Suscríbete

Las mejores películas de 2020 

Alonso Díaz de la Vega

En 2020 no hubo cines —al menos unos meses— pero definitivamente hubo cine. En streaming; en festivales que se realizaron en salas y compartieron su programación en plataformas; en pequeños estrenos con sana distancia, y hasta en debuts guerrilleros por Vimeo y YouTube, la imagen demostró que no depende del celuloide para ser cine; sin embargo ver películas en cuartos iluminados, interrumpidas a menudo por un nuevo mensaje del trabajo, demostró una cosa más: que al ver cine en casa hay una pérdida. Esto nos ha obligado a pensar en el significado de una democratización auténtica de la imagen: si las condiciones de la sala de cine mejoran la experiencia, vale la pena recrearlas en casa, y si ello implica una inversión significativa, la democratización de las imágenes sólo puede empezar con la lucha contra la desigualdad. No hay de otra. 
 
Dicho todo esto, no me queda más que compartir las que me parecen las mejores películas de 2020. El criterio, en términos de elegibilidad, incluye los estrenos que vi este año de uno u otro de los modos que mencioné antes, pero excluye lo que vi, digamos, por medios menos convencionales —ni modo, con suerte hablaremos en 2021 de Days (Rizi, 2020) y Lovers Rock (2020); de Fourteen (2019) sólo puedo decirles: búsquenla por los medios que sean necesarios—. En términos estéticos, mis pautas son indefendibles: ni creo, para empezar, que existan películas objetivamente mejores que otras, ni creo que mi criterio sea definitivo: escogí lo que me gustó. Finalmente, dados los extraños meses que se nos vinieron encima, decidí hacer una lista no de diez sino de todos los mejores estrenos que me encontré. Quizá sea una mejor tradición de aquí en adelante para demostrar que no existen malos años para el cine; en todo caso lo que falla, a veces, es la distribución, pero para eso están los festivales: para recordarnos que el cine no acaba en la cartelera comercial: apenas si empieza ahí. 

 
Diamantes en bruto (Uncut Gems, 2019) 

thumbnail_diamantes_en_bruto.jpg
 
Desconcertante y enérgica, la más reciente película de los hermanos Josh y Benny Safdie es una zarandeada al público que la ve. Todas las decisiones parecen tomadas para hacernos sentir la enloquecida carrera de un irritante apostador —brillantemente interpretado por Adam Sandler— que se juega todo en un ejercicio incomprensible de nihilismo capitalista. 
 
Distancias íntimas (Intimate Distances, 2020) 
 
La directora de casting Martha Wollner se sale a la calle a hablar con extraños mientras una cámara oculta la observa desde un edificio. En ese acto nos encontramos con una soledad y un voyerismo propios de estos meses de pandemia, pero también se asoman la compasión y la ternura que nos harán sanar del encierro. Más que hablarnos de un panóptico, el director Phillip Warnell nos recuerda lo que son los otros: formas inesperadas de nosotros mismos. 
 
El año del descubrimiento (2020) 
 
En una cantina se reúnen veteranos de las luchas sindicales murcianas para hablar de sus experiencias y de muchas otras cosas que tienen que ver con la crítica a la decadencia capitalista. El director Luis López Carrasco a veces divide la pantalla en dos para mostrarnos varios diálogos simultáneos y expresar la cantina donde suceden los diálogos —o monólogos— como el espacio esencial de la esfera pública. 
 

Estaba en casa, pero… (Ich war zuhause, aber, 2019) 

thumbnail_estaba_en_casa_pero.jpg
 
La maravillosa directora alemana Angela Schanelec logra hacer de lo cotidiano un lugar y un tiempo de magia melancólica. En su estilo bressoniano se entiende poco pero la trama sigue a una familia donde el padre murió, la madre intenta reconstruirse y los hijos conviven con el enojo propio y externo contra una existencia que parece a la deriva pero que al final se resuelve en el amor. 
 
 
Funeral de Estado (State Funeral, 2019) 
 
Más que película, Funeral de estado es una máquina del tiempo: un regreso milagroso al funeral fastuoso y terrible de Stalin. Serguéi Loznitsa convoca al pasado mediante un impecable trabajo de edición visual y sonora que no sólo da coherencia a los kilómetros de metraje que existen sobre aquel día sino que incluye a la audiencia en el momento y critica con agudeza el culto a la personalidad. 
 
Heimat es un espacio en el tiempo (Heimat ist ein Raum aus Zeit, 2019) 
 
Esta película es muchas cosas: ensayo biográfico, reflexión sobre la historia alemana, reencuentro con la familia a partir de sus cartas y documentos, pero lo más asombroso es una escena donde vemos pasar hojas con nombres de judíos deportados por el gobierno nacional-socialista. Los nombres se deslizan a través de la pantalla y conmueven con su volumen inagotable: simbolizan cada vida que terminó en la crueldad más abyecta. 
 
In Memoriam (2019) 
 
Jean-Claude Rousseau se filma a sí mismo escribiendo, viendo la tele, haciendo nada. Pero de repente se escucha la voz de Chantal Akerman en una entrevista y entendemos a qué se refiere el título: In Memoriam es un cortometraje que homenajea a la gran cineasta belga con la pasividad propia ambos cineastas. En sus ratos inmóviles Rousseau está pensando en ella, recordándola como debimos hacerlo en octubre de 2015, cuando el cine perdió un silencio elocuente y temporalmente inmortal.  
 
La casa señorial (Malmkrog, 2020) 
 
En una reunión durante lo que parecen mediados-finales del siglo XIX, un grupo de aristócratas  discute la guerra, el colonialismo, la divinidad. Eso es todo. En algún punto parece haber una insurrección pero no queda claro si es un vistazo del futuro o una fantasía. El director rumano Cristi Puiu parece decidido a aburrir a la audiencia con el fin de subrayar la autocomplacencia aristocrática, ¿o acaso está de acuerdo con sus personajes? Espacio de ambigüedades, La casa señorial es una película maleable donde uno no recibe: inventa. 
 
La France contre les robots (2020) 
 
En el más reciente cortometraje del cineasta fundamental Jean-Marie Straub, se escucha el texto epónimo de Georges Bernanos mientras un sujeto pasea junto a un lago. De repente el cortometraje termina y vuelve a empezar con otra iluminación. El contraste sugiere la repetición de la historia, primero como crepúsculo, luego bajo la luz del sol. El ciclo de una historia de opresión industrial no acaba: reinicia como el día y la noche. 
 
La metamorfosis de los pájaros (A Metamorfose dos Pássaros, 2020) 
 
La cineasta portuguesa Catarina Vasconcelos hace un recorrido por una historia familiar que podría o no ser ficticia. Al final no importa; su película no se desarrolla convencionalmente, es decir, con protagonistas y acciones dramáticas, sino que crea retratos en movimiento que aluden a la tradición pictórica y seducen los sentidos del público. La memoria sensorial se convierte en una forma narrativa. 
 
Les enfants D’Isadora (2019) 
 
En este tríptico nos encontramos con una bailarina que estudia una coreografía de Isadora Duncan; luego vemos a una niña con síndrome de Down que practica esa misma coreografía para presentarla en vivo, y finalmente una mujer ve esa presentación y se siente conmovida e inspirada. Damien Manivel nos da una inusual película de fantasmas donde la obra y la influencia son una manifestación ectoplásmica. Toda persona que viva en el presente es, de algún modo, hija de Isadora. 

Pienso en el final (I’m Thinking of Ending Things, 2020) 

pienso_en_el_final.jpg
 
Exageradamente controversial, la más reciente película de Charlie Kaufman ni quiere ni necesita ser entendida y mucho menos explicada. Sin embargo, eso pasó y sus significados se diluyeron en discusiones pobres que obviaron o ignoraron la inmensa fuerza joyceana con la que representa una consciencia y la cultura que forma sus ideas. Por encima de todo, lo que nos quiere decir Pienso en el final es que amamos como creemos que se ama.  

Primera vaca (First Cow, 2019) 

thumbnail_primera_vaca.jpg 

Kelly Reichardt es una de las mayores cineastas estadounidenses en activo. Cualquier estreno suyo implica buenas noticias pero Primera vaca, en particular, resulta maravillosamente sencilla. No simple, sino una tierna imagen de la amistad entre dos hombres en el siglo XIX. Esencialmente la película es un western pero destruye tan a menudo las convenciones con su gentileza y su minimalismo que resulta difícil de encasillar. Su fin, más que formalista o temático, es radicalmente gentil.  
 
Punto y línea al plano (Point and Line to the Plane, 2020) 
 
La directora canadiense Sofia Bohdanowicz cuenta una inusual historia de fantasmas donde la pintura vanguardista de Vasili Kandinski y Hilma af Klint se convierte en una forma de invocar a los muertos. Es lo mismo que proponía Olivier Assayas en Personal Shopper (2016) pero Bohdanowicz no se enreda con una variedad inagotable de temas sino que se concentra en el éxtasis estético como un contacto con la otra orilla. Prefiero su versión.  
 
The Grand Bizarre (2019) 
 
No hay mucho aquí en términos de trama, pero sí de sensaciones. Cine háptico, The Grand Bizarre es un juguetón ejercicio de la directora Jodie Mack, que explora la tela como sensación, como color, de una forma inagotablemente creativa. Sus artefactos de edición y composición parecieran no acabarse y, gracias a ello, elimina cualquier noción de tope a la imaginación.  
 
The Green Fog (2017) 
 
En un generoso gesto, el cineasta canadiense Guy Maddin permitió que su más reciente película se viera en su cuenta de Vimeo. Ya se había proyectado el año anterior en Black Canvas pero apenas pude asombrarme con su manera de recortar nada menos que churros filmados en San Francisco para crear con los fragmentos una nueva versión de Vértigo (Vertigo, 1958). Lo que resulta es inmenso en sus significados: el cine como memoria del cine mismo y de los espacios donde se crea. 
 
The Plagiarists (2019) 
 
Una pareja tiene problemas con su coche y se queda en casa de un extraño. El hombre les regala una videocámara y les cuenta algo de su vida, pero tiempo después la pareja descubre que el hombre citó palabra por palabra un pasaje de Mi lucha, de Karl Ove Knausgård. ¿Por qué lo hizo y qué significa su acción? En la indagación se asoma el racismo oculto de los jóvenes blancos y liberales y la idea del arte como un texto en cambio constante. ¿Importa quién diga las cosas o las filme? ¿Importa quién las oiga o las vea? 
 
Todo lo que se olvida en un instante (Everything That Is Forgotten in an Instant, 2020) 
 
Richard Shpuntoff inicia un diálogo entre opuestos: Nueva York y Buenos Aires; el hogar primigenio y el adoptado; el español y el inglés; el imperio y la resistencia. El mundo es entendido como una dualidad en este ensayo donde precisamente las diferencias son lo que subraya las reconciliaciones. 
 
Un buen día en el vecindario (A Beautiful Day in the Neighborhood, 2019) 
 
En esta película de Marielle Heller protagoniza Tom Hanks en el papel de Mr. Rogers, un tío Gamboín estadounidense pero sin los arrebatos autoritarios que enseñó a los niños a comunicarse con sus vecinos, sin importar sus diferencias, y a encontrar en la cordialidad el elemento primordial de la vida en común. En buena medida es una película convencional pero de repente Heller encuentra momentos maravillosos de silencio y de compasión que conmueven y transforman. 
 
Un insólito verano (An Unusual Summer, 2020) 
 
Las imágenes de este filme de Kamal Aljafari fueron capturadas por una sola cámara a lo largo de meses: todas son el metraje de una cámara de seguridad que instaló su familia y que revelan no sólo las rutinas de los vecinos que pasaban enfrente sino la inmensa humanidad que contienen. Ver a otros, resulta, es un ejercicio de entendimiento y, en este caso, también de memoria.  
 
Vitalina Varela (2019) 

vitalinavarela.jpg
 
Pedro Costa, uno de los cineastas más importantes del panorama contemporáneo, vuelve con una de sus mayores películas, inspirada por una mujer real. Con su iluminación y planos a la Jacques Tourneur, Costa nos brinda una imagen escultural de la determinación frente a la desgracia. Vitalina, la protagonista e inspiración, es un monumento invencible que, si bien no logra someter a la realidad, se niega a hincarse ante ella. La marginación económica, étnica y lingüística son insuficientes para erosionar la tierra impoluta de la que está hecha esta mujer inmensa.  
 
Wolfwalkers (2020) 
 
Una demostración más de que la animación no empieza y termina en Pixar, Wolfwalkers se vale de un estilo que imita los antiguos documentos irlandeses para enfrentar el fanatismo religioso, el colonialismo y el desprecio por la naturaleza. Tomm Moore y Ross Stewart demuestran que su estudio, Cartoon Saloon, es un rival importante para Pixar y su hegemonía.  
 
Twitter:@diazdelavega1 

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios