Por Jung Han Hwang

Cuando pisé México por primera vez, en 2004, lo primero que sentí fue sorpresa.

El México que encontré era muy distinto del país que hasta entonces había imaginado a través de películas y noticias producidas fuera de México. Me impresionaron la modernidad de la Ciudad de México, el dinamismo de su sociedad y la solidez de su base manufacturera. Pero, sobre todo, me sorprendieron la sofisticación y el profesionalismo de los colegas, socios empresariales y funcionarios públicos con quienes tuve la oportunidad de trabajar. También fue una revelación descubrir que el ingeniero mexicano Guillermo González Camarena había solicitado ya en 1940 la patente de un sistema de transmisión de televisión a color.

Entonces comprendí algo sencillo: creía conocer México, pero en realidad nunca lo había visto con mis propios ojos.

Con el tiempo, México adquirió para mí un significado muy especial. Viví y trabajé en este país durante varios años, cursé la maestría en Economía en DF y mi primera hija nació en México y tiene nacionalidad mexicana.

Veintidós años después, vuelvo a mirar hacia México. Esta vez, con motivo de una ocasión especialmente significativa: la visita de Estado del presidente Lee Jae Myung, por invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum.

El presidente Lee llegará a la Ciudad de México la noche del 23 de septiembre. El día 24 participará en la ceremonia oficial de bienvenida en Palacio Nacional y sostendrá reuniones con la presidenta Sheinbaum, además del intercambio de memorandos de entendimiento y una declaración conjunta ante los medios. El 25 participará en un foro empresarial y visitará la K-Expo, antes de partir de México la mañana del día 26.

Más allá de la agenda protocolaria, la secuencia de estos encuentros muestra la amplitud que ha adquirido la relación bilateral: diálogo político al más alto nivel, cooperación económica y empresarial, y también intercambio cultural.

Los vínculos entre nuestros países son más antiguos de lo que muchos imaginan. En 1905, 1,033 coreanos llegaron a Yucatán, dando inicio a la historia de la migración coreana hacia América Latina. Sus vidas fueron recuperadas un siglo después en Flor negra, la novela del escritor coreano Kim Young-ha. Durante la Guerra de Corea, más de 100 mil mexicanos y mexicoamericanos combatieron como integrantes de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Y desde el establecimiento de relaciones diplomáticas en 1962, los lazos bilaterales se han extendido rápidamente a la economía y la industria.

Hoy Corea ya no es un país desconocido en México. Los productos de Samsung y LG forman parte de la vida cotidiana de muchos consumidores mexicanos, Kia fabrica vehículos en Nuevo León y numerosas empresas coreanas de los sectores siderúrgico, automotriz y electrónico se han integrado a las cadenas manufactureras mexicanas. Más recientemente, también han ganado popularidad los cosméticos y otros productos de consumo coreanos.

Un ejemplo especialmente simbólico es la inversión de 649 millones de dólares de Kia para producir el vehículo eléctrico EV3 en su planta de Pesquería, Nuevo León. Este paso muestra cómo la cooperación industrial entre ambos países evoluciona de la manufactura tradicional hacia la movilidad sustentable y las industrias avanzadas.

Si la base manufacturera mexicana, su mano de obra calificada y su integración con el mercado norteamericano se combinan con las capacidades coreanas en automóviles, baterías, semiconductores y tecnologías digitales, el horizonte de cooperación puede ampliarse considerablemente.

Ese potencial ya cuenta con un marco institucional: el Plan de Acción México–Corea 2026–2030, cuya firma está prevista en el marco de esta visita, identifica como áreas prioritarias la innovación, la inteligencia artificial, la gobernanza digital y el sector aeroespacial. La intención no es sólo intercambiar conocimiento, sino crearlo conjuntamente.

La base económica es sólida: según la Cancillería mexicana, Corea es el quinto socio comercial de México, con un comercio bilateral de 29 mil 700 millones de dólares en 2025.

Sin embargo, hay otro cambio que me parece todavía más significativo: el que está ocurriendo entre las nuevas generaciones y en el terreno de la cultura.

En mayo de este año, la imagen de la presidenta Sheinbaum recibiendo a BTS en Palacio Nacional, mientras cerca de 50 mil jóvenes llenaban el Zócalo, reflejó de manera simbólica la transformación de la relación entre México y Corea.

En 1905 fueron los coreanos quienes cruzaron el océano en busca de una nueva vida en México. Más de 120 años después, son la música y la cultura coreanas las que forman parte de la vida cotidiana de muchos jóvenes mexicanos.

Si antes los gobiernos y las empresas construían principalmente la relación bilateral, hoy los ciudadanos —y en particular las nuevas generaciones— empiezan también a impulsarla.

Aun así, sería exagerado afirmar que ambos países se conocen plenamente. En Corea, México sigue siendo visto a menudo a través de imágenes construidas desde fuera. Y en México, Corea suele ser reconocida primero a través de algunas empresas emblemáticas y de fenómenos culturales como el K-pop.

Por eso, esta visita de Estado tiene un significado especial.

Hay muchos temas sobre la mesa: comercio e inversión, cadenas de suministro, industrias avanzadas, cultura e intercambio humano. Pero considero que el valor de esta visita no debe medirse únicamente por cifras o documentos que puedan firmarse. Una de las funciones más importantes de la diplomacia al más alto nivel es ayudarnos a mirarnos de nuevo, de frente.

México no debe ser para Corea simplemente una plataforma productiva para acceder al mercado norteamericano. Puede convertirse en un socio estratégico que conecte América del Norte con América Latina. Y Corea, a su vez, puede ser para México mucho más que un país inversionista: un socio asiático con el cual desarrollar conjuntamente tecnología, industria, cultura e intercambio humano.

La relación del futuro debe ir más allá de un esquema en el que una parte invierte y la otra recibe. Debe avanzar hacia una relación en la que ambos países generen conocimiento, formen talento, investiguen juntos, produzcan juntos y exploren juntos nuevos mercados.

Todavía recuerdo la impresión que sentí al descubrir México en 2004:

“Ahora sí estoy viendo México con mis propios ojos”.

Ojalá esta visita de Estado permita que México y Corea también se miren de frente.

Encontrarse, mirarse y descubrir juntos las posibilidades del otro.

Quizá esa sea la mejor manera de que dos países unidos por más de 120 años de historia comiencen juntos los próximos cien.

Director de South Compass Consulting y asesor de la Asociación Corea-América Latina. Trabajó en KOTRA (Oficina Comercial de la Embajada de Corea) en la Ciudad de México. Es maestro en Economía por el ITAM.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

TEMAS RELACIONADOS