Mario Molina y la emergencia climática

Emma Landeros Martínez

La humanidad entera se encuentra en un tiempo decisivo para afrontar con éxito uno de los problemas más grandes y graves del planeta: el cambio climático. A diario, en diferentes puntos de la geografía mundial, el mundo padece catástrofes producto del abandono de la problemática y las pocas soluciones efectivas por parte de los gobiernos para aminorar sus impactos. El ingeniero y premio Nobel de Química, José Mario Molina Pasquel y Henríquez, explica en entrevista con Entorno y Futuro lo desastrosas que pueden ser las consecuencias del cambio climático.

“Ya desde principios del siglo pasado la comunidad científica se preguntaba cómo funciona el clima del planeta y los científicos concluyeron que las actividades de la humanidad podrían cambiarlo. Si no tuviéramos una atmósfera, el clima sería mucho más frío. La temperatura sería de -18 grados centígrados y no habría evolucionado la vida, pero gracias a la presencia de la atmósfera y aún más a una pequeña cantidad de ciertos gases, la atmósfera funciona como una manta que calienta al planeta, eso explica por qué la temperatura promedio es de +15, en lugar de -18 grados centígrados.”

Empero, estos gases que hacen la función de una manta están aumentando en cantidades bastantes significativas, “porque se producen al quemar combustibles fósiles, a los cuales el clima es sensible. Desde el siglo pasado hasta principios de este, se sabía que es muy importante dejar de usar combustibles fósiles en algún momento, pero también que son muy importantes para la economía de los países, sobre todos aquellos industrializados. Hace aproximadamente tres años se empezaron a ver con bastante claridad distintos impactos del clima; originalmente se había pensado que serían importantes a fines del siglo, pero llegaron antes y además, lo que es nuevo para los científicos, estos impactos están interactuando entre ellos”, añade el doctor Molina.

El nuevo consenso, a decir del científico, es que ya no sólo está cambiando el clima, sino que ya vivimos una emergencia climática. “No es una emergencia como el coronavirus, que se debe solucionar este año o el siguiente, pero sí tenemos que tomar medidas muy serias esta década”. Explica que es relevante pensar en la importancia que tienen los combustibles fósiles y en las afectaciones que abonan al cambio climático, por lo que hay que tomar medidas drásticas. No obstante, dichas medidas se pueden tomar de tal manera que la economía no se afecte gravemente; si se hace bien y se trabaja de forma conjunta, en todo el planeta se logrará un desarrollo económico positivo.

Entre las consecuencias del cambio climático se observan lluvias muy intensas, pero también el derretimiento catastrófico de hielo en el Ártico. “En el verano se puede cruzar el Ártico en un crucero, lo que no se pudo hacer por cientos de miles de años y tenemos también sequías que están afectando la agricultura y la alimentación. Algunos países se ven tan afectados que se están provocando migraciones muy intensas”, comenta el doctor Molina. Además, señala que si no se toman las medidas adecuadas en esta década, podríamos experimentar cambios de temperatura muy drásticos, de 3 o 4 grados centígrados, que significarían un desastre para la humanidad.

“Sería una irresponsabilidad gigantesca dejarles a las próximas generaciones un clima en el que no podrían tener la calidad de vida que tenemos hoy”, indica el doctor Molina y recuerda que actualmente “ya está saliendo muy caro a toda la sociedad el cambio climático”. Agrega los incendios forestales en California como ejemplo de afectación por el cambio de clima, y explica que no se tiene certeza de si habrá otros desastres, pues el clima “es complicado”; sin embargo, sí tenemos la seguridad de lo que está sucediendo y podemos pensar que a futuro habría riesgos gigantescos.
 

Energía nuclear y electricidad

La ciencia puede indicar las consecuencias de la problemática, pero es la sociedad la que tiene que decidir; las decisiones no solamente deben basarse en la ciencia, sino también en cuestiones de responsabilidad social y de ética. El consenso al que ha llegado todo un grupo de economistas que trabaja con científicos es que sí es posible limitar el aumento de temperatura; por ahora, sólo es posible limitar ese incremento a 2 grados, explica, pero si se deja que suba a 3 o 4 grados comenzarán a observarse desastres.

“Para que la temperatura no continúe subiendo tendríamos que empezar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y detener su incremento al finalizar esta década, sobre todo las provenientes de la quema de combustibles fósiles, ya que causan aproximadamente las tres cuartas partes del problema. También hay que dejar de deforestar, esto es el resto del problema. Finalmente, hay que dejar de usar por completo los combustibles fósiles; lo cual es todo un reto, aunque sí es posible, de acuerdo con los economistas. La tecnología ya permite producir electricidad sin quemar combustibles fósiles y manejar todo el sistema de transporte sin ellos”, sentencia el científico.

Añade que la electricidad puede producirse con energías sustentables como el viento y el sol, aunque estas fuentes son intermitentes y todavía tienen problemas prácticos. No obstante, la energía nuclear, sobre todo la de nueva generación, ha demostrado que también puede funcionar estupendamente, no afecta el clima y está probada históricamente en países como Francia y Suecia, con mucha seguridad. “No estamos hablando de bombas nucleares, que por supuesto son peligrosas para la sociedad. También se continúa investigando para que las energías sean todavía más seguras y más baratas, no es una excusa que no sepamos por dónde caminar o a dónde dirigirnos. Con las energías existentes ya podríamos resolver el problema”.

Aunque a nivel mundial algunas empresas ya están usando energías renovables, muchas más todavía se mantienen resistentes y dependen de combustibles fósiles. Tras varias décadas de trabajar con las Naciones Unidas, en el llamado “Acuerdo de París” todos los países del planeta pactaron enfrentar de manera conjunta el cambio climático; pero actualmente no se están llevando a cabo esos compromisos con la claridad que se debería. A pesar de que se acordó evaluar la reducción de emisiones cada cinco años y este año debía realizarse esta medición, la pandemia por COVID-19 lo impidió y se pospuso un año.
 

Electricidad y energías renovables: el caso México

“En México, en administraciones pasadas, se acordó con la Comisión Federal de Electricidad dejar de usar combustóleo porque, además de caro, es basura que queda después de limpiar el petróleo que viene del subsuelo y es altamente contaminante. Tiene un impacto muy serio en la calidad del aire; una de las cosas que hemos hecho a través de los años es tratar de atacar simultáneamente el cambio climático y mejorar la calidad del aire, sobre todo con relación a las pequeñas partículas llamadas PM 2.5. Antes no se consideraban un problema importante en la Ciudad de México, pero logramos con nuestro trabajo que ahora sí se estén tratando de reducir y controlar. Esas partículas pequeñas causan un aumento significativo en la mortalidad de personas vulnerables”, comenta el doctor Molina y explica que penetran en los pulmones y causan todo tipo de problemas muy serios para la salud.

El doctor Molina menciona el caso de China, un país que producía tanta energía eléctrica a través del carbón que llevó a un gran crecimiento de su economía y a construir una planta nueva de carbón casi cada semana. Sin embargo, el carbón y el combustóleo tienen en común que son contaminantes y generan problemas de calidad en el aire. China redujo la producción de estas fábricas de electricidad de carbón precisamente para poder trabajar sobre la calidad del aire y el cambio climático.

“Aunque China aún emite muchos gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles, está dispuesto a trabajar con la comunidad científica internacional por el problema del cambio climático y, en un determinado momento, también a dejar de usar combustibles fósiles. Por ello están invirtiendo en camiones eléctricos, están haciendo programas para el futuro”.
 

La calidad del aire en la CDMX

Décadas después de que Los Ángeles —una de las ciudades más contaminadas del planeta— lograra mejorar su calidad del aire, la Ciudad de México la imitó y ha logrado mejorar la propia, pero todavía hay áreas de oportunidad para mejorarla más, afirma el doctor Molina. Anteriormente, explica, la Ciudad de México usaba gasolina con plomo. “Por fortuna el gobierno pudo prohibirla, ya los niños tenían plomo en la sangre.”

“También fue muy importante mejorar la calidad de los motores, tanto de gasolina como diesel, con convertidores catalíticos que reducen las emisiones de gases, por eso se prohibieron los automóviles de más de 20 años”. Añade que los autos viejos, si no cuentan con un convertidor catalítico, son mucho más contaminantes, aunque estén usando gasolina limpia. Sin embargo, si la gasolina no está lo suficientemente limpia, se estropean estos convertidores; por ello, es importante que el gobierno, de forma simultánea, requiera que la gasolina esté limpia y que los motores tengan convertidores catalíticos, de tal manera que no se emitan partículas dañinas para la salud.
 

¿Qué sucede con Monterrey?

Monterrey es una ciudad grande e industrial que también padece altos grados de contaminación y al parecer no ha avanzado en la mejora de la calidad de su aire. Sobre el tema, el doctor Molina explica que se ha recomendado obtener mediciones suficientemente amplias para saber de dónde viene la contaminación. “Parece ser que sí nos están haciendo caso. Ahora hay nuevos métodos de medición que pueden complementar a los tradicionales, muy caros.”

“Uno de los problemas serios de Monterrey es que tiene muchas industrias dentro de la ciudad, inclusive plantas que trabajan con combustibles fósiles, un ejemplo es Pemex; todas se deben modernizar para que no contaminen”. Monterrey necesita invertir en este problema, ya que —indica el científico— los costos de vivir con aire sucio en la ciudad son más altos. “Además, ya se tienen todas las tecnologías necesarias para limpiar. Es cuestión de tomar una decisión política y ejecutar las acciones necesarias”.


La pandemia y el medio ambiente

Aunque la pandemia por coronavirus ha reducido las emisiones de gases, esto será temporal, explica el doctor Molina, por lo que será necesario reducirlas mucho más para que realmente pueda verse un efecto positivo. “Esperamos que se resuelva el problema de la pandemia, pero tenemos que poner mayor empeño a reducir emisiones, para que la calidad del aire continúe mejorando. Ya se ha logrado algo a través de los años, pero hay que hacerlo cada vez con más fuerza y, en un futuro ya no tan lejano, tendremos que usar automóviles eléctricos.”

“Aunque ya se está trabajando con las emisiones de los camiones de pasajeros, todavía no con los camiones de carga, lo cual es un problema serio; deberían ser eléctricos, incluso los trenes que transportan material para la industria. México tiene que estar seguro de que puede usar ya las restricciones para emisiones de gases que se han implementado en Estados Unidos o en Europa. No hay que producir motores distintos, pero sí tenemos que asegurarnos de que el gobierno requiera que se produzcan los que tecnológicamente sean más factibles”, agrega.

“El transporte público tiene que ser más eficiente y menos contaminante. Además, pensado para que la gente pueda llegar al trabajo en poco tiempo, sin usar distintos transportes. Se puede mejorar mucho en el tema de urbanismo. Aunque ahora mismo se está planeando el uso de combustibles fósiles como si se fueran a seguir empleando hasta fines de siglo y eso es un grave error. Hay que empezar a limitar su uso y tener planes para que a mediados del siglo se eliminen”, añade.

El premio Nobel de Química envía un mensaje a los jóvenes e indica que es importante mejorar la educación, que no sea la misma impartida por muchos siglos, enfocada en memorizar, sino en entender las cosas; con esta nueva educación también se puede comunicar la responsabilidad social y la ciencia. “Los jóvenes —enfatiza— deben aprender a trabajar juntos para tener un impacto en la sociedad, como sucede en varios países de Europa, donde los estudiantes están haciendo grupos y expresándose. Cuando esos jóvenes estén gobernando en México, a lo mejor el clima habrá empeorado de tal manera que sea muy difícil su labor. A ellos les conviene que el gobierno ya empiece a tomar en cuenta su futuro, es parte de la responsabilidad social que tenemos todos”. Molina concluye que pueden buscarse reuniones con aquellos que toman decisiones dentro del gobierno. “Debe haber organización para comunicar que a los jóvenes sí les importa esta problemática y que observarán si el gobierno responde o no sobre el futuro que ellos tendrán”.

Artículo que saldrá publicado el 19 de octubre en la revista “Entorno y Futuro” del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tec de Monterrey.

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