Este sábado 4 de julio, Estados Unidos cumplirá 250 años de la proclamación de su independencia, a la que accedió en 1776, o sea, 45 años antes de la consumación de la independencia de México, ocurrida en 1821. En México heredamos de la etapa colonial una sociedad marcada por estamentos rígidos y jerárquicos, en cuya cima estaban los españoles peninsulares, después los criollos, en seguida los mestizos, y a lo más abajo los negros y los pueblos indios. Esos estamentos se reprodujeron y subsisten con algunas variantes.

En el nacimiento de Estados Unidos, la libertad y la ciudadanía eran prerrogativas de los hombres blancos. Se fundó una ‘república democrática’ sobre la base del trabajo esclavo de los negros, quienes no eran vistos como seres humanos, sino como objetos de propiedad de su dueño – lo cual el poder consideraba parte del orden natural de las cosas.

Muchos estadounidenses no ven con buenos ojos que los extranjeros escudriñen la historia y el sistema político de Estados Unidos. Esta sólo puede conocerse a fondo por los propios estadounidenses, aseguran.

Un estudioso mexicano se atrevió a desafiar esa regla no escrita. Analizó durante ocho años en la Biblioteca del Congreso en Washington DC, los textos de autores negros que escribieron sobre el racismo en Estados Unidos.

El resultado de esta inmersión realizada por Federico Samaniego Lapuente es un libro extraordinario: Racismo en Estados Unidos. Una visión histórica (Penguin Random House, CDMX, 2026).

En los años 1960, con la lucha por los derechos civiles y con la llegada del presidente Barack Obama a la Casa Blanca (2009-2017) se generó un espejismo: el ‘progreso racial’, que no puede ser otra cosa sino la ilusión blanca de que el problema desaparecerá si se deja de mencionarlo.

En 1992, Derrick Bell publica su libro Rostros en el fondo del pozo: la permanencia del racismo. Los negros son los rostros en el fondo del pozo (la sociedad estadounidense como estructura jerárquica), y muchas personas blancas que apenas están ubicadas un escalón arriba, en vez de unirse con los de abajo para desafiar el poder de quienes controlan el sistema, se enfocan hacia abajo, lo que ayuda a mantener el estatus quo.

Samaniego encontró que en la nación cuya Constitución establece ‘Nosotros, el pueblo’, Toni Morrison, la primera mujer negra en recibir el Premio Nobel de Literatura, declaró a The Guardian en 1992: ‘En ningún momento de mi vida me he sentido como si fuera estadounidense’.

Concluye Samaniego: Estados Unidos es la mezcla racial y la diversidad nacional más grandes y profundas de la historia del mundo. Es, en el sentido estricto, la casa de todas las culturas humanas. Sin embargo, esta multiculturalidad tan diversa siempre ha estado bajo la hegemonía de los blancos.

En 2024, el presidente Joseph Biden expresó: ‘He aprendido que la historia quizá puede ser ocultada, pero no puede y no debe ser borrada – la esclavitud, la cruel, brutal y deshumanizante esclavitud es nuestro pecado original… Tenemos que dar la cara a nuestra historia’.

En su 250 aniversario, Estados Unidos cuenta con la mayor maquinaria económica, financiera, militar y tecnológica en el orbe. Al mismo tiempo, confronta el colapso de su propio orden político en la polarización extrema, el absurdo, el delirio y la incertidumbre. Tienen que dar la cara a su propia historia.

Profesor asociado en el CIDE. @Carlos_Tampico

Comentarios