Por Samuel Campos Leal

Las empresas en México están abordando mal la adopción de la inteligencia artificial.

Cada semana surge una herramienta nueva, un modelo más potente, y más empresas se preguntan lo mismo: ¿cuál implementar?

La pregunta parece intuitiva, pero también es la razón por la que muchas organizaciones obtienen menos valor del esperado.

La inteligencia artificial no es un problema tecnológico. Es un problema organizacional.

La mayoría de las empresas siguen abordando la inteligencia artificial como una decisión de software que debe resolver el área de sistemas. Evalúan modelos, adquieren licencias y desarrollan pilotos. Sin embargo, después de la inversión inicial, muchas descubren que los resultados no son los esperados.

No porque la tecnología no funcione, sino porque la adopción tecnológica avanzó más rápido que la transformación organizacional.

La inteligencia artificial no transforma empresas por sí sola. La transformación ocurre cuando las organizaciones replantean la forma en que toman decisiones, ejecutan procesos y asignan responsabilidades.

Por ello, las preguntas más importantes no son tecnológicas. Las preguntas relevantes son otras: ¿qué procesos pueden simplificarse? ¿Qué actividades deberían automatizarse o rediseñarse? ¿Quién será responsable de supervisar los riesgos asociados al uso de inteligencia artificial?

Ninguna de ellas es una pregunta técnica. Son preguntas de liderazgo, estrategia y gestión de riesgos. Su impacto alcanza todas las áreas de una empresa: operaciones, finanzas, recursos humanos, ventas, atención al cliente e incluso la dirección general.

Por esa razón, las organizaciones que obtendrán mayores beneficios no serán aquellas que tengan acceso a los modelos más avanzados o a las licencias más caras. Serán aquellas capaces de convertir la inteligencia artificial en una capacidad organizacional.

El costo de oportunidad es considerable. Un reciente informe del Foro Económico Mundial y McKinsey estima que la inteligencia artificial podría generar hasta 1.7 billones de dólares anuales en valor económico adicional para América Latina. Sin embargo, el mismo informe revela que solo el 23% de las organizaciones de la región está generando algún valor económico de esta tecnología y apenas el 6% considera que dicho valor es significativo.

El problema ya no es el acceso a la tecnología; la barrera de entrada nunca había sido tan baja. De hecho, el 59% de las pymes de la región afirma no generar valor tangible con la inteligencia artificial.

El desafío es traducir esa adopción en resultados tangibles. Las empresas mexicanas que construyan una ventaja competitiva no serán las que adquieran más herramientas, sino las que rediseñen sus procesos y flujos de trabajo.

El principal reto de la inteligencia artificial no está en los algoritmos ni en los modelos, sino en la capacidad de sus líderes para transformar la organización. Y el primer paso no es elegir una herramienta, sino elevar la conversación del área de sistemas a la dirección general. Porque en la próxima década la ventaja no será accidental: será deliberada y estratégica.

Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados

Comentarios