Ana Clavel estudió Letras Hispánicas en la UNAM y en la literatura mexicana ha enriquecido el universo del deseo con varias novelas oportunas. “El deseo construye y reconstruye sus palacios de la memoria”, asegura la autora de la novela Autobiografía de la piel, publicada por Alfaguara del grupo Penguin Random House, en México en enero de 2025. Dicen que la piel es el órgano más grande del cuerpo humano; además, según Ana Clavel es el sitio donde empieza el viaje hacia sí misma, sí mismo. El acceso a la gama de emociones que nos hacen pensar que vale la pena vivir y que nuestra época es la mejor. También cuestiona, “¿Por qué la gente se obstina en deshacer sus sueños en vez de habitarlos? Buena pregunta, ¿no les parece?

La novela está narrada a dos voces que se dan la palabra, se respetan, se complementan y jamás se enciman o contradicen. Por un lado tenemos una piel que tiene mucho que contar y la narradora que comparte momentos y experiencias que no puede resistir. En esta novela no hay silencios. La piel de una niña de tres años experimenta que la piel del padre es acariciante. Cálida y capaz de provocar sensaciones desconocidas que con los años encontrarán su nombre y algunas experiencias similares y más significativas. Por ejemplo, abreva en los diarios de Anaïs Nin, que descubrió parte de sí mismo viviendo una experiencia muy especial con su padre. Con un estilo suave y directo, Ana Clavel explora el proceso íntimo de una piel atrevida mientras el cuerpo que protege se va desarrollando. “La piel es nuestra memoria del paraíso”, afirma, y no creo que usted cuestione demasiado esta verdad.

El padre muere pronto, pero la piel lo recordará constantemente. Será un referente muy poderoso en el futuro sexual de su dueña, que pronto empezará a subir su escalera ledzepelina con una visión amplia entre el placer y su vocación de escritora sin omitir su “poética del deseo”. Cada capítulo es una puerta a una visión del mundo en que el juego tiene el nombre que usted guarda sobre su almohada. Clavel sabe que comparte territorio narrativo con gente de letras y artistas de otras disciplinas. Con generosidad, cita nombres queridos como el de Myriam Moscona y Andrés Newman que también mantienen relación con el universo del deseo y la confesión como postura estética. Donde la autora reconoce que, “tener deseo… es parte de la pureza misma: sin frenos, sin reglas, sin mandamientos”, y como a ustedes les consta, la búsqueda y práctica de la pureza es lo que el mundo necesita para ser perfecto.

En muchas páginas de esta autobiografía, la autora cuenta las rutas que la llevaron a descubrir puntos nodales en la escritura de varias de sus novelas. Advertimos que muchas de sus decisiones las tomó a partir de sí misma. De sus conceptos del placer y lo potentes que son los deseos en los seres humanos de esta época. Señala también el enorme placer que le provoca ser considerada una autora de novelas eróticas donde los juegos entre pieles es infinito. Mientras usted lee es posible que piense que los nombres de la ternura son infinitos, aunque el amor sólo tenga uno en el que cabemos miles de millones de seres que se abrazan y dejan que sus pieles tomen la palabra. Lectoras y lectores de EL UNIVERSAL, piérdanse en esta Autobiografía de la piel y si perciben un incendio, no se muevan, porque son ustedes en un mundo de caramelos, convencidos de que tanto los deseos como los sueños, se habitan. Ya me contarán.

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