La librería Carlos Fuentes se ubica en Guadalajara, en el centro cultural donde está la biblioteca Juan José Arreola. Además hay un teatro en el que un día escuchamos cantar a Plácido Domingo y a una soprano cuyo nombre tampoco recuerdo. Está bien porque quiero hablar de la librería, un espacio de dos niveles donde ninguna palabra es silenciosa, nadie se atreve a pedir la palabra y pobre de aquel que regale alguna. Imagine usted que alguien diera Región y sólo quedara La más transparente, ¿qué obra de Fuentes sería? ¿La muerte de Artemio Cruz? No. ¿Aura? Ni de cerca. ¿Entonces? Es una librería en la que hay que andar con cuidado.

La directora de la librería es Verónica Mendoza. Una mujer de ideas vibrantes e innovadoras que conseguirá que Carlos Fuentes sea embajador de nuevo. Ya se enterarán. Me agrada que para celebrar este octavo aniversario presentara varias posibilidades de la Lectura de libros; de tal manera que estuvimos desde un grupo de influencers promotores de lectura hasta Élmer Mendoza que para nada son polos opuestos. Mendoza sabe que leer es un súper poder y el estímulo que reciben los que visitan la Carlos Fuentes los convence de que los libros en casa contribuyen a la estabilidad emocional de la familia. Una biblioteca se inicia con un libro y todos fueron invitados a comenzar.

La noche que balacearon la casa de la doctora de mi barrio me llegó un mensaje de Manuel Vázquez donde me invitaba a participar en el festejo. ¿Creen que me iba a negar? Claro que no. Luego me contó que mi contacto se lo pasó Geovanni Osuna, un mazatleco que es un lector clavado e inteligente. ¿Qué tengo que hacer? Conversar sobre tu obra. Tendremos birria, tortas ahogadas y tequila. Qué cosa es eso de la identidad. Agregó que los del Atlas andaban de vacaciones pero que los Charros podrían darle la revancha a los Tomateros y él conseguiría los boletos. La verdad es que pocas veces me invitan a un lugar con una mesa tan bien servida.

Esa tarde la librería era un hervidero. Todas las salas para conferencias o reuniones estaban a tope. Se percibía el aroma del maestro Fuentes, el hombre que eligió a esa hermosa y esbelta mujer que le prestó su sombra cuando fue necesario. Atrapado en el bullicio me rescató Alberto Galarza, apodado Rojo, el hombre que conduciría la conversación en una sala de la segunda planta. Rápidamente nos instalamos ante el público que colmaba el lugar. Ya saben, uno puede ocultar la emoción pero no lo hace. Galarza compartió algunos momentos de mi vida y varios aspectos de mi obra. Argumentó con mucha claridad sin desdeñar su experiencia de maestro en la UdeG. Traté de dar respuestas interesantes, que el público apreciara mis libros, mis ideas de cómo desarrollar una novela y la poderosa influencia que tiene la realidad en mis libros. Es imposible defender una ciudad donde balacean a la doctora del barrio, esa mujer que abandona su lecho para atender a quien la necesite. El Rojo percibía qué quería saber el público y pude responder sin problemas. Desde luego que tocamos La sirena y el jubilado, mi novela más reciente, que devela el grave problema de la violencia contra las mujeres de nuestro tiempo. Fue una charla muy interesante donde homenajeamos a la librería con un brindis de esos que se llaman Hidalgos. Amigos y amigas, celebren que una librería cumple ocho años. No ocurre con frecuencia. Si la visitan, seguro encuentran lo que buscan. Abrazos.

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