Por: Carlos Santillán Doherty

Coordinador del Comité Técnico de Planeación

Colegio de Ingenieros Civiles de México

Para la mayoría de nosotros, la palabra "infraestructura" evoca imágenes de obras interminables, tráfico pesado o listones cortados en inauguraciones. Sin embargo, para quienes dedicamos la vida a planearla, la infraestructura es algo mucho más profundo: es una actividad tractora que reduce desigualdades, garantiza derechos básicos como el agua o la salud, y dota a nuestro país de la competitividad sostenible necesaria para no quedarnos rezagados en el escenario global.

Hoy, México se encuentra ante una oportunidad histórica. La reciente aprobación de la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar (LFIIEDB) representa, en términos futboleros, un "pase a gol" que no podemos darnos el lujo de fallar. Pero, ¿qué se necesita para que este balón realmente cruce la línea de meta y se traduzca en una mejor calidad de vida para todos?

La "media naranja" de la inversión

El Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM) ha sido enfático: para cerrar las brechas históricas que padecemos, México necesita invertir anualmente al menos el 5% de su Producto Interno Bruto (PIB) en infraestructura. Actualmente, la inversión pública ha sido errática y a menudo insuficiente para alcanzar esta meta por sí sola (ver Figura 1).

Aquí es donde entra la inversión privada como la "media naranja" indispensable. La nueva Ley es, posiblemente, la mejor apuesta que tenemos a la vista para fomentar esta participación. No obstante, nos enfrentamos a un fantasma recurrente: la "falta de certidumbre" que se reclama (a veces con base, a veces no tanto, si se observa el desempeño a lo largo de los últimos 30 años, en los que, para algunos sí hubo incertidumbre, pero en los hechos tampoco hubo inversión suficiente). Y es que la certidumbre no es un regalo que uno recibe sentado; es un clima que se construye activamente entre las partes y esto solo se da si hay voluntad.

Primero comprender, luego ser comprendidos: primer paso hacia la certidumbre

Para avanzar, debemos aplicar lo que Stephen Covey llamaba el hábito de "procurar primero comprender y, después, ser comprendidos". El sector público actual viene de una visión humanista que busca revertir décadas donde la riqueza se concentró en unos pocos mientras el nivel de vida de la mayoría se precarizaba1. Por su parte, el sector privado —compuesto en su gran mayoría por PYMES y MIPYMES, y no solo por grandes capitales— con una realidad que nada tiene que ver con la de los grandes corporativos, no sólo no ha visto crecer sustancialmente la inversión en infraestructura, si no que ha operado en un impasse técnico debido al adelgazamiento de las capacidades en las secretarías de Estado, no importa el período, producto del cual no hay capacidad para hacer más, aunque la demanda y la oferta para ejecutar estén en el país, independientemente que estén en el sector privado o no.

Necesitamos madurar como sociedad y dejar atrás la desconfianza mutua y el ambiente de confrontación de suma cero que nos imponemos por pensar en intereses de grupo y no en el país. La buena noticia, a mi parecer, es que la nueva Ley tiene la virtud de recoger inquietudes técnicas que hemos discutido ampliamente en foros especializados, entre nosotros y con el gobierno, y uno de sus aciertos es que integra finalmente una Base de Datos Nacional de Infraestructura Estratégica. Esta herramienta es fundamental; como sugieren los Premios Nobel de Economía Esther Duflo y Abhijit Banerjee, pues las políticas públicas deben basarse en hechos verificables y datos, normalizando lo que funciona y desechando lo que no; no es cosa de ideologías. Centralizar la información permitirá un seguimiento real y una mitigación de riesgos que antes estaban fragmentados. La certidumbre se finca en hechos objetivos.

El reto de la planeación: ¿Filtrar o diseñar?

Sin embargo, hay una debilidad en la Ley que me parece que hay que abordar con urgencia: el proceso de planeación mismo. Aunque la Ley crea un Consejo de Planeación Estratégica, en la práctica esta estructura funciona más como una instancia de filtrado entre "Proyectos Elegibles" y "Procedentes" para evitar manejos patrimonialistas. Esto es bueno, pero eso quiere decir que hay que remitirse a los ámbitos donde se haga la planeación, para que, bajo metodologías probadas, se presenten proyectos correctos, con mayores probabilidades de hacerse correctamente. La Ley de Planeación, que es en sí donde seguirá ocurriendo la planeación, no es la mejor; sin una metodología establecida, no es precisamente lo que se necesita para planear infraestructura

Planear la infraestructura no es lo mismo que planear un país, en general. Exige estudios técnicos (incluyendo estudios sociales y medioambientales), exige también tiempo y costos que no siempre se respetan frente a las urgencias coyunturales. Debemos rescatar trabajos exhaustivos, como las recomendaciones que en su momento hicieron la propia SHCP y Banobras para fortalecer el Ciclo de Desarrollo de la Infraestructura, estandarizando metodologías y contratando y profesionalizando los recursos humanos que deben procesarlas; también debemos reservar presupuestos para esos fines: eso cuesta, pero cuesta más no contemplarlo.

Figura 2; fuente: elaboración propia

Conclusión: Un compromiso por México

No podemos permitir que el ambiente de confrontación entrampe esta oportunidad. Debemos ver esta Ley como el inicio de una curva de aprendizaje necesaria; pensar lento para la planeación para luego pensar rápido, en la ejecución. Si logramos que la infraestructura se convierta en una política de Estado con visión de largo plazo (más allá del 2050), habremos dado el paso definitivo hacia la madurez institucional.

Construir el México del futuro requiere que hoy "afilemos la sierra". Es momento de tomar distancia, observar el panorama completo y convencernos de que, más allá de cualquier administración, la planeación técnica y la gobernanza sólida de la infraestructura son los únicos caminos para que la prosperidad sea, de una vez por todas, compartida por todos los mexicanos.

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