad. Autoridad para valorar un hecho. Una situación. Una decisión. Una persona.

Cuando esa actividad se da en relación con asuntos del Estado, cobra especial valor. Decir a los gobernantes que se sienten todólogos, sábelotodo, qué no están haciendo bien. Cómo deben hacer mejor las cosas. Reprocharles. Exigirles cuando no rectifiquen sus errores, no es estar en su contra. Es hacer un aporte en favor de todos.

Ejercer el poder mirando a este objetivo, es obligación ineludible de quienes lo detentan. Aceptarlo, comienza por reconocer que el país no es de su propiedad. No pueden hacer su arbitrio. Nada los autoriza a usufructuarlo como si fuera un bien personal.

Eso, justamente, es lo que les pueden decir “sus enemigos” opinantes. Es lo que no les gusta. Es lo que no quieren. Les molestan los límites que los medios buscan ponerles. Ese es, y no otro, el fin último de los “lineamientos”. Cuando los medios se los recuerdan. Y es su función y su obligación hacerlo en cada momento. Con fundamentos. Razones. Por causas comunes. Ex bona fide (de buena fe), contribuyen –sin asumirse como “la verdad”– a que tengan un mejor desempeño. A mantener o elevar su consenso. A recrearse en el poder.

La presidenta Sheinbaum busca esto. Es legítimo. Normal. Obligado estando al frente del país y de su partido. Pero se equivoca completa. Absolutamente en la elección del método. De las formas. De las herramientas.

Categórica. Enfática. Incuestionablemente, no será por medio de la imposición de una comunicación estándar. Univerzalizada. Censurada. Vacía. Intrascendente. Mucho menos suprimiendo la opinión como esencia periodística, sustancia. Médula de la información, como alcanzará su objetivo.

José Ortega y Gasset se los dice a ella y a todos cuantos se le han adelantado o sigan sus pasos. Con la misma idea. En La Rebelión de las Masas, recuerda:

“El mando es el ejercicio normal de la autoridad. El cual se funda siempre en la opinión pública. (…) Jamás ha mandado nadie en la tierra nutriendo su mando esencialmente de otra cosa que de la opinión pública”.

El gran pensador español sostiene que la opinión pública, fenómeno antiguo y perenne. Aquí o allá. Desde hace diez mil años, es la fuerza radical que en las sociedades humanas produce el fenómeno de mandar. “…la ley de la opinión pública es la gravitación universal de la historia política. Sin ella, ni la ciencia histórica sería posible”.

Afirmación sólida. Visión exacta. Proyección continua. Confirmación teórica permanente. Vigencia incuestionable. De fácil entendimiento. Pero de difícil. Imposible observancia para los tontos. Que considera vitalicios y sin poros.

David Hume, en su célebre ensayo De los Primeros Principios del Gobierno, publicado en 1741, la opinión pública es el único y verdadero fundamento del gobierno y de la autoridad política. Innumerables científicos políticos coinciden. Secundan. Respaldan esta tesis aún con variantes.

Y si se trata de una democracia, sobra decir que quienes la conducen, deben ejercer el poder alejados en absoluto de la opacidad. La oscuridad. El secreto. El ocultamiento. El engaño. Cosa que no se ha visto en el anterior. Ni en el actual gobierno.

Si Claudia Sheinbaum se empecina en establecer sus “lineamientos”, se confirmará la tesis que aquí he reiterado: México no vive ya en una democracia. La que había, murió. Andrés Manuel López Obrador comenzó su asesinato. Lo constitucionalizó. Su heredera lo consumó.

Para que su paso a la Historia no se manche por eso, valdría la pena que tuviera en cuenta lo que Talleyrand dijo a Napoléon: “Con las bayonetas, sire, se puede hacer todo. Menos una cosa: sentarse sobre ellas”.

Porque, subraya Ortega y Gasset: Mandar no es un gesto de arrebatar el poder, sino tranquilo ejercicio de él. (…) mandar es sentarse. Trono. Silla, curul, banco azul, poltrona ministerial, sede. (…) el Estado es, en definitiva, el estado de la opinión: una situación de equilibrio, de estática. (…) no se puede mandar contra la opinión pública.

Esta, categóricamente, le está diciendo a Claudia Sheinbaum en todos los tonos. Medios. Maneras, que su propuesta de Lineamientos para la protección de los derechos de las audiencias, no debe prosperar.

Viéndose a sí mismo, en sus Meditaciones del Quijote, de 1914, José Ortega y Gasset sentenció: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Lo que queda como una rica enseñanza para la presidenta, por si acaso quisiera…considerarlo.

Línea de Fuego

Los días pasan. La UNAM sigue hundiéndose en las crisis. Su rector se mantiene ausente. Acaso escondido. Atemorizado por el oleaje de problemas que envuelven. Desacreditan. Desprestigian a la institución. La ambición de algunos, viéndola como botín o como una mina de oro, la morenizaron con las tres grandes premisas --no robar, no mentir, no traicionar-- establecidas por el huachicolero de la política, Andrés Manuel López Obrador, Claudia Sheinbaum y los acólitos de ambos, los tomboleros y acordeoneros. Nuestra Máxima Casa de Estudios comprende varios miles de estudiantes, profesores, investigadores, empleados administrativos. Y no merecen que Leonardo Leomelí Vanegas les dé la cara. Una explicación directa, amplia, convincente de lo que ocurre. Ni el ofrecimiento de alternativas de solución. Nuestra Universidad se sostiene con los impuestos de millones de trabajadores y ni siquiera se digna a emitir un mensaje para ellos. Alma de la Nación. Sostén moral del país. Última defensa de la conciencia del país, se desmorona y el rector, indigno, cómodamente apoltronado, sigue tan campante en su puesto. Un poco de decoro, sobre todo si nada tuvo que ver con la danza de millones en el examen de licenciatura 2026, le bastaría para limpiar la mugre que otros hubieran esparcido. Dispondría que, en caso dado, fueran investigados y sancionados. Y abandonaría el cargo. Si lleva cadenas arrastrando. Pecados inconfesables a la espalda, nuestra querida UNAM terminará muy pronto en el abismo por la canaille… El desdén que Claudia Sheinbaum mostró a Bernardo De La Espriella, al no asistir a ti toma de posesión, no augura buena relación con el gobierno Colombia. ¿Se congratulará enviando ayuda a ese país por la tragedia que vive, derivada del terremoto que sufrió hace unas horas?... Alfredo Ramírez Bedolla se escandaliza porque el Movimiento del Sombrero ya habría hecho pactos políticos con MC. En realidad, lo que debe sentir es terror, pues sea como fuere, la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, apunta a sustituirlo. Con ella como gobernadora, así le irá… Ángel Heladio Aguirre Rivero es procesado por ocultar información sobre la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa. ¿Nada tuvo que ver en eso Enrique Peña Nieto, siendo a la sazón presidente de la República? ¿Se le involucrará en algún momento, para formar otra cortina de humo?... Mario Delgado le adjudicó a su jefa una riqueza que no posee. Que es del país. De los mexicanos, al decir a beneficiarios de una beca, que ella les mandaba el monto que comprende. La desvergüenza del morenismo no tiene límites.

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