Han transcurrido 40 días desde que el 4 de junio, la secretaria de Cultura de la Ciudad de México, Ana Francis Mor, sacudió a la comunidad artística al anunciar el nacimiento de la Casa de las Palabras y con ello la desaparición de la Casa del Poeta Ramón López Velarde y, así, el nacimiento de una “nueva identidad” que incluía el primer cabaret público de la Ciudad de México. Ante las protestas, la funcionaria se vio orillada a recular, destituyó al director que había nombrado al frente de la casa —que era de su comunidad cabaretera— y canceló toda actividad cultural en el recinto. Decisiones bien recibidas por la comunidad artística, pero que han llevado al silencio y al ostracismo cultural de la Casa del Poeta. Lo define bien el Comité de Defensa del recinto, Ana Francis Mor ha aplicado una “táctica dilatoria”, basada en el menosprecio institucional y destinada a desactivar la protesta, pero al parecer también a la propia Casa del Poeta que lleva más de un mes sin un solo acto poético, a la espera, ahora de convertirse en un “Centro Generador” de la Secretaría de Cultura de la CDMX, una figura administrativa que suena muy lejana al ámbito cultural.
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