En no pocas ocasiones escucho comentarios que sugieren que Medio Oriente está muy lejos de nuestro país y que, por lo tanto, sus efectos no nos alcanzan. En el mundo globalizado en que vivimos casi cualquier evento tiene consecuencias que impactan al mundo entero. Es cuestión de tiempo para que los efectos se noten. De hecho, en algunos casos ya está ocurriendo, pero las cosas podrían ser peores y el efecto se reflejará en incremento en precios de alimentos y bienes comercializables internacionalmente.
No es concebible que el mundo actual funcione sin energéticos. Seguimos dependiendo enormemente de hidrocarburos y electricidad. Incluso ésta última en gran medida se genera a través de la quema de los primeros; en el mundo no hemos avanzado suficientemente rápido como para que la electricidad generada sea limpia o renovable y faltan muchos años para lograr la descarbonización del sector.
La contracción de la oferta internacional de hidrocarburos tiene un impacto directo en el precio de gasolinas, combustóleo y otros energéticos que alimentan a la industria y transporte. Este solo hecho provoca que como insumo de la producción tarde o temprano se refleje en el costo, consecuentemente en el precio, de los bienes producidos por la industria.
El transporte de los productos es parte del otro impacto de la contracción de la oferta: la logística se encarece, por lo que el traslado de los productos de toda la cadena de valor se hace más costosa. Más temprano que tarde tendremos un impacto notorio en el precio al consumidor final de los bienes que, para comercializarse, deben transportarse. Esto es particularmente grave si el traslado del producto o de la materia prima necesaria para producirlo es internacional.
El sector agrícola hay un doble impacto: por un lado, el costo de los fertilizantes elaborados con hidrocarburos será mayor. A esto se suma el incremento en el costo del combustible requerido para el funcionamiento de tractores y otra maquinaria utilizada en el campo. En pocas palabras, el sector agrícola internacional enfrenta un encarecimiento de los insumos. Esto se traduce, o lo hará, en un mayor precio al consumidor final de los productos agrícolas.
Estos son algunos costos internacionales que impone el conflicto de Medio Oriente. Muchos estamos lejos y no intervenimos a favor ni en contra de ninguno de los bandos, pero todos pagamos las consecuencias a través del encarecimiento de los bienes de consumo final. Eso es lo perverso de este conflicto y una razón por las que debe terminar lo antes posible.
La seguridad pública es uno de los grandes pendientes de la agenda nacional. Si como mexicanos, y esto nos incluye a todos: sociedad civil, los tres poderes y empresarios, no hacemos nada por abatir la corrupción e inseguridad, no deberá sorprendernos que se tengan episodios cada vez frecuentes de presencia de inteligencia norteamericana trabajando en nuestro país. Puede gustarnos o no, en lo personal me disgusta, pero la realidad es que están haciendo el trabajo que nosotros no hemos hecho.
Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM.

