Por Octavio Aburto
Esta semana tuve la oportunidad de estar presente en el Foro U.S.-MEXICO, del Centro para estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California, San Diego. Ahí en el Club de Industriales de la Ciudad de México, presencié una discusión profunda y necesaria sobre el presente y el futuro ambiental de nuestro país.
El diálogo se llevó a cabo entre la Secretaria del Medio Ambiente, Alicia Barcena, y el empresario Agustin Coppel. Ambos tienen una trayectoria impresionante y excepcional; pero al mismo tiempo, un diálogo entre personajes que representan sectores que pocas veces se hablan y se ponen de acuerdo para llevar a cabo acciones de gran calado.
Fue una conversación honesta donde se reconocieron los enormes rezagos, pero también se trazó una ruta que, de seguirse con rigor, podría marcar un punto de inflexión para nuestra país y la naturaleza en general.
Como biólogo y fotógrafo que ha dedicado su vida a documentar la riqueza natural de México, salí de este encuentro entusiasmado, pues uno de los aspectos más destacables de la charla fue la visión pragmática sobre la transición energética y productiva del país. Por ejemplo, resulta alentador escuchar desde la Secretaría de Medio Ambiente que existe un vínculo activo con la Secretaría de Economía para dejar de importar camiones de alto impacto que operan como "chatarra con ruedas" y, en su lugar, transitar hacia un autotransporte más limpio y fabricado en México.
Asimismo, se expusieron algunas metas el gobierno ha establecido, como alcanzar un 38% de producción de energías renovables para 2030 y un 45% para 2035. También se percibe un esfuerzo objetivo por aplicar la ley sin distinciones, sancionando tanto a empresas privadas como a paraestatales, como ha ocurrido con las emisiones de Pemex en Cadereyta y los incidentes en plataformas del Golfo de México.
En la platica, se abordó la titánica, pero indispensable, tarea de sanear tres cuerpos de agua críticos: los ríos Lerma-Santiago, Atoyac y Tula, dejando de verlos como basureros para transformarlos en espacios de vida mediante plantas de tratamiento y humedales naturales.
Sin embargo, para quienes nuestra vocación está ligada al mar, el enfoque en nuestros océanos y costas fue el aspecto más revelador y fundamental de la jornada. México posee una de las mayores riquezas marinas del planeta, y protegerla no es solo un deber ecológico, sino una estrategia de supervivencia económica.
Para poner un poco de contexto, nuestro país cuenta con 70 millones de hectáreas protegidas en zonas marino-costeras e insulares. En la conversación se reconoció el valor incalculable del Golfo de California —el "acuario del mundo"—, que alberga más de 900 especies de peces, ballenas, tiburones y arrecifes de coral. El reto es que la inevitable presión de los desarrollos turísticos logre convivir con la conservación de esta belleza única.
Aplaudo que se estén buscando soluciones proactivas a crisis actuales. Por ejemplo, frente al desastre ecológico y turístico que representa el sargazo en Quintana Roo, la propuesta de crear un parque de economía circular en Puerto Morelos muestra un enfoque que transforma un problema en una oportunidad.
De igual forma, me llenó de esperanza escuchar la prioridad absoluta que se le está dando a la protección de los 58 sitios de anidación de tortugas marinas en el Golfo de México, con especial atención a la tortuga lora en Tamaulipas, una especie endémica que depende enteramente de nuestras costas entre abril y septiembre.
Además, la mención al programa nacional de repoblación "Prosperidad Marina" nos recuerda que no basta con dejar de dañar; es necesario restaurar activamente lo que hemos perdido.
Todo esto me lleva a plantear algunas preguntas como invitaciones a la imaginación y a la acción colectiva: ¿Qué pasaría si logramos consolidar un modelo donde el desarrollo turístico sea el primer guardián de nuestros arrecifes y manglares? ¿Podemos convertir el programa "Prosperidad Marina" en un referente mundial de cómo las comunidades y el gobierno repueblan juntos sus litorales? ¿Y si no solo alcanzamos —sino superamos— esa gran meta internacional de proteger el 30% de nuestro territorio y mares para el año 2030, integrando corredores biológicos y áreas de conservación voluntarias de la sociedad civil?
Desde mi perspectiva, el trabajo del gobierno muestra avances institucionales y un entendimiento claro de los problemas, pero el éxito no dependerá de una sola secretaría. La expectativa es alta y las cosas definitivamente pueden hacerse mejor. Requerimos que la iniciativa privada, la academia y los ciudadanos nos sumemos a esta ola. Si logramos esta "prosperidad compartida" en la conservación y la economía circular, dejaremos a las futuras generaciones el México hermoso, vivo y próspero que merecemos todos. El rumbo está marcado; ahora, rememos todos en la misma dirección.
Investigador el Instituto Oceanográfico Scripps de la UCSD y colaborador especial para Celsius Media.
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