Esta semana participé en un foro de expertos en pensiones organizado por el periódico EL UNIVERSAL en el que abordamos el complejo tema del financiamiento en la edad de retiro de la vida laboral y la protección de la vejez. Hay muchísimas precisiones que se deben hacer por la multiplicidad de regímenes y aspectos que hay que considerar y el impacto que tiene en grandes núcleos poblacionales antes de ofrecer públicamente resolver este grave problema en los términos que lo hizo el Presidente ante la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (El Universal, 17-02-20).

Las pensiones estuvieron relegadas de la agenda pública en los últimos 12 años. Los candidatos apenas las mencionaban en campaña y los gobiernos presentaron propuestas de reforma que se detuvieron en las cámaras cuando se pasó del buen propósito a los números. El costo de modificar profundamente el sistema se mide en más de 5% del Producto Interno Bruto (PIB), que varía según madura o envejece.

La importancia del ahorro que se puede llegar a acumular en un sistema de previsión de la vejez es de gran magnitud. La generación afore tiene acumulado cerca del 20% del PIB lo que es extraordinario en la historia económica del país. Esos recursos acumulados en las cuentas individuales son un apetitoso botín para los políticos oportunistas.

En Argentina, los Kirchner dispusieron de él y se lo acabaron en menos de 5 años repartiéndolo en programas sociales de beneficio de corto plazo que no eliminó los problemas estructurales del mercado laboral que perpetúan la pobreza y la marginación.

Hoy el presidente pone el tema en la agenda con una frase ambigua que preocupa. “No se puede poner vino nuevo en botellas viejas” ¿Qué significa? ¿Va a desaparecer el sistema de cuentas individuales de aportaciones definidas y sustituirlo por uno que sea de beneficios definidos que están quebrados en Europa y que han demostrado su insuficiencia financiera?

Hay que evitar que el debate público se desarrolle bajo las 3 premisas falsas que se empiezan a divulgar:

a. Las pensiones de 1973 son superiores a las de 1997, por lo tanto, el sistema de reparto es mejor que el de cuentas individuales.

b. Las aportaciones para el retiro son insuficientes para financiar una pensión con la cuenta individual.

c. Las cuentas individuales en las afores sufren los efectos de las crisis económicas y las reservas colectivas en instituciones de seguridad social no.

Las pensiones de 1973 son superiores porque se pagan con recursos fiscales que representan casi el 20% del presupuesto y esta importancia relativa va a crecer significativamente en los próximos años. Los jóvenes van a pagar las jubilaciones de la generación que cotizó antes del 1 de julio de 1997. Esto no significa que sea mejor el sistema para todos. Unos se benefician, pero la mayoría no. Hay profundas injusticias para los trabajadores de bajos ingresos, especialmente, las mujeres.

Las cuentas individuales permiten identificar los derechos de cada trabajador y sus cotizaciones no se pierden en una bolsa común en la que sólo se beneficia quien obtiene una pensión. Hoy la ley de 1997 permitió que haya ahorro identificado de casi 4 billones de pesos que los gobiernos, ni los patrones pueden tocar porque pertenecen a los trabajadores. Es extraordinario una reserva que representa casi el 20% del PIB. Nunca había sucedido en la historia de nuestro país y esto es un gran botín para los políticos y demagogos.

Las aportaciones del 6.5% del salario son insuficientes para financiar cualquier tipo de pensión en cualquier sistema. La diferencia es que en el sistema de reparto el déficit lo está pagando el contribuyente, es decir, el 60% de la población que labora en la informalidad paga las pensiones de un pequeño porcentaje del 30% que trabajó en la formalidad. Esto es francamente injusto. El camino no es aumentar las cuotas obrero patronales.

¿Hay que subir la cotización sobre el salario y generar más incentivos para la evitar la evasión en entes públicos y particulares? O ¿Hay que cambiar el esquema de tributación a impuestos generales? Esa es la pregunta de fondo que la mayoría evade.

Las reservas financieras de cualquier tipo sufren los efectos de las crisis. Las cuentas individuales sufren minusvalías en época de crisis y las inversiones del IMSS e ISSSTE también. La diferencia es la transparencia, ya que en el sistema de afores los trabajadores al recibir su estado de cuenta se percatan de lo que sucede y en los sistema de ahorro colectivo sólo quien conoce y entiende los informes institucionales.

¿Las afores son malas administradoras? Revisen el comportamiento de las reservas de estas el Infonavit y Pensionissste, que es un órgano desconcentrado, y determinen el grado de eficiencia en la inversión y el costo de administrar. En su caso, se pueden concentrar las cuentas en una institución pública que las maneje sin afectar la propiedad de los trabajadores. Hay mucho que debatir en los próximos días.

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