Resulta difícil discernir de qué manera y en qué medida los jesuitas expulsos a raíz de la supresión de la Orden por el Papa Clemente XIV en 1773 incidieron en los procesos independentistas de las colonias españolas de América, así como si las ideas políticas que propugnaban estaban arraigadas en la segunda Escolástica (representada, entre otros, por los jesuitas Luis de Molina, Francisco Suárez y Juan de Mariana) o en las de la Ilustración cristalizadas en los planteamientos de la Revolución Francesa, del liberalismo inglés o del pensamiento constitucionalista estadounidense de finales del siglo XVIII, aunque hay suficiente evidencia —a través de múltiples publicaciones por parte de aquéllos— por cuanto a su relevancia en oposición al dominio español, sobre todo a raíz de la crisis política en España de 1808 y la guerra contra la ocupación por parte de Francia.

Mientras que Marcelino Menéndez Pelayo afirma, cuestionándose: “¿quién duda hoy que la expulsión de los jesuitas contribuyó a acelerar las pérdidas de las colonias americanas” (Historia de los heterodoxos españoles, Libro VI, capítulo II: 3, citado por Francisco A. Ortega en Los Jesuitas, formadores de ciudadanos. La educación dentro y fuera de sus colegios, siglos XVI-XXI, IBERO, 2010, p. 69), otros, como el propio Ortega a propósito de la independencia de Nueva Granada, señalan: “sin embargo, antes de regresar a la pregunta inicial de Menéndez Pelayo y darla por resuelta, de indicar con alivio que los jesuitas habían contribuido de modo decisivo a la independencia neogranadina a través de su corpus doctrinario …, reconozcamos que la relación entre las doctrinas jesuitas y la cultura política republicana es un poco más complicada” (Ibidem, p. 81), así como que “es imposible hablar —para el caso de Nueva Granada— de una elaboración nacionalista por parte de los jesuitas que posteriormente fuera retomada durante el periodo de la independencia” (Ibidem, p. 78). “Debido a eso, los historiadores colombianos no pudieron afirmar —como sí ocurrió en México y Perú— que “el extrañamiento (i.e. la expulsión y supresión) de la Compañía de Jesús señaló el principio de desintegración del imperio español” (Alfonso Trueba, La Expulsión de los jesuitas o el principio de la revolución, México, Ed. Jus, 1957, p. 53, citado por Ortega, Ibidem, p. 73).

En el caso de la Nueva España, hubo un grupo de jesuitas criollos exiliados —Francisco Xavier Alegre, Francisco Xavier Clavijero, Diego José Abad y Sánchez— a quienes podemos sumar a Rafael Landívar (Guatemala), Juan de Velasco (Ecuador ) y Juan Ignacio de Molina (Chile), a los que se considera pioneros del nacionalismo moderno al “difundir por Europa el conocimiento de América y contribuir a la formación de una conciencia americana distinta y aun contrapuesta a la conciencia hispánica” (Miguel Batllori, El abate Viscardo. Historia y mito de la intervención de los jesuitas en la independencia de Hispanoamérica, Madrid, MAPFRE, 1995, citado por Ortega, Ibidem, p. 77).

N.B. El respeto a las personas y a su libertad de creencia ha de ser sagrado. Por ende, nadie debe hacer burla o escarnio de otros mediante palabras, imágenes, gestos o actos. Mucho me temo que, en este caso, ‘MAGA’ no es “Make America Great Again”, sino “MAlicious GAmbling”: “chi mangia Papa, crepa”.

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