El negocio de tarjetas de crédito en México nunca había sido tan atractivo, ni tan difícil. A primera vista, las cifras son contundentes: más de 10 mil millones de transacciones al año, un volumen superior a 6 billones de pesos, y un mercado que se aproxima a los 280 mil millones de pesos en ingresos. Pero detrás de estos números hay una realidad menos cómoda: crecer es relativamente fácil; crecer bien es lo verdaderamente complicado.

México está entrando en una nueva fase del negocio de tarjetas. Ya no es un mercado emergente en términos de infraestructura ni de producto. Es un mercado que empieza a madurar, pero con todas las tensiones de un sistema que aún no termina de formalizarse.

La ilusión del crecimiento

Durante años, el crecimiento fue la historia principal. Más tarjetas, más transacciones, más aceptación. Hoy existen más de 37 millones de tarjetas de crédito bancarias y el comercio electrónico supera los 940 mil millones de pesos anuales. Todo apunta en la dirección correcta.

Pero el crecimiento actual es distinto. Ya no viene de los segmentos tradicionales; viene de usuarios “nuevos al crédito”, impulsados por modelos digitales que han demostrado que se puede escalar a más de 12 o 14 millones de clientes en pocos años. Y aquí está el primer cambio estructural: crecer hoy implica asumir más riesgo.

Porque no es lo mismo financiar a clientes bancarizados que a segmentos con ingresos menos estables, en un país donde la informalidad sigue rondando el 55% del empleo. Eso cambia completamente la lógica del negocio.

El fin de los márgenes cómodos

Durante décadas, el modelo de tarjetas en México fue altamente rentable. Altas tasas de interés, comisiones relevantes y poca presión competitiva. Ese modelo ya no existe así.

Hoy, los ingresos están bajo presión por todos lados. La regulación busca reducir comisiones —con propuestas que podrían llevar el intercambio a niveles de 0.6% en crédito— mientras que los clientes, cada vez más digitales, comparan ofertas y migran con facilidad.

Al mismo tiempo, el costo del crédito sigue siendo alto —con costos totales que pueden superar el 60%–80%— pero eso no se traduce necesariamente en mayor rentabilidad. ¿Por qué? Porque el riesgo también es alto. La morosidad, aunque controlada en torno a 3.3%, refleja un equilibrio frágil.

En otras palabras: el negocio sigue siendo rentable, pero exige mucha más precisión. Ya no hay espacio para errores sistemáticos en originación, pricing o cobranzas.

La competencia que no se ve igual

El error más común es pensar que la competencia sigue siendo la misma. No lo es.

Por un lado, los nuevos jugadores digitales han cambiado las expectativas del cliente: onboarding en minutos, cero comisiones, interfaces simples. No necesariamente son más rentables hoy, pero han redefinido el estándar.

Por otro lado, están emergiendo sustitutos silenciosos. El crédito en el punto de venta —especialmente en esquemas de pagos diferidos— está capturando gasto que antes pasaba por las tarjetas tradicionales. No es un reemplazo total, pero sí una erosión progresiva del modelo clásico revolving.

Y, además, el efectivo sigue ahí. En un país con alta informalidad, la transición no es lineal. México no va hacia un modelo “cashless”, sino hacia un equilibrio complejo entre múltiples formas de pago.

La verdad incómoda: escalar ya no es suficiente

Durante años, el mensaje fue claro: hay que crecer. Hoy el mensaje es distinto: hay que crecer con inteligencia. Porque el tamaño, por sí solo, no protege. De hecho, puede amplificar errores. Emitir millones de tarjetas sin una gestión de riesgo sofisticada puede deteriorar la rentabilidad más rápido de lo que se construyó.

Ganar en este mercado requiere algunas cosas, pero ninguna es trivial:

  1. Mejor riesgo, no más riesgo: usar datos alternativos, modelos dinámicos y decisiones en tiempo real.
  2. Mejor adquisición, no solo más rápida: el onboarding digital es clave, pero no puede sacrificar calidad.
  3. Mejores alianzas: el crédito ya no se vende solo; se integra en ecosistemas.
  4. Mejor balance de ingresos: depender solo del interés es cada vez más riesgoso.
  5. Mejor experiencia: porque cuando el producto es similar, la experiencia define la permanencia.

Lo que viene: más grande, pero más exigente

El mercado probablemente seguirá creciendo hasta superar los 21 mil millones de dólares en los próximos años. Habrá más tarjetas, más transacciones y mayor digitalización.

Pero también habrá menos margen para equivocarse.

La regulación seguirá evolucionando, los márgenes seguirán presionados y la competencia seguirá sofisticándose. El mercado, en esencia, se está volviendo más eficiente. Y en mercados eficientes, la ventaja no está en participar, sino en ejecutar mejor que los demás.

La verdadera pregunta ya no es quién crecerá más rápido, sino quién entenderá mejor el nuevo equilibrio: un mercado grande, dinámico, pero cada vez menos indulgente. Porque en el negocio de tarjetas en México, el reto ya no es entrar, es permanecer rentable.

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