El mundo se enfrenta a retos significativos, en medio de la escalada del conflicto en países de Medio Oriente. Hemos sido testigos de cómo el precio del petróleo ha alcanzado niveles récord, lo que ha llevado a que países externos enfrenten precios ya casi inaccesibles para su población. También hemos sido testigos directos de cómo México ha conseguido mantener la estabilidad de los precios sin recurrir a los temidos y, en la época neoliberal tan socorridos, gasolinazos. Esta hazaña, porque lo es, es en gran parte atribuible a los estímulos que la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido en el IEPS, un esfuerzo que ha sido posible gracias a las bases de soberanía energética que nos heredó el presidente Andrés Manuel López Obrador, que fue criticado, señalado y hasta juzgado por sus —para algunos del PRI y PAN— necias ideas, esas que hoy vemos que, lejos de ser una necedad, se trataron de un plan milimétricamente trazado de soberanía.

Cuando AMLO ejecutó los ejes del gobierno de la Cuarta Transformación, contempló el rescate y saneamiento de un sector energético que se encontraba en franco abandono, casi en ruinas. Las seis refinerías con las que contaba nuestro país, recordemos que durante el periodo neoliberal se dejaron de hacer refinerías y la última construcción fue en 1970, operaban a tan solo 32% de su capacidad, lo que nos obligaba a depender del exterior; se llegó a importar más del 75% de la gasolina que consumíamos; los tecnócratas corruptos tanto del PRI como del PAN, vivían en el engaño y queriéndonos hacer creer que era mejor, así como la metáfora que decía AMLO de que teniendo el árbol de naranjas, vendíamos las naranjas para terminar comprándoles jugo, o sea México exportaba petróleo crudo e importaba gasolinas refinadas a mayor precio.

Entre las conquistas energéticas que hoy nos permiten esta holgura y cierto confort, está la construcción, no, no de una barda, sino de la Refinería Olmeca en Dos Bocas, un proyecto ambicioso con el que se busca, claro que aumentar la producción de combustibles, pero también generar empleo y desarrollo; dicho sea de paso, obtuvo el Premio Internacional a la Excelencia en Proyectos 2025, en Alemania, que resalta la eficiencia y planeación de la obra y le reconoce como uno de los mejores megaproyectos de infraestructura del mundo. Se adquirió Deer Park en Texas, comprándosela a Shell, que ha sido un paso clave en la consolidación de nuestra capacidad de refinación, permitiéndonos ser menos dependientes de combustibles importados. Esta compra fue pagándose sin deuda, solo con ahorros y utilidades y terminándose de pagar en pocos meses de haberse cerrado el trato; esta expansión en la capacidad de producción de refinados en el sistema nacional es fundamental para blindar la autosuficiencia energética de nuestro país y para fortalecerlo ante las fluctuaciones del mercado internacional.

A pesar de este panorama tan esperanzador, los resultados son contundentes al respecto: duplicamos la producción, pasando de producir en 2018, 600 mil barriles diarios, a hoy producir más de 1 millón 200 mil, esfuerzo que nos coloca a un paso de alcanzar la anhelada autosuficiencia energética. La oposición lanza ataques sistemáticos, haciendo gala de su ignorancia, entreguismo y profundo desprecio por el potencial del petróleo en la actualidad; recordemos a muchos de ellos incluso afirmando que el petróleo es “cosa del pasado”, ataques que no podrían estar más alejados de la realidad.

Hoy observamos con optimismo que el petróleo y la consolidación de nuestra independencia energética no solo es un logro político de la 4ta. transformación, sino también un testimonio del esfuerzo colectivo por construir un futuro más próspero y una señal de que México está más fuerte que nunca.

Maestra en Derecho Constitucional y Derechos Humanos

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