Después de incursionar en dos carreras, encontré mi vocación: la literatura. En la UNAM, mi gran maestra, entonces y ahora, ha sido Ana Elena Díaz Alejo; con ella me inicié en la investigación, primero como prestadora de Servicio Social en el Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas y, más tarde, como técnica académica. Al titularme me ofrecieron el cambio a investigadora asociada, oportunidad que debí a la Dra. Elizabeth Luna Traill (†). Posteriormente obtuve los grados de maestría y doctorado en Letras. Desde el inicio asumí, con profunda convicción, el deseo de dedicarme al rescate del patrimonio escriturario del siglo XIX, es decir, a editar la obra de autores mexicanos, olvidada debido a su dispersión en las páginas de periódicos y revistas. Aprendí la crítica textual, una disciplina antigua en el mundo, pero que en México apenas daba sus primeros pasos, y cuya metodología hoy aplicamos con todo rigor en nuestros proyectos. Este quehacer ha sido importante en la formación de recursos humanos y ha propiciado vínculos entre colegas. El primer logro fue abrir un curso colectivo en la Facultad de Filosofía y Letras y el segundo la formación del Seminario de Edición Crítica de Textos, que propuse a la entonces directora del Instituto, Dra. Mercedes de la Garza Camino, quien apoyó la iniciativa, dándole formalidad como unidad académica de Filológicas en 2010, primera y, hasta hoy, única entidad de esta especialidad en el país.

Esta larga carrera de recuperar la producción de nuestros escritores me ha dado múltiples satisfacciones, como la de descubrir la única novela de Manuel Gutiérrez Nájera, Por donde se sube al cielo (1882), la cual propuse como la primera del Modernismo latinoamericano, cambiando así la historia de la literatura, o bien el haber coordinado seis proyectos con el apoyo de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM, los cuales han dado como fruto la recuperación de más de 20 obras decimonónicas.

Otro rubro importante en mi desempeño universitario es el académico-administrativo, ramo en el que tuve al mejor guía, el Dr. Fernando Curiel Defossé, durante su gestión como director del Instituto de Investigaciones Filológicas. De él aprendí el valor de la institucionalidad. Como secretaria técnica participé en las actividades de organización interna de la construcción de la Biblioteca Rubén Bonifaz Nuño; como secretaria académica trabajé en aspectos relativos al apoyo de nuestra comunidad. Más tarde, por mi experiencia en la administración universitaria y como usuaria del acervo de la Hemeroteca Nacional de México, fui invitada a coordinar esa noble institución y, poco después, la Biblioteca Nacional, cargos de gran honor para mi vida académica.

Para concluir estas breves líneas sobre mi trayectoria de 37 años en la Máxima Casa de Estudios, deseo hacer dos reconocimientos: el primero, a la Dra. Guadalupe Curiel Defossé (†), de imperecedera memoria, quien con su gran visión y apasionado empeño coordinó el proyecto de la Hemeroteca Digital, cuyo acervo de más de 10 millones de imágenes es un excelente instrumento de consulta que, especialmente en estos difíciles tiempos pandémicos, ha permitido, tanto a la comunidad universitaria como a los usuarios de todo el mundo, dar continuidad a la labor académica. Mi segundo reconocimiento es para la Fundación UNAM, la cual durante varios años coadyuvó con recursos a la realización de este invaluable cometido.

Coordinadora del Seminario de Edición Crítica de Textos. Instituto de Investigaciones Filológicas.

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