La otra desigualdad: la participación de las mujeres en el mercado laboral

Arturo Herrera

En la agenda internacional difícilmente hay un tema tan urgente como el de la equidad de género. Los retos en materia de equidad de género se despliegan en un abanico tan amplio que comprende, entre otras dimensiones, las múltiples formas de violencia que experimentan las mujeres; la igualdad de oportunidades en materia social, educativa y de acceso a la salud; así como la dimensión económica.

En muchas partes del mundo, hoy y mañana, también en México, habrá múltiples manifestaciones contra la violencia hacia las mujeres, probablemente el más urgente y visible de los temas en torno a la desigualdad de género y sobre el que todos debemos hacer algo para eliminarlo a la brevedad.

Pero hoy quiero poner énfasis en otro tipo de inequidad, igualmente preocupante, pero que frecuentemente recibe menos atención en nuestro país, la desigualdad en el mercado laboral.

Según la Organización Internacional del Trabajo, en México sólo el 47% de las mujeres entre 15 y 64 años de edad se encuentra en el mercado laboral; esta cifra es muy baja ante cualquier comparativo internacional, claramente debajo de los países nórdicos (Suecia y Noruega tienen niveles cercanos al 70%), que si bien no es justificable, es lo que normalmente se encuentra cuando comparamos a un país en desarrollo con una economía avanzada. Pero esta situación es más dramática si nos damos cuenta que estamos por debajo de Argentina y Brasil (los llamados “comparadores naturales” de México, dado que tenemos niveles de desarrollo similares); por debajo de Colombia y Perú (usualmente en el siguiente escalón del desarrollo medido por el PIB per cápita); menor a Bolivia y Ecuador y justo por debajo que El Salvador, un país con un PIB per cápita varias veces menor al nuestro y que ha sufrido periodos de violencia y guerra en las últimas décadas.

La muy baja participación de las mujeres en el mercado laboral en México no tiene ninguna justificación y no solamente es un tema de equidad de género, sino que también tiene graves impactos en el crecimiento económico.

Por ejemplo, si nosotros tuviéramos la participación que tiene Argentina, habría 4.3 millones de mujeres adicionales en el mercado laboral; si tuviéramos la de Colombia, esta cifra subiría a 4.7 millones. Por eso cuando nos preguntamos por qué nuestro país no crece más, es en parte por la inversión relativamente baja, por la baja penetración del sector financiero, pero es también porque no hemos podido construir un país que de oportunidades laborales a las mujeres y que les permita un desarrollo pleno en el trabajo. Para que nos demos una idea de la oportunidad perdida, según un estudio reciente de un organismo internacional, si la participación de las mujeres en México fuera igual a la de los hombres, el PIB per cápita del país sería un 22% más alto.

Estas cifras son aún más dramáticas en el sur-sureste del país y en las regiones con alta población indígena. Por eso, algunos de los programas de la actual administración, como los de inversión en el sur, atacan este problema, aunque no estén etiquetados propiamente como programas de género.

La mayor parte de los estudios sobre este tema en México sugieren que una de las razones de la baja participación de las mujeres en el mercado laboral es que ellas dedican una parte importante de su tiempo al cuidado de los niños y los adultos mayores. Si queremos cambiar esta situación de manera radical, tendremos que hacer una reflexión profunda sobre la responsabilidad compartida entre hombres y mujeres, la necesidad de un sistema de cuidados, así como el tipo de país que queremos y el contrato social en el que estaría sostenido.
 

Secretario de Hacienda y Crédito Público

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