Conocemos el problema: 3 de cada 10 adultos en América Latina y el Caribe sufren obesidad. La prevalencia de la obesidad en adultos en nuestra región se ha duplicado desde el año 2000, un nivel casi dos veces superior a la estimación mundial. Junto con esto la prevalencia del sobrepeso en niños y niñas menores de 5 años ha aumentado de manera sostenida desde el año 2000, alcanzando el 8,8 % en 2024, un valor que también supera la estimación mundial.
La obesidad y el sobrepeso tiene enormes costos económicos para los países. El Atlas Mundial de la Obesidad estimó que la repercusión económica del sobrepeso y la obesidad superará los 4 billones de USD anuales en 2035, representando casi 3% del PIB mundial. Estas pérdidas económicas se asocian un mayor gasto en atención sanitaria y a una reducción de los ingresos y la productividad vinculadas al absentismo, presentismo (menor productividad en el trabajo) y jubilación o muerte prematuras.
Por esta razón, se requiere la implementación de políticas basadas en la evidencia que permitan aumentar el consumo de las dietas saludables. De acuerdo con la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS) las dietas saludables pueden prevenir la malnutrición en todas sus formas, incluida la obesidad y el sobrepeso. Estas dietas deben cumplir con 4 principios: ser adecuadas en nutrientes esenciales para prevenir las deficiencias y promover la salud; diversas, incluyendo una amplia variedad de alimentos nutritivos entre y a través de los grupos de alimentos; balanceadas en ingesta de energía y fuentes de energía (por ejemplo, grasas, carbohidratos y proteínas); y, moderadas en consumo de alimentos, nutrientes u otros componentes asociados con efectos negativos en la salud.
América Latina y el Caribe es una región que ya ha logrado la implementación y evaluación de políticas que potencian las dietas saludables, fomentando la moderación de alimentos con alto nivel de procesamiento, cuyo consumo va en aumento pese a la evidencia de sus efectos nocivos. Una de esas políticas es el etiquetado nutricional en la parte frontal del envase, implementado ya en 10 países, mostrando importantes resultados.
Estudios destacados por FAO y OMS muestran que entregar información clara, más visible y eficiente para identificar nutrientes esenciales, genera conocimiento y ayuda a la toma de mejores decisiones de los consumidores (como se ha constatado en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Uruguay). En Chile el etiquetado frontal logró reducir las compras de productos con sello de advertencia y la adquisición per cápita de calorías, azúcares, grasas y sodio. Más aún, las empresas reformularon sus productos “Altos en”, sin generar impacto en el empleo, los salarios ni la producción.
Recientemente, un estudio publicado en la revista científica The Lancet confirmó que los niños de entre 5 y 6 años expuestos a etiquetado frontal nutricional durante 18 meses disminuyeron la probabilidad de tener exceso de peso.
En una investigación realizada en México, en tanto, se concluyó que el etiquetado contribuye también a prevenir la obesidad y ahorrar costos en salud.
A los países con esta política ya implementada se están sumando nuevos proyectos o anteproyectos de ley para replicar esta política , bajo la convicción de que la obesidad y el sobrepeso son problemas de salud multifactoriales, que requieren respuestas integradas con enfoque de sistemas alimentarios para promover cada uno de los principios de las dietas saludables y que el etiquetado es, sin duda, es una de esas políticas de gran relevancia que aporta información y conocimiento que se traduce en impacto real en favor de la salud.
Oficial principal de políticas de seguridad alimentaria y nutrición de la FAO

