Por Víctor M. Cuevas Ahumada

En la actualidad, el dólar estadounidense es la moneda internacional dominante, puesto que constituye el medio de pago y la reserva de valor más ampliamente utilizados fuera de Estados Unidos. Sin embargo, la evidencia histórica sugiere que, aunque las monedas dominantes tienden a conservar su hegemonía durante largos períodos, ninguna mantiene esa posición para siempre. Durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la libra esterlina desempeñó ese papel, mientras Londres fungió como el principal centro financiero mundial.

En este contexto, conviene analizar si existe un declive gradual del dólar, reflejo de una redistribución del poder económico mundial. Esto reviste importantes implicaciones no solo monetarias, sino también geopolíticas, pues Estados Unidos se ha valido de la posición estratégica de su moneda para imponer sanciones financieras a países, empresas e individuos. De ahí que diversos países, como China, India y Brasil, busquen reducir su dependencia del dólar mediante el uso de monedas alternativas en el comercio exterior, el desarrollo de sistemas de pago autónomos y la diversificación de sus reservas internacionales. Por otra parte, las autoridades de la eurozona han procurado fortalecer el papel del euro en el comercio y las finanzas mundiales.

Para que una moneda adquiera carácter internacional debe ser aceptada y utilizada fuera del país emisor. Asimismo, para alcanzar la categoría de moneda dominante, como ocurre con el dólar, necesita estar disponible en grandes cantidades a escala global. Ahora bien, en ambos casos, la moneda no solo debe mantener su poder adquisitivo, sino también contar con un sólido respaldo productivo y financiero. Por razones de espacio, analizaremos los principales fundamentos que sostienen la confianza internacional en las monedas de tres grandes espacios económicos: Estados Unidos, la eurozona y China.

El primer fundamento es el respaldo productivo de una moneda, el cual depende, en buena medida, del tamaño de la economía emisora. Estimaciones realizadas con base en los Indicadores del Desarrollo Mundial (IDM) sugieren que, en 1990, el producto interno bruto (PIB) de China representaba apenas 18.9% del PIB de Estados Unidos, es decir, menos de la quinta parte. Para 2025, en contraste, el PIB de China ya superaba al de Estados Unidos en 34%.

Los cálculos se realizaron con base en el PIB de cada economía expresado en dólares internacionales constantes de 2021 mediante paridades del poder adquisitivo. Estas paridades permiten tomar en cuenta las diferencias en los niveles de precios entre países y reducir las distorsiones derivadas de una posible subvaluación o sobrevaluación de las monedas.

Con base en la misma metodología, el PIB de la eurozona (considerando retrospectivamente las 21 naciones que hoy la integran) representó 96.8% del PIB de Estados Unidos en 2002, cuando el euro comenzó a circular, y 77.3% en 2025. De este modo, el poderío productivo de Estados Unidos ganó terreno frente al de la eurozona, pero retrocedió claramente frente al de China. En suma, cuando la comparación se realiza mediante paridades del poder adquisitivo, el dólar ya no está respaldado por la economía más grande del planeta.

En segundo lugar, para que una moneda tenga demanda fuera del país emisor debe conservar su poder adquisitivo. Con base en datos de los IDM y de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, durante el período 2002-2025 la inflación promedio anual se ubicó en 2.43% en Estados Unidos, 2.28% en la eurozona y 2.05% en China. En este contexto, las tres economías mostraron una capacidad semejante para preservar el poder adquisitivo de sus respectivas monedas.

Paralelamente, la relativa solidez del dólar se sustenta en la profundidad, liquidez y apertura de los mercados financieros estadounidenses, así como en la disponibilidad de instrumentos de inversión seguros. La eurozona también cuenta con una amplia variedad de instrumentos de inversión seguros denominados en euros y con mercados financieros desarrollados, aunque estos todavía adolecen de un grado considerable de fragmentación. De acuerdo con un comunicado de prensa del Banco Central Europeo, fechado el 7 de mayo de 2026, si bien en la eurozona persiste la fragmentación financiera, desde finales de 2022 se han logrado avances importantes en el proceso de integración de los mercados de deuda y de préstamos interbancarios. En contraste, se ha retrocedido en la integración de los mercados accionarios, en un contexto marcado por la persistencia del sesgo de los inversionistas hacia los activos nacionales.

De acuerdo con un anexo informativo del Fondo Monetario Internacional, fechado el 28 de enero de 2026, el caso de China presenta todavía mayores obstáculos. Si bien el uso internacional del yuan se ha expandido con el paso de los años, la mayoría de los movimientos de capital continúa sujeta a controles cambiarios. En este contexto, pese al gran tamaño de la economía y de los mercados financieros chinos, las restricciones a la libre movilidad de capital reducen la capacidad del yuan para competir con el euro y el dólar a escala global.

De esta manera, el dólar continúa siendo la principal moneda de reserva internacional, pese a los esfuerzos de algunas naciones por reducir su dependencia de esa divisa. En el cuarto trimestre de 2016, los activos denominados en dólares, euros y yuanes representaron, respectivamente, 64.7%, 18.9% y apenas 1% de las reservas oficiales de divisas de los países. Para el primer trimestre de 2026, estas proporciones se situaron en 57.1%, 20% y 2%, respectivamente. Así, los países han logrado reducir de manera limitada su dependencia del dólar y, por ende, su vulnerabilidad frente a las decisiones del gobierno estadounidense.

De acuerdo con la Encuesta Trienal de Bancos Centrales de 2025, elaborada por el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el dólar continúa predominando en los mercados cambiarios internacionales. Es importante precisar que, dado que cada transacción involucra dos monedas, la suma de las participaciones correspondientes a las diferentes divisas equivale a 200%. En este marco, entre 2022 y 2025 la participación del dólar en las operaciones cambiarias mundiales aumentó de 88.4% a 89.2%; la del euro disminuyó de 30.6% a 28.9%, y la del yuan se elevó de 7% a 8.5%. Finalmente, de acuerdo con un trabajo de Tracy Chan y coautores, publicado en el Informe Trimestral del BPI de septiembre de 2025, en junio de ese año 63% de los bonos en moneda extranjera estaba denominado en dólares, frente a 25% en euros y apenas 1% en yuanes.

En suma, China ha ganado un peso considerable en el mundo por el tamaño de su economía y por otros avances que sería prolijo detallar aquí. Sin embargo, el dólar mantiene su supremacía, respaldado, entre otros factores, por la solidez de la economía estadounidense, la estabilidad de su poder adquisitivo y la profundidad y liquidez de sus mercados financieros. Estos elementos explican su amplia utilización en el comercio internacional y la persistencia de su predominio en las operaciones cambiarias, en la denominación de bonos en moneda extranjera y en las reservas oficiales de divisas de los países.

Profesor-investigador de la UAM-Azcapotzalco e Investigador Nacional Nivel III

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