Por Bosco Martí

Cada 30 minutos, una persona pierde la vida en las calles de México por un siniestro vial. No ocurre en una carretera remota ni en condiciones excepcionales: en la mayoría de los casos sucede en zonas urbanas, en trayectos cotidianos y en situaciones que pudieron haberse evitado.

La seguridad vial es uno de los grandes desafíos de salud pública de nuestro tiempo, aunque pocas veces recibe la atención que merece. A nivel global, 1.19 millones de personas mueren cada año en hechos de tránsito y cerca de 50 millones resultan lesionadas. En México, esta realidad se traduce en más de 16,000 fatalidades anuales —alrededor de 45 al día— y 44,000 personas con lesiones graves.

Lo más preocupante es que la tendencia no está mejorando al ritmo necesario. De acuerdo con el Monitor de Seguridad Vial de Fundación Aleatica, en 2023 se registraron 16,489 fatalidades, la cifra más alta desde 2015. Esto representa un incremento de 6.5% respecto al año anterior y una brecha de 46.1% frente a la trayectoria necesaria para cumplir con la meta del Segundo Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2021–2030, que plantea reducir al menos 50% las muertes y lesiones graves.

Parte del problema comienza en la percepción. La Encuesta de Percepción sobre Seguridad Vial de Fundación Aleatica 2025 revela que 9 de cada 10 personas no dimensionan la gravedad del fenómeno. Más del 40% cree que al año fallecen menos de mil personas en hechos de tránsito. Esta desconexión importa, porque las decisiones que se toman todos los días —la velocidad, el uso del casco o del cinturón, o revisar el teléfono al detenerse— están condicionadas por la percepción del riesgo.

En la práctica, los datos muestran que el problema está bien identificado. Siete factores concentran la mayor parte de la siniestralidad: el exceso de velocidad, el no uso casco certificado en motociclistas, el no uso del cinturón de seguridad, el consumo de alcohol al conducir, el uso de distractores, los rebases inseguros y los atropellamientos. Quienes pagan el precio más alto son los usuarios más vulnerables: los motociclistas representan el 41% de las fatalidades totales y en menos de una década sus cifras crecieron 126%; los peatones, por su parte, siguen siendo víctimas de una cultura vial que históricamente no los ha reconocido como prioridad.

También sabemos que los riesgos pueden reducirse. Las autopistas, por ejemplo, han mostrado una disminución cercana al 30% en hechos de tránsito desde 2015, un resultado asociado a mejores condiciones de infraestructura, mayor control de velocidad y mecanismos de fiscalización más efectivos. Esa diferencia confirma que, cuando existen medidas sostenidas, los resultados son posibles.

Hoy México enfrenta un momento particularmente relevante. El país se prepara para recibir a más de 5.5 millones de visitantes con motivo de un torneo internacional de futbol. Este contexto incrementará significativamente los desplazamientos en las ciudades y la presión sobre el espacio público. Pero también representa una oportunidad: ampliar la conversación sobre seguridad vial y alcanzar a audiencias que normalmente no participan en ella. En ese marco, en alianza con FIA Foundation, ITDP e iRAP, impulsamos la campaña “Tu mejor jugada es cuidarte”, enfocada en incidir en comportamientos de riesgo. La iniciativa ha superado los 550 millones de impactos, no como un fin en sí mismo, sino como parte de un esfuerzo sostenido por fortalecer la conciencia sobre las decisiones cotidianas que pueden salvar vidas.

La responsabilidad es compartida. México cuenta con información, evidencia y experiencias que demuestran que los siniestros viales se pueden prevenir. El verdadero reto es acelerar su implementación. La movilidad seguirá creciendo, y con ella la presión sobre las ciudades y su infraestructura.

Frente a este escenario, promover decisiones más seguras no es una acción complementaria, sino una parte central de la respuesta estructural que el país necesita. Proteger la vida en la vía requiere coordinación, compromiso y, sobre todo, una visión clara de que cada decisión cuenta.

Eso incluye algo tan básico como el respeto hacia al peatón: en México aún falta construir esa cultura que abona a la paz social. No podemos darnos el lujo de seguir aplazando lo evidente: poner la vida en el centro de la movilidad es una urgencia.

Presidente de Fundación Aleatica para la Seguridad Vial

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