Es un placer que nace de la incertidumbre el que se experimenta siguiendo al inspector Dolores Morales de Sergio Ramírez, premio Cervantes en 2017 y miembro de la Real Academia Española de la lengua, porque es un investigador atemperado que no recurre a la violencia en la resolución de los casos; no así doña Sofía, su compañera, que pone a cada sospechoso o sospechosa en su lugar sin miramientos. Usted lo podrá constatar en su reciente novela, La maldición de Ramfis, publicada por Alfaguara del grupo Penguin Random House, en España, en junio de 2026. Todo ocurre en el velero Sea Cloud detenido en aguas de Costa Rica donde hay un muerto, cuyas autoridades tienen conocimiento del caso, y es el intendente Oreamuno quien invita a los detectives nicaragüenses que viven exiliados en ese país, a participar.

La Fanny, novia de Morales, fallece después de que la echan de un hospital de primera clase porque el inspector se niega a una entrevista sobre las bondades del gobierno actual. Tribilín, un supuesto amigo, le pone la trampa en la que no cae. En Costa Rica, doña Sofía y Morales trabajan en un hotel de fin de semana. Una mañana aparece Oreamuno y se los lleva al barco que, por cierto, se ve del hotel, para que le ayuden en el esclarecimiento del caso. Los reciben el capitán Saltarín y el oficial Patterson que los auxiliará en todo momento. Este velero es alquilado por millonarios para celebrar fiestas y lo que haga falta. Viendo la lista de pasajeros encuentran que conocen a la mayoría ya que son nicaragüenses, incluyendo el occiso, un poderoso magnate con el que habían tenido contacto por asuntos de trabajo. Doña Sofía espera disfrutar los interrogatorios porque ambos fueron humillados por los ahora bajo sospecha.

Ramírez convierte el proceso de interrogación en un exquisito divertimento en que los detectives no dudan en poner de inmediato las cosas en su lugar. Soto, el muerto, es un millonario que alquila el servicio para celebrar su cumpleaños con unas cuantas personas, pero lo asesinan justo después de la primera cena a bordo. Mientras estaba vivo, llevaba un maletín atado a una muñeca que cobra importancia en la investigación. Manuelito, su sobrino y posible heredero, es el propietario del arma homicida y por tanto, el principal sospechoso, algo que el inspector Morales se toma con calma. Conversan también con el administrador Ardila, con su novia y demás viajeros. El velero está detenido, ¿saben por qué? Se dañó el sistema de navegación y tanto la reparación del desperfecto como los interrogatorios, se lleva todo el día.

El velero tiene una historia singular, misma que se conecta con el título de la novela. Ya lo verán. Señalo además, que Sergio Ramírez hace un homenaje a la señora Agatha Christie, que hace medio siglo cambió de dimensión. El chisme es que la Cachorra, novia de Ardila, con quien planea casarse, fue chica del inspector Morales y en algún momento lo mandó al demonio. En el barco hay un cargamento de champagne para la celebración que debe cuidar nada menos que Tribilín, del que la chica también tiene conocimiento. Bueno, no contaré más. Nunca ofendería a los lectores de EL UNIVERSAL que aman el misterio. Solamente les digo que hay una cadena de sorpresas cuidadosamente ubicadas que los detectives irán develando poco a poco, sin importarles que en este velero de lujo sólo les invitan un sándwich de una cocina llena de ricas viandas. Saludos y no olviden que leer es vivir.

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