José Armando Pineda Osnaya

La economía mexicana se encuentra al borde de un abismo de devaluación, mayor inflación y estancamiento económico. Prácticamente en todo el periodo de la 4T, el tipo de cambio se ha mantenido relativamente estable por debajo de los 20 o 19 pesos por dólar, pero ello no se debe a ningún mérito de dichos gobiernos, sino a la abundante llegada de capitales externos causada por la incertidumbre reinante en la economía mundial. Es paradójico que por un lado la economía mexicana se mantiene con un crecimiento relativamente bajo; en 2024 el PIB creció 1.4%, en 2025, 0.6% y en el primer trimestre del presente año, el PIB anualizado publicado por INEGI se ubicó en 0.4%. Ante el relativo poco crecimiento de la economía contrasta el aumento acelerado de los pagos al exterior por intereses de la deuda externa, utilidades y dividendos de empresas extranjeras. En 2021, por tales conceptos se pagaron al exterior 43.81 mil millones de dólares, en 2024 la suma casi se duplicó (173.4%) a 75.99 mil millones de dólares. Hasta el momento el pago de utilidades al capital exterior e intereses de la deuda externa había sido cubierto por las remesas de trabajadores mexicanos que sumaban aproximadamente la misma cantidad, pero ahora, las remesas ya no aumentan en la misma proporción, sólo para comparar, en el primer trimestre del presente año, 2026, el pago de ganancias a las inversiones y deuda externa fue de 28.63 mil millones de dólares, las remesas fueron sólo de 14.592 mil millones de dólares. La Falta de dinero es compensada con la entrada de capital extranjero. De enero a marzo del presente año, la inversión extranjera directa sumó 21.544 mil millones de dólares y, las inversiones de cartera fueron en el mismo periodo 6.4 mil millones de dólares, lo que cubre de manera muy holgada la demanda de dólares del país; el sobrante termina en las reservas monetarias, las que en el mismo primer trimestre del año sumaron 11.128 mil millones de dólares. Gracias al sobrante de dólares, el tipo de cambio se mantiene estable y posiblemente así continuará para el resto del año, a menos que hubiera una disminución repentina de la entrada de inversión extranjera al país. En lo que respecta a la Balanza Comercial de Bienes y Servicios, es decir, la diferencia entre exportaciones menos importaciones, estas no son ningún problema para el país, hasta mayo del presente año, hubo un déficit de apenas 2.259 mil millones de dólares algo muy pequeño comparado con el volumen de exportaciones del país superiores actualmente a los 500 mil millones de dólares anuales, lo que también es muy poco comparado con la cantidad de reservas generadas en el año. Pero los capitales externos no llegan al país sólo porque seamos mexicanos sino vienen para recibir más utilidades o ganancias de las que recibirían en su país de origen, esperando además cobrarlas en dólares. Como hemos visto, el pago de intereses y ganancias del capital exterior crece mucho más rápido que el aumento del Producto o Ingreso Nacional, por lo que el país estará demandando cada vez mayor cantidad de inversión extranjera para cubrir dichos pagos. Se forma entonces un círculo perverso. El capital extranjero paga parte de las utilidades e intereses de la inversión extranjera de años anteriores, pero ese mismo capital, en el futuro inmediato, enviará a su país de origen las ganancias generadas, por lo que

México necesitará una entrada todavía mayor de inversiones extranjeras para pagar la repatriación de utilidades en dólares. En el momento en que la inversión extranjera junto con las remesas sea insuficiente para hacer los pagos al exterior, entonces vendría la inevitable devaluación con inflación. Las reservas se agotarían rápidamente porque cualquier sombra de devaluación generaría un pánico enorme sobre todo de las empresas que tienen créditos en dólares porque en esa moneda la tasa de interés es mucho más baja que la mexicana. Una devaluación aumentaría su deuda a tal grado que ni vendiendo la empresa podrían pagar su deuda como ya pasó en los momentos de fuertes devaluaciones en el sexenio de Miguel de la Madrid, en que el gobierno asimiló la deuda de empresas para evitar su desaparición. Ningún país puede sobrevivir mucho tiempo contratando deudas que no puede pagar, porque la deuda exige pagos periódicos que al principio pueden ser pequeños, pero al acumularse los intereses, los pagos llegan a superan al ingreso corriente o el presupuesto público, haciendo impagable la deuda.

En 2024, la deuda del gobierno fue 59.14% del PIB y es mayor al 30% del presupuesto de la federación, lo que acerca al Estado a una posible insolvencia porque el pago de la deuda le reduce la capacidad de ejercer funciones asistenciales y de promoción del desarrollo. La mayor parte de la inversión extranjera que llega al país es directa, ésta se dedica a instalar plantas, produce algún tipo de bien o servicio y genera demanda interna y empleos. Este tipo de inversión no llega al país por la tasa de interés, llega por el costo de la mano de obra, la cercanía con los Estados Unidos o por algún otro criterio productivo. La otra inversión, la de cartera llega al país atraída por el elevado rendimiento de la tasa de interés, se dirige hacia la compra de bonos y valores sobre todo del Estado, no le interesa producir nada ni la situación del país, no genera demanda y mucho menos empleos, es altamente volátil u oscilante. La mayor inversión que llega al país es directa que no le interesa la tasa de interés y muy poca inversión es de cartera, por lo que la tasa de interés nacional podría igualarse con la norteamericana o incluso ser menor y no por ello dejaría de venir inversión extranjera directa al país. Una reducida tasa de interés tal vez no motivaría al capital exterior de cartera a entrar al país, pero ello no importa porque hasta el momento, la inversión directa supera la demanda de dólares del país. Con los datos del primer trimestre de 2026, las remesas aumentaron 11.1 mil millones de dólares, lo cual fue un sobrante de dinero mayor a la inversión extranjera de cartera recibida de 6.4 mil millones de dólares. Suponiendo que el país no hubiera recibido inversión de cartera porque la tasa de interés hubiera sido muy baja, aún así el país hubiera tenido un sobrante de poco menos de 5 mil millones de dólares. Los hacedores de política monetaria podrían reducir la tasa de interés, ello no causaría ningún faltante de dólares, pero en cambio, disminuiría la deuda del gobierno y ayudaría a la inversión. Por el lado del miedo a la inflación esto se podría discutir porque una tasa de interés elevada también es inflacionaria al subir el costo del dinero, además de crear dinero adicional al ofrecer un rendimiento superior a la inflación que no tiene respaldo alguno del lado de la producción.

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