El pasado 8 de septiembre se publicaron los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA 2025), prueba que la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) aplica desde el año 2000 cada tres años para medir las competencias esenciales de jóvenes de 15 años en Matemáticas, Lectura y Ciencias. En México, aproximadamente tres de cada cuatro estudiantes de esta edad cursan el primer año de bachillerato, mientras que el 25% restante cursa el tercero de secundaria. PISA no evalúa los contenidos de planes y programas de estudio en particular, sino la capacidad para comprender y resolver problemas reales en un mundo globalizado y tecnificado. Sus datos son vitales para cualquier nación, como México, porque permiten: 1) evaluar si el Sistema Educativo Nacional (SEN) garantiza los aprendizajes fundamentales que permiten desarrollar el pensamiento crítico y una ciudadanía plena; 2) comparar objetivamente la evolución histórica y el avance frente a otros países; y 3) contar con evidencia sólida para corregir el rumbo educativo, reorientar recursos financieros y escolares, y aplicar políticas pedagógicas efectivas.

A ocho años de que Morena asumió el poder e instrumentó la Nueva Escuela Mexicana (NEM) —modelo que alteró los currículos, cambió los libros de texto y extinguió al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE)—, resulta obligado hacer un balance de los resultados educativos acumulados de 2018 a la fecha. Los datos arrojan un deterioro importante en el aprendizaje. En Matemáticas, la caída fue drástica: una pérdida de 21 puntos (pasando de 409 a 388). Si en 2018 el 56% de los alumnos carecía de las habilidades matemáticas básicas, en la medición actual la cifra escaló al 70%. En Comprensión Lectora, el puntaje descendió 12 puntos (de 420 a 408), elevando la proporción de estudiantes sin competencias esenciales de comprensión lectora de 45% a 52%. Finalmente, en Ciencias, los resultados se ubicaron en 414 puntos, dejando a la mitad de la población escolarizada incapaz de comprender conceptos científicos elementales.

Al comparar a México con el promedio de la OCDE, la brecha es alarmante: -75 puntos en Matemáticas (equivalente a tres grados escolares de rezago), -53 en Lectura (dos grados escolares) y -68 en Ciencias (más de dos grados). Incluso al contrastar con nuestros pares latinoamericanos, el balance es desfavorable: Chile y Uruguay superan holgadamente a México en las tres asignaturas, mientras que nuestro país apenas empata o supera de forma marginal a Colombia y Brasil.

Por otro lado, las brechas de aprendizaje de acuerdo con el nivel socioeconómico y cultural de los estudiantes se mantienen estables a lo largo de estos años: en Ciencias, el 25% de los estudiantes más favorecidos superan a sus pares más desfavorecidos por 68 puntos, lo que equivale a cerca de dos grados de escolaridad. La brecha es menor que la del promedio de la OCDE (85 puntos). Sin embargo, esta menor distancia se debe a que el rendimiento general del grupo más favorecido en México continúa estando sensiblemente muy por debajo de los promedios internacionales

Los datos revelan que la política educativa de la 4T no solo ha provocado un estancamiento, sino una regresión histórica en los aprendizajes, que estructuralmente han sido el “talón de Aquiles” de la educación mexicana. Dado que los jóvenes evaluados hicieron su trayectoria escolar bajo los principios de la NEM, se puede afirmar sin rodeos que este proyecto curricular ha fracasado, comprometiendo de manera irresponsable el futuro de varias generaciones de niños y jóvenes. Por ello, resulta inaceptable la postura de la Subsecretaría de Educación Básica al intentar descalificar a PISA argumentando que sus resultados "no son representativos" de México. Ignorar la evidencia estadística no borra las carencias del aula, ni sus bajos resultados de aprendizaje. Aunque es un paso positivo el anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la revisión y reimpresión de los Libros de Texto Gratuitos para corregir los errores conceptuales del diseño previo, la solución no puede ser cosmética.

Los datos de PISA demandan un viraje de 180 grados. La NEM debe ser reestructurada de fondo para devolver el protagonismo al dominio básico de la lectura, las matemáticas y la ciencia; a la formación docente y a la evaluación sistemática del aprendizaje. La educación no se rescata con discursos políticos, sino con presupuesto, calidad y compromiso pedagógico. Una “república científica” no se puede construir con una mala educación, donde 7 de 10 estudiantes carezca de las competencias matemáticas básicas, y la mitad no comprenda ni lo que lee ni los conceptos esenciales de la ciencia.

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A. C.

@EduardoBackhoff

TEMAS RELACIONADOS