Historia de un matrimonio, o el fantasma superficial

Alonso Díaz de la Vega

Este año me he acordado de una nota explicativa que escribió Borges sobre la tierra imaginaria de Tlön: “Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare”, dice, “son William Shakespeare”. Este año se ha asumido —erróneamente, yo pienso— que porque Guasón (Joker, 2019) cita imágenes de Taxi Driver (1976), es Taxi Driver. No es el único caso. A un año del centenario de Ingmar Bergman, el fantasma del director sueco se aparece en películas de Ari Aster y Noah Baumbach que hacen a muchos asumir que porque ambos directores saben quién es Bergman e incluso han visto varias de sus películas, no sólo lo entienden: lo encarnan. Aster imita bien las imágenes de su maestro en El legado del diablo (Hereditary, 2018) y Midsommar (2019), pero no me parece que logre lo mismo en cuanto a la dramaturgia —aunque, siendo justo, me parecen mejores los guiones que hizo Bergman para su cine en blanco y negro; Aster imita el periodo a color—. Baumbach invoca a Bergman ocasionalmente en Historia de un matrimonio (Marriage Story, 2019), pero no de manera tan intensa como los memes y los hilos de Twitter lo hacen parecer.

Escenas de un matrimonio (Scener ur ett äktenskap, 1974), de Bergman, es un sutil melodrama que retrata el efecto, tan repelente como atractivo, de una persona a la que hemos conocido íntimamente por décadas. Su fin es representar un ping pong emocional donde se afirma, al contrario de José José, que el amor no acaba. Historia de un matrimonio imita algunos planos, algunos colores, del filme de Bergman, pero su tono es completamente distinto y su conclusión habla, más bien, sobre la transformación del amor. En Escenas de un matrimonio la ligereza se cruza frente a su tono frío, pero en el filme de Baumbach es el melodrama el que interfiere con la comedia, más o menos como pasó en Margot y la boda (Margot at the Wedding, 2007) o en The Meyerowitz Stories (New and Selected) (2017). Entonces nos encontramos frente a un filme de Noah Baumbach que, aunque nos invita a compararlo con Bergman, queda mejor parado si lo entendemos como pariente de Frances Ha (2012).

De hecho, en Historia de un matrimonio nos topamos con personajes evocadores de la despistada bailarina que interpretó Greta Gerwig. Por ejemplo, Sandra (Julie Hagerty) y Cassie (Merritt Wever), la madre y la hermana de Nicole (Scarlett Johansson), son torpes y excéntricas: caricaturas como todos los personajes que rodean a la pareja protagónica. Laura Dern es histriónica en sus diatribas feministas como la abogada de Nicole durante el divorcio que ocupa la trama, mientras que Ray Liotta es rudo y agresivo en su interpretación del defensor de Charlie (Adam Driver). Baumbach se revela así como un creyente en los estereotipos de género y nos recuerda su conservadurismo frente a la modernidad. Ya desde Mientras somos jóvenes (While We’re Young, 2014) se aprecia su desdén por los millennials, a quienes representa como trepadores insaciables que traicionan a una inocente pareja de la generación X. Afortunadamente los protagonistas de Historia de un matrimonio son mucho más vastos.

Al comienzo de la película Charlie enumera las virtudes de Nicole, entre las que se encuentran escuchar a otros y cortar el pelo de la familia. Después le toca su turno a ella y así conocemos a estas dos personas que exceden cualquiera de los estereotipos que envuelven a los demás personajes. La naturalidad de Johansson y Driver evita los excesos y nos da sólo una escena propiamente melodramática donde la comparación de una y otro con sus respectivos padres aligera un intenso pleito que incluye un puñetazo en la pared. Cuando ambos o alguno de ellos interactúa con los demás, Baumbach balancea los distintos tonos de los actores y tiende a orientarlos a la comedia, aunque a veces explora distintos niveles de intensidad y llega incluso a momentos de farsa. Esto sucede cuando Cassie debe entregar los papeles de divorcio a Charlie pero rebaja la dureza del momento con su extraño comportamiento. La escena funciona por sí misma, sin embargo contrasta mucho con las que la rodean y logra, más bien, desestabilizar la película.

Además de esta variedad en el tono, la ambición de Baumbach provoca también un abanico de temas que la película aborda, a veces, en una sola escena: la separación, la amistad que reemplaza el matrimonio, la voracidad de los abogados, la intromisión del Estado con sus cuestionables fundamentos morales. Este último tema es tratado con la visita de una caricaturizada trabajadora social, cuya voz y preguntas denotan una estupidez insondable. La hilarante resolución de la escena sugiere la absurda necesidad de los padres por quedar bien con el gobierno para obtener la custodia de sus hijos, sin embargo es más una aguda burla que una reflexión compleja. Por otra parte, el tema de los abogados cierra con una incongruencia: la gratitud de Nicole traiciona todas las representaciones anteriores de vileza y afirma la superficialidad de la película. Bergman era muchas cosas —varias malas— pero no anecdótico. Por eso se aprecia la distancia que el propio Baumbach establece en su película. Habrá que respetarla.

Twitter:@diazdelavega

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios