La longevidad ha aumentado progresivamente a lo largo de la historia de la humanidad. En épocas del Imperio Romano, la esperanza de vida al nacer rondaba los 25 años; en la Edad Media, esta alcanzó los 33 años; y para principios del siglo XX, ya se había elevado a los 55 años, gracias a los avances en medicina, saneamiento, nutrición, vacunas, antibióticos y tecnología médica.1,2
Hoy, en la era de la nueva longevidad, el desafío ya no es solo vivir más años, sino garantizar que esos años adicionales se vivan con salud, funcionalidad, productividad y propósito. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la esperanza de vida global aumentó más de seis años entre 2000 y 2019, alcanzando un promedio de 73 años antes de la pandemia. Y aunque existen diferencias importantes entre regiones y países, la tendencia de largo plazo es clara: las personas vivirán cada vez más años.3
Esta transformación representa uno de los cambios sociales, económicos y sanitarios más importantes del siglo XXI. Tradicionalmente, asociábamos la longevidad con los adultos mayores. Sin embargo, el verdadero impacto de este fenómeno comenzará mucho antes. Las próximas generaciones probablemente tendrán trayectorias profesionales más largas, enfrentarán múltiples procesos de reconversión laboral y deberán cuidar su salud durante más tiempo que cualquier generación anterior. Esto obliga a replantear muchas de nuestras ideas sobre educación, trabajo, bienestar y sistemas de salud.
En el ámbito laboral, en las empresas convivirán simultáneamente hasta cuatro o cinco generaciones diferentes, lo que requerirá de nuevos modelos de liderazgo, así como de programas de capacitación continua, de bienestar integral, de desarrollo profesional y nuevos beneficios adaptados a esta nueva longevidad.
Este fenómeno plantea además un desafío mayúsculo para sostenibilidad de los sistemas de salud y para el sector farmacéutico. El aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas –cardiovasculares, diabetes, cáncer y enfermedades neurodegenerativas– generará también una mayor demanda de innovaciones terapéuticas, así como nuevas soluciones preventivas y de medicina personalizada.
Por citar un ejemplo, se prevé que para el año 2045, el número total de personas con diabetes aumente hasta superar los 783 millones. Es fundamental impulsar cambios en el estilo de vida, así como la detección temprana de este padecimiento, ya que se estima que, a nivel mundial, hasta 240 millones de personas, casi la mitad de todas las personas de entre 20 y 79 años con diabetes, desconocen su diagnóstico.4
Por otra parte, surge otro tema importante relacionado con la nueva longevidad: la salud mental como prioridad crítica, especialmente entre las nuevas generaciones expuestas a entornos hiperconectados. La OMS estima que uno de cada siete adolescentes vive con algún trastorno mental como la ansiedad o la depresión, que se han convertido en una de las principales causas de discapacidad entre jóvenes. En este sentido, las empresas deben liderar soluciones integradas que aborden el bienestar físico, emocional, social y digital.
La prevención desde edades tempranas, promover diagnósticos oportunos y fortalecer la educación en salud será tan importante como desarrollar nuevas tecnologías o tratamientos innovadores. Vivir más años solo genera valor si se reduce la carga de enfermedades prevenibles y se mejora la calidad de vida.
La buena noticia es que contamos con herramientas sin precedentes para enfrentar estos desafíos. Nuevas tecnologías, (como la Inteligencia Artificial, la medicina de precisión, los biomarcadores o las innovaciones terapéuticas) ofrecen herramientas sin precedentes para prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades de manera cada vez más personalizada, pero no bastan por sí solas. Se requiere también de de una visión integral, donde gobiernos, sistemas de salud, empresas farmacéuticas, instituciones educativas y el sector privado actuén de manera coordinada.
Las compañías que lideren esta agenda, mediante inversión en I+D, modelos de acceso asequible, asociaciones estratégicas y programas de responsabilidad social, no solo contribuirán al bien común, sino que capturarán un importante valor económico a través de la llamada “silver economy” o economía plateada –es decir, el conjunto de productos, servicios y actividades económicas enfocadas en satisfacer las necesidades y el poder adquisitivo de los adultos mayores de 50 años.
La longevidad es sin duda uno de los mayores logros de nuestra era. Pero también es una invitación a repensar cómo queremos vivir esos años adicionales. Para las organizaciones y en particular para la industria farmacéutica, representa además un llamado a liderar con innovación, visión estrátegica y propósito.
Director General de Merck México
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