Dice Tancredi Falconeri, el personaje de El Gatopardo: “Si queremos que todo siga igual, todo tiene que cambiar”. Así que llegó la Cuarta Transformación y henos aquí, en su segundo piso pintado de morado y ajolotes, mirando que, por ejemplo, la homofobia de las instituciones culturales continúa, pero transformada... En el reportaje de Omar Armando Alonso titulado “Cine LGBT mexicano, los retos ante la autocensura y la exclusión” publicado en el suplemento Confabulario de ayer domingo, varios cineastas expusieron cómo se ejecuta hoy la discriminación y exclusión institucional y comercial a través de “sugerencias o recomendaciones” para que en sus proyectos fílmicos modifiquen sus propuestas cinematográficas, por ejemplo, bajándole de intensidad al homoerotismo en sus contenidos. Habla el laureado cineasta Julián Hernández sobre un proyecto suyo recién rechazado en el programa de Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Eficine): “Hace poco recibí el dictamen de un corto que me rechazaron. La historia tenía una fuerte carga erótica, por lo que me ‘sugirieron’ revalorar aspectos que pudieran ‘dificultar su recepción’. Esto es una homofobia interiorizada y latente que está encubierta por el anonimato de los jurados y la elección de los proyectos”. ¿Quiénes fueron los censores de la propuesta cinematográfica de quien es uno de los directores de películas de la diversidad sexual más importantes de América Latina? Ni siquiera Julián Hernández lo sabe porque los consejos de evaluación de los Eficine son secretos. Así que las modificaciones en la mecánica de la selección de los consejos de evaluación que se han dado en los presuntos años progre recientes, como insacular a los integrantes para que haya paridad de género en los consejos, etc, hoy tienen como resultado lo de siempre: discriminación a la diversidad sexual con limitaciones puritanas a la libertad creativa. Hombres y mujeres representantes de la mayoría de la comunidad cinematográfica, hacen recomendaciones de recato, prudencia y discreción a la obra de un reconocido artista que forma parte de una minoría. Y si no, pues no hay acceso al apoyo. Las consecuencias de esto, el propio Julián Hernández las explica: “En los últimos años han surgido barreras que limitan todo lo que hemos logrado. Mis guiones suelen ser explícitos porque es necesario para los actores, para la claridad sobre el trabajo de interacción. Nunca tuve problemas con ello. Ahora he reconsiderado estos aspectos debido a los apoyos…” Uf. Esperemos que Julián Hernández no ceda a la presión institucional de la autocensura. E IMCINE tendría que explicar cosas ante la comunidad LGBT del país. (Escríbanos a columnacrimenycastigo@gmail.com)
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