Durante la guerra de Vietnam, en el Hotel Rex de Saigón, diariamente a las cinco de la tarde tenía lugar una conferencia de prensa a cargo de los servicios de información de Estados Unidos. El objetivo era, supuestamente, dar cuenta de la situación del conflicto a los corresponsales, pero la distancia entre las “actualizaciones” que ahí se ofrecían en torno del conflicto y la realidad era tan grande que los periodistas no tardaron en llamar a esta conferencia las Five O'Clock Follies (“Las locuras de las cinco”).
Por el número de mentiras que se dicen a diario y la torcida intención de presentar una suerte de realidad alterna como verdadera, la conferencia mañanera que instauró López Obrador y que prosigue con los mismos lineamientos la presidenta Sheinbaum, me recuerda la fracasada dinámica informativa de los propagandistas del Pentágono empeñados en minimizar los costos humanos y materiales de la guerra, así como el rumbo de la misma.
El ejercicio matutino de la señora presidenta se ha ido perfeccionando tanto como lo puede hacer la mentira: haciéndose más cínica y no pocas veces grotesca, especialmente frente a los temas más acuciantes de la realidad nacional: número de desaparecidos, muertes violentas, extorsión, narcopolítica, estancamiento económico y todos los puntos suspensivos que usted quiera añadir.
A su maestro y líder le funcionó porque el desgaste tarda en llegar y él era, además, de una habilidad extraordinaria para distraer y hasta embaucar a los medios. De todas las crisis informativas salía bien librado en lo imediato; su absoluto caradurismo se imponía y todo seguía igual.
La mañanera fue para López Obrador –y eso desde que era jefe de gobierno de la CDMX– una forma de insertar su agenda y ejercer un control sobre la misma ante sus adversarios. Pero con la presidenta Claudia Sheinbaum las cosas se están deteriorando rápidamente; el legado lopezobradorista se halla por debajo de la línea de flotación en casi todos los aspectos, y ella no parece tener la paciencia, ni la energía y tampoco la astucia de su jefe.
Al cabo de un año con siete meses de gobierno, Sheinbaum está envuelta en una situación que cualquiera con un mínimo de objetividad no podría juzgar sino como compleja y crítica; los acontecimientos, en todos los frentes, se han precipitado, y en varios temas el reloj político le marca ya la medianoche a la Cuarta Transformación: la carroza del cuento se le está convirtiendo en calabaza, y de los caballos mejor ni hablemos.
Independientemente de cómo se resuelvan o alarguen (cosa más probable) las críticas coyunturas herededadas del pasado y/o generadas por su propio gobierno, cada conferencia mañanera –llevada como hasta hoy, con mentiras impúdicas, crasos errores y omisiones tanto suyas como de los miembros de su gabinete– seguirá incrementando la erosión política, los costos en imagen y su capacidad de respuesta como Jefa del Ejecutivo.
Para Antonio Ocaranza, un experimentado y brillante consultor cuyo tema principal es hoy la reputación, “la protección de la investidura presidencial debería ser una prioridad central para la presidenta y su equipo más cercano”. De ahí que para este analista «la llamada “Conferencia del Pueblo” se esté convirtiendo en uno de los principales pasivos de su gobierno: un espacio donde la presidenta pierde margen de control y queda expuesta tanto a los errores de sus colaboradores como a los costos políticos de su propia candidez» (Expansión/Política, 14-V-26).
Si la presidenta Sheinbaum tiene la intención de seguir compareciendo ante los medios todas las mañanas, no estaría mal que tomara en cuenta estas observaciones. Sería un error mayúsculo que la consolara el hecho de que la gran mayoría de los asistentes a la “Conferencia del Pueblo” son afines o incluso empleados de la Presidencia, porque al ser público este encuentro los medios nacionales e internacionales seguirán registrando todos los embustes, deslices, sandeces y hasta episodios ridículos que ahí se producen.
En medio de la crisis, cuidar la investidura presidencial, como apunta Ocaranza, debería ser una prioridad de Sheinbaum y su equipo más próximo. La va a necesitar. El país también.
@ArielGonzlez
FB: Ariel González Jiménez
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