The Green Fog, o la reconstrucción maleable

Alonso Díaz de la Vega

Guy Maddin es cineasta pero sobre todo cinéfilo. Su hambre de cine no es voraz como la del coleccionista, sino democrática, orientada a la misión de absorber clichés que él convierte en homenajes a lo trillado. Umberto Eco pensaba que el placer de los lectores de cómics frente al inevitable triunfo del bien era idéntico al de los niños que se duermen escuchando el mismo cuento todas las noches; también al de los antiguos, que se emocionaban con la enésima vez que se sacaba los ojos Edipo. Maddin abarca usualmente ese placer repitiendo patrones que ya hemos visto en películas populares y de bajo presupuesto, pero en su más reciente largometraje, The Green Fog (2017), Maddin ahonda por completo en la repetición al reconstruir, por primera vez, una película entera. Y qué película: Vértigo (Vertigo, 1958), quizá la mayor obra de Alfred Hitchcock.

¿Es indispensable conocer Vértigo antes de ver The Green Fog? Considerando que el significado de Maddin está en la repetición y en las sutiles divergencias, ver la segunda película ignorando la primera nos dejaría con una imagen miope. Afortunadamente, en tiempos de digitalización la cinefilia se hace más fácil. Vértigo está disponible para rentarla en YouTube y en Clarovideo sin necesidad de una suscripción. Resuelto el problema, ahondemos en The Green Fog.

Ya desde el título Maddin alude a Vértigo y a la que bien podría ser su escena más hermosa y terrible: Scottie Ferguson (James Stewart) espera en un cuarto de hotel a una muchacha llamada Judy Barton (Kim Novak). La conoció hace poco y está obsesionado con ella porque se parece a otra mujer que amó. En un romance cruel que la cosifica, Scottie le ha cambiado el color del cabello y la ropa a Judy para que encarne a la mujer disuelta. Cuando la ve llegar disfrazada, Scottie se molesta por un último detalle y le exige a Judy recoger su cabello. La música de Bernard Herrmann se dirige a un clímax operático cuando ella sale del baño. Judy, convertida en otra, emerge de una niebla verde y mórbida para besar a Scottie. Ambos se tocan y la habitación gira hacia el último lugar donde este hombre trágico vio al modelo de Judy. De repente los envuelve el humo neón como un anuncio catastrófico.

Cuando llegamos a esta escena en The Green Fog, Maddin y sus codirectores y editores, los hermanos Evan y Galen Johnson, nos muestran a otros personajes investigando la misteriosa niebla que viene de la habitación. Lo inusual es que estos personajes no tienen pares en la original Vértigo y tampoco son exclusivos de The Green Fog. En realidad provienen de imágenes de Infierno en la torre (The Towering Inferno, 1974) y de otras películas y series filmadas en San Francisco, donde se sitúa Vértigo. Toda la película de Maddin es un ejercicio cinéfilo que reconstruye una obra maestra con los pedazos de otras películas o programas, y que introduce imágenes de espectadores —sustitutos nuestros en la pantalla— para recordarnos el vínculo inevitable entre lo proyectado y quienes lo miran. El propio Hitchcock sugirió esto en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954), pero aquí el tema no es meramente el placer y la emoción de observar sino la memoria implicada en una proyección cinematográfica.

Mirar las imágenes de La conversación (The Conversation, 1974) o de The Streets of San Francisco (1972-1977) es reparar la distancia entre su lugar de filmación y los espectadores que vemos hoy The Green Fog, un mapa en movimiento de una ciudad y su filmografía. San Francisco aparece colorida en filmes de los 70 o 90, o monocromática en los que se hicieron antes de Vértigo. Ni inmortal ni inmutable, la ciudad se revela longeva, cambiante. The Green Fog, resulta, es también una extraña máquina del tiempo. Las calles y los años se juntan en una plastilina que Maddin y sus codirectores amoldan para simular Vértigo pero en cuyas formas nos encontramos muchísimas otras cosas, entre ellas muchos rostros.

Scottie y Judy reencarnan en Jeff Bridges y Glenn Close; en Andy García y Meg Ryan. En algún punto Scottie encuentra en Chuck Norris su forma menos esperada y, afortunadamente, menos seria. The Green Fog, ya debe ser evidente, es una película experimental donde las imágenes funcionan como signos de un vasto vocabulario, sin embargo no se trata de un ejercicio excluyente o estricto, al contrario, como el resto de la filmografía de Maddin, es juguetón, leve. A eso se debe el montaje de Norris, que en vez de ocuparse en espectaculares madrizas aparece rubio, joven y sin bigote, vulnerable como una canción de N’Sync que observan agentes voyeristas en una pantalla.

Al final de Vértigo hay una revelación y un forcejeo. Maddin los representa con gritos de otras películas que incluyen, notablemente, al rey del rencor, Nicolas Cage, en La roca (The Rock, 1996), pero además hay un detalle significativo que cambia: caen cuerpos de hombres. Los espectadores de Vértigo entenderán. ¿Por qué altera The Green Fog un detalle tan significativo? Probablemente no había otras imágenes de caída en el repertorio de cine sanfranciscano, pero si ignoramos la causa práctica y nos aventuramos a interpretar, podríamos pensar que la tragedia se invierte: Maddin reinventa Vértigo y hace de The Green Fog, entre muchas otras cosas, un acto de revisión. Más que repetir, la película interactúa con el pasado como nosotros al recordar. No nos viene a la cabeza lo que pasó materialmente sino las abstracciones que inventamos. A Maddin le regresa Vértigo no como es sino como la suma de las imágenes que le evoca, y como la alternativa en su consciencia que modifica lo que vio.

The Green Fog se presenta gratis en la cuenta de Vimeo de Guy Maddin: https://vimeo.com/356966508
Vértigo está disponible para rentarla en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=pdvSFbNoN3M y en Clarovideo: https://www.clarovideo.com/mexico/vcard/homeuser/Vertigo/557167
Twitter:@diazdelavega1

 

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