Yásnaya es el nombre de una mexicana excepcional.

Yásnaya, nombre ruso legendario, como la finca rural la Yásnaya Poliana, donde nació y murió León Tolstoi, donde fueron escritas Anna Karenina y la Guerra y la Paz.

Luego de su formación universitaria como lingüista en Letras Hispánicas, Yásnaya Elena Aguilar voló al estudio gramatical de su lengua materna, el mixe alto del sur o ayuujk, y a la reflexión y al debate con antropólogos, juristas, filósofos y politólogos, sobre el derecho de las lenguas y los pueblos originario a la supervivencia.

En un contexto de violencia estructural contra los pueblos y comunidades defensoras de su territorio, en un país en el que el español aparece como el habla superior las 375 lenguas o más pertenecientes a 68 sistemas lingüísticos, Yásnaya fue creciendo políticamente con la sencillez y una cierta grandeza que desde muy joven le acompañaron.

“Bueno, cuando estaba en Texcoco —escribiría— trabajaba en un puesto que vendía gorras y, también recuerdo mucho, relojes, y podía yo cambiar las pilas de los relojes y los pernos. Después fui becaria en algunos proyectos de investigación. Trabajé en el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas durante nueve meses. También trabajé en el Instituto Nacional para la Educación para los Adultos, para desarrollar contenidos gramaticales en libros de texto para enseñar adultos en lenguas indígenas. Participé en un proyecto de documentación de lenguas en riesgo con Elena Ibáñez, en proyectos de documentación del mixe. Después me regresé a Oaxaca, a la ciudad, y ahí trabajé en la Biblioteca de investigación Juan de Córdova, una biblioteca especializada, un acervo de lenguas y culturas indígenas. Ahí me encargaba de la parte del desarrollo cultural. Después de eso, pues más bien me he dedicado a escribir y a dar talleres, así como más freelance” (Manifiestos sobre la diversidad lingüística, México, Almadía, p.19)

Autora de diversas obras orientadas a partir de la premisa de que “lo lingüístico es político”, Yás, como la nombra con gran afecto y reconocimiento la parvada de los amigos de su generación, activista contra la discriminación de las lenguas indígenas, tiene también una notable trayectoria en las causas de género. A mediados de 2017, resistió, junto con un grupo de mujeres de su comunidad de origen (Ayutla, Oaxaca) enfrentó una emboscada de pistoleros y caciques responsables del despojo de tierras de los comuneros de San Pedro y San Pablo Ayutla.

El 19 de diciembre de 2013, esta mujer plena de candor y transparencia, concibió una carta a los Reyes Magos de partes de las lenguas indígenas. “Queridos Reyes Magos —comienza—: Este año nos hemos portado muy bien. ¡Qué va! Llevamos más de quinientos años portándonos muy bien a pesar de las circunstancias. Así que, bueno, comprenderán que nuestra lista es un poco demandante, pero confiamos en su generosidad. 1º Esperemos que el siguiente año todos los mexicanos sepan cómo nos llamamos, dónde vivimos y cómo nos escuchamos. 2º Tráenos paz para que podamos convivir a gusto con el español, esa lengua nos cae bien pero sospechamos que la obligan a empujarnos. Podemos compartir los juguetes y jugar con ella, por nosotras no hay problema. 3º Queremos que nos dejen ir a la escuela. Podemos llevar en nuestra mochila llena de curiosidades sonoras… (Manifiestos sobre la diversidad lingüística, México, Almadía, pp. 42-43.) y así prosigue la misiva, todo un pliego petitorio, muy distinto en la forma más que en el fondo de aquél pliego del Ejército Zapatista de Liberación Nacional que empujó, en enero de 1994, la incorporación constitucional de los derechos indígenas y la transformación del nuestro sistema político contemporáneo.

Yásnaya, la fuerza tranquila de un tiempo mexicano distinto e incierto para las causa indígena y de las mujeres que claman y claman por una justicia que se les niega.

Poeta e historiador. Director ejecutivo de Diplomacia Cultural en la SRE

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