Al principio y al final de Una constelación distante (Distant Constellation, 2017) se plantea un misterio. Al contrario de los ridículos manuales de guión donde se aconseja no iniciar las películas con los protagonistas despertando, la directora turcoestadounidense Shevaun Mizrahi filma justo eso: un grupo de obreros deja el sueño para comenzar su jornada en una construcción. En los bordes de la película nos encontramos con estas escenas matutinas, y la pregunta que se comienza a manifestar hacia la mitad, y una vez comenzados los créditos, es: ¿por qué están ahí? La mayor parte del metraje la ocupa la crónica de un asilo de ancianos que se ubica al lado del edificio en proceso. Obviamente la distancia crea un vínculo, pero debe haber algo más, o estaríamos ante un mero capricho, y dudo mucho que se trate de eso. Más bien, como lo sugirió Eisenstein, es el contraste el que da sentido a esta inesperada convivencia, pero me gustaría llegar a mi interpretación ya que haya descrito el argumento principal de Una constelación distante.

Inmediatamente después de la primera escena nos encontramos con un par de ancianos que cantan —muy mal pero con mucho ímpetu— “La marsellesa”. Es una espontánea imagen de resistencia donde, probablemente, estos dos hombres no intuyan o planeen el sentido que parece darle la directora, pero en el contexto de lo que vendrá después, pareciera sugerir la insurgencia contra las muchas formas del tiempo, una de las cuales es el inmaterial rastro de la memoria.

Selma, una mujer cuya familia sobrevivió el genocidio armenio, habla de violencia y tortura. Recordar es un flagelo, pero también una advertencia y el agradecimiento de haber vivido para contarlo. Afortunadamente Selma tiene historias más amables, pero el tiempo también se manifiesta como el desgaste de su cuerpo, que ya no soporta estar mucho tiempo despierto. En una escena difícil de describir en un solo adjetivo, ella se queda dormida en medio de una anécdota. Es enternecedor ver a una mujer convertirse, de nuevo, en bebé. Pero ella es una adulta consciente de las implicaciones, y al despertar pide, desconcertada, que la disculpen. El tiempo es humillante, pero la acción de continuar el relato destaca la batalla de Selma y los demás personajes.

En general, las emociones de Una constelación distante provienen más de los personajes que de las controladas imágenes de Mizrahi , es decir, los planos se mantienen inmóviles, fríos, salvo por una secuencia donde la nieve asume una identidad mortífera y desoladora, pero la conmoción que sintamos en el resto de la película nos la provocan los relatos y las acciones de los personajes. Mizrahi, sin embargo, sí nos manipula al elegir a Selma, o a un fotógrafo que repite todas sus frases varias veces con su voz aguda, y que se comienza a desesperar porque la vista ya no le permite ejercer su oficio. También hay cierta carga emocional cuando lo vemos sentado al lado de una ventana donde se ven las grúas vecinas, probablemente sobrepuestas en la edición, ya que el ángulo no concuerda con el de la ventana. Pero imágenes como esta son pocas y se esparcen lejos de sí a lo largo de la película.

Quizás el artificio más interesante de Mizrahi sea el sonido. En una escena de hipnotismo un zumbido abruma el silencio, y en algún punto un golpe comienza a sugerir la presencia de los aviones que pasan sobre el asilo. Mizrahi combina imágenes y sonidos para crear una correlación que probablemente no existió en la realidad y demuestra así que sus intenciones son, sobre todo, lúdicas. En vez de hacer su documental con un estilo directo, Mizrahi usa las imágenes de manera creativa para reinventar el mundo que observa. Y es así como se van aclarando el tema y la relación con los obreros.

Las grúas sugieren ominosas torres de un tiempo a venir. Su objetivo es construir algo que en algún momento será tan decadente como los cuerpos de los protagonistas. En contraste con ellos, los obreros se notan más jóvenes de lo que son, pero su libertad está condicionada a su capacidad para trabajar. Oprimidos ellos por el empleo, y los ancianos por sus limitaciones físicas, Mizrahi parece sugerir la escasez de tiempo en nuestras vidas. Un viejo casanova simplemente piensa: “la vida es así”. Su resignación se contrapone, o quizás acompaña, su fascinante personalidad. A menudo este hombre, una especie de intelectual, habla de sus experiencias sexuales en la juventud; si no, lo vemos tocando el piano o dando sus impresiones sobre Lolita , de Vladimir Nabokov . En un punto le hace una petición a la joven directora que nos muestra el extraño desafío provocado en algunos por la fuente universal de nuestra desesperación: la muerte. Entre más se acerca, más nos aferramos a la vida.

A pesar de que todo en la película está afirmado como efímero, Mizrahi cierra con una historia de resurrección. Más que desdecirse, Una constelación distante trata la contradicción como tema. La juventud y la vejez; el trabajo y el ocio; la decadencia y la construcción, se nutren mutuamente aunque parecen distanciadas por galaxias enteras. En el centro de todo, un inasible hoyo negro nos succiona hacia la nada, pero antes de eso vivimos en los bordes fabricando nuestro propósito.

Twitter:@diazdelavega1

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