Para no olvidar. Recordar. Saber. Para estar alerta ante lo que representan las listas que los tiranos hacen para sembrar el terror a fin de perpetuarse, unos breves apuntes:
Entre 1793 y 1794, Francia vivió El Reinado del Terror. Lo encabezó Maximilien Robespierre. La historia consigna que unos 40 mil ciudadanos, inocentes en su mayoría, fueron guillotinados en menos de diez meses.
Con base en la Ley de los sospechosos, todo aquel que se considerara. Que apenas se sospechara enemigo de la Revolución, era ejecutado. La sangre corrió a raudales.
La Primera República Francesa abolió la monarquía en 1792. El rey Luis XVI fue llevado a la guillotina, instalada en lo que ahora es la Plaza de la Concordia.
Como presidente de la Convención Nacional, líder del Club de los Jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública, integrado por doce notables, Robespierre se autoerigió como celoso. Criminal guardián del histórico movimiento.
Con ese status y el propósito de coagular una regeneración espiritual y social con ideas de la Ilustración y la filosofía de Rousseau en Francia, lo sometió todo y a todos al terror. La defensa de la Revolución, consumada en 1789, fue su máxima motivación.
Se convirtió en un tirano sanguinario.
Eliminó el derecho a la defensa de los acusados. Restringió las sentencias a la pena de muerte o a la libertad total apelando únicamente a “pruebas” morales. Colmó las prisiones de presuntos inocentes y de opositores reales.
Mediante la Ley de Máximum General, dictada para fingir que generaba bienestar para el pueblo, estableció el control de precios para los bienes de primera necesidad y el tope a los salarios. Nadie se le pudo resistir.
Insaciable su apetito de violencia y arbitrariedad. Endiosado por la brutalidad que inspiraba su método de defensa del vuelco que estaban dando Francia y el mundo, Robespierre veía enemigos hasta en sus propios aliados.
La cabeza de Georges Danton y la del marqués de La Fayette fueron cercenadas por la mera sospecha –en él certeza– de que actuaban contra lo que defendía con tanto ardor.
Danton fue factótum en la caída de la monarquía y la creación de la Primera República. La Fayette participó como redactor de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
La famosa "lista negra" de Robespierre, que supuestamente incluía nombres de diputados corruptos y traidores, sembró el pánico por el rumor de que los echaría de la Convención. De que los enviaría al cadalso.
Esa “lista negra” fue su perdición. Sin dar nombres, acusó a algunos de conspirar contra la República. Por instinto de supervivencia, se unieron. Lo derrocaron. Lo hicieron arrestar y como él lo acostumbraba, lo mandaron al patíbulo de inmediato.
Hoy, a 230 años de distancia de ese momento tan doloroso como glorioso para Francia y para el mundo --por el derramamiento de sangre, por un lado; por la caída del Ancien Régim, por otro--, las “listas negras” aparecen triste, Dolorosa. Amenazadoramente en México.
Toda proporción guardada con el momento negro protagonizado por Robespierre, la presidenta Claudia Sheinbaum envía señales ominosas con las “listas negras” sobre periodistas y medios críticos. Que complementa con los “lineamientos” para proteger los derechos de las audiencias.
Con la que ella dio a conocer sin ambages, hay medios vetados en la participación de los recursos de la publicidad del gobierno porque no los considera afines, sino enemigos.
Como EL UNIVERSAL, Reforma y TV Azteca no se doblegan ante las presiones, acusaciones ni descalificaciones del poder tombolero y huachicolero, para ellos no hay dinero. Dinero que es de los contribuyentes. No de quienes lo reparten. Que deben asignar por audiencias, no por capacidad de reptar. De elogiar. De lamer suelas.
Únicamente hay pautas publicitarias oficiales para los incondicionales. Melosos. Complacientes. Abyectos. Los que cierran los ojos antes la realidad. Que el gobierno ve. Cree y quiere que se proyecte y que se acepte como ideal. Perfecta. Sin conflictos. Color de rosa.
Con el listado que hizo público Luisa María alcalde colocando a analistas y medios como “enemigos”, siembra la idea de que están en contra del pueblo. En nombre del gobierno, usurpa esta categoría. Se la autoadjudica. La usa como escudo. Como tapadera. Alimenta la discordia. La confrontación. La violencia.
Por más que lo niegue, el morenismo tiene la determinación de coartar totalmente la libertad de expresión. De prensa. De pensamiento. Es lo único que le falta para terminar el tránsito de la democracia a la tiranía.
Maximilien Robespierre, pese a todo, está en la Historia. Fue considerado y se le llamó, “El Incorruptible”.
Por los vínculos que ha tenido con su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, sus hijos y su cártel. Por la defensa y protección que hace de ellos cual si fuese una obligación de Estado, es impensable que algún día Claudia Sheinbaum pueda ser llamada “La Incorruptible”.
Robespierre fue el autor de los sublimes lemas de la Revolución Francesa --Libertad. Igualdad. Fraternidad--, que el Planeta ha hecho suyos en la construcción de la democracia.
Para la defensora de tantos reiteradamente señalados criminales de su partido, será imposible trascender con su perorata. Con su farsa… del segundo piso.
¿De desjuiciados a enjuiciados?
El politólogo ex oficio tituli, Andrés Manuel López Beltrán, dice haber pasado por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Pero seguramente lo hizo por fuera. Por el Circuito Mario de la Cueva. Por Insurgentes. No se tituló. Objetivamente, es un rico. Corrupto. Miserable ágrafo.
De donde se sigue que la autoría de la carta que le envió al presidente Donald Trump, es de su padre, el huachicolero de la política. Incluso suponiendo que a este no se la redactó su amanuense de siempre. El rencor. La prepotencia. La agresión. La desesperación contenida en el texto, muestran sus orígenes. Son inequívocos.
Su airado. Grosero. Grotesco. Ridículo. Loco reclamo por la cancelación de la visa del narcojunior, como lo califica el líder del PRI, Alejandro Moreno, es porque se saben acorralados. Observados. Seguidos, Ubicados. Son los más llamativamente extraíbles.
El gobierno de Estados Unidos, inexorablemente, enviará por ellos. Esa seguridad es generalizada. La duda es solamente el tiempo que va a demorar.
El propio José Ramiro López Obrador ha confirmado lo que todos saben: aún con el retiro de la visa al (D)Andy, Estados Unidos no quiere al chico; quiere al grande.
Y éste, es nada menos que Andrés Manuel López Obrador. El sujeto que soñó con estar al lado de los próceres de la Nación. Que, empero, pisa terrenos de la inmundicia que él mismo, enfebrecidamente, produjo.
En perspectiva, será más famoso que ellos. Porque todo apunta a que será el primer ex presidente de México que termine tras las rejas. Aunque fuera en Estados Unidos, ¡qué vergüenza!
Se entiende que en AMLO y sus hijos no haya ningún pudor ni arrepentimiento por todas las formas de prevaricación que protagonizaron y prohijaron.
Pero que la presidenta Claudia Sheinbaum les haga el juego. Los defienda, es funesto. Inmoral. Inaceptable. Pernicioso. Peligroso.
Ciega, involuntariamente; por ignorancia o imposición, transfiere indebidamente a un mequetrefe la potestad constitucional que sólo ella detenta. Ella encarna. Representa la soberanía de la Nación. Que pase eso por alto, la deslegitima. Se deslegitima a sí misma para seguir conduciendo la República.
El tal (D)Andy es nada. Nadie para arrogarse el derecho de llamar a la sociedad a organizarse para defender la soberanía ante la embestida que se avecina.
La embestida que ve venir, es contra él. Contra el autor de sus días. No contra México. Ni contra los mexicanos. Ni contra el gobierno.
Luis XIV, en su reinado de 72 años, dijo: “El Estado soy yo”. Terminó en un grito.
El (D)Andy, en su atrevida insignificancia, dice: “La soberanía soy yo”, Sabe que una mazmorra lo espera. Y no será difícil para él imaginar ahí… su final.
Línea de Fuego
La UNAM está herida. Después del estrepitoso fracaso en la aplicación del examen en línea para la licenciatura del presente ciclo, la institución continúa en crisis. Las sospechosas. Interesadas maniobras de algunos están sin aclararse y el rector, Leonardo Lomelí Vanegas, responsable en última instancia del escandaloso episodio, nada de muertito. Si tuviera la intención de rescatar a nuestra Máxima Casa de Estudios, frenar su desprestigio y evitar una ignominia mayor para sí, la Fundación UNAM, que encabeza Dionisio Mead y con la que tanto ha hecho en favor de la comunidad, es su mejor alternativa. De su salvación y para su trascendencia… En el ámbito médico se lo considera como el mejor de su especialidad. Hoy se cumple uno de sus grandes sueños: la cirugía robótica de columna. El doctor José Antonio Soriano da y motiva –entre varios actores–, un paso colosal en esa materia. Su ciencia lo ha hecho respetable; su sentido de humanidad, excepcional. ¡Enhorabuena!... Alejandro Armenta Mier es de los pocos gobernadores que apoya realmente a la presidenta, con mucho más que su lealtad y su militancia. Lo hace con trabajo. Evitándole problemas. Por eso, siguen corriendo versiones de que pronto lo llamará a colaborar en su equipo. Sería un formidable apoyo. Si José Chedraui, alcalde de Puebla capital cree que con la posposición de los planes y programas que busca concretar en beneficio de la población bloqueará o interrumpirá su trayectoria, alguien debería ubicarlo en la realidad… Arturo Ávila sigue sin promover alguna iniciativa importante, pero siempre está decidido a trenzarse a bofetadas con quien sea. Sin embargo, el “cero iniciativas”, invariablemente termina huyendo… Mónica Soto deja el EEPJF. Es convicción generalizada que se va cargada de vergüenzas por su entrega al morenismo. Pero se asegura, incluso entre sus colaboradores, que tendrá mucho con qué sobrellevar la indignidad… La reunión de ayer de la presidenta con su gabinete, fue porque… ¿ya?

