El domingo 31 de mayo, en el acto organizado para conmemorar el segundo aniversario de su triunfo, en el Monumento a la Revolución, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió meter a su gobierno y al país en un tobogán. Poco importa que a la mañana siguiente, durante su conferencia de medios, haya intentado matizar sus acusaciones aclarando que el injerencista no es Trump sino la ultraderecha.

La investigación de la fiscalía en Nueva York constituye un juicio terrible sobre lo que ocurre en México: ya no se trata de una región o de un municipio, sino de toda una entidad federativa —o quizás varias: Sonora y Tamaulipas— controlada por un grupo criminal, lo que confirma que, como alguna vez dijo el propio Rubén Rocha, no se puede gobernar sin el acuerdo con los narcos.

La Presidenta concluye —y no le falta razón— que después de Los diez de Sinaloa vendrán por otros, lo grave es que en un extremo puedan venir por Andrés Manuel y todo se descompondrá.

Es cierto, el gobierno de la presidenta Sheinbaum impuso un giro en la política de seguridad, no más “abrazos, no balazos”, la fuerza del Estado está confrontando a las organizaciones criminales como lo muestra el número de detenidos y abatidos, sin embargo, esta línea de acción ha tenido un límite evidente: caen alcaldes, pero nadie más arriba.

¿Qué va a suceder cuando los dos integrantes del gabinete de Rocha Moya que se entregaron reconozcan la colusión de ese gobierno con el cártel de Los Chapitos y que esas revelaciones se acompañen con evidencias contundentes? ¿El gobierno mexicano denunciará al sistema judicial norteamericano como faccioso? ¿Al mismo sistema que ha exaltado porque procesó y condenó (con las revelaciones de testigos colaboradores de nula credibilidad) a Genaro García Luna?

Ante las múltiples advertencias desde el gobierno norteamericano sobre el control que ejercen los cárteles en un tercio del territorio nacional, la respuesta de la Presidenta ha sido patriotera. ¿Soberanía como subterfugio para cubrir delincuentes? ¿Podrá llamarse patriotismo a la decisión de enfrentar a Donald Trump, arrostrando todos los riesgos que entraña para el país?

Cada vez se vuelve más oscuro el panorama, distintas voces desde la academia, los medios independientes y la oposición advierten de los enormes riesgos de agregar, al lamentable desempeño de la economía y la mediocridad de la gestión pública, la decisión de chocar con la administración Trump.

Adiós a la cabeza fría, lo que exhibió el domingo anterior la doctora Sheinbaum es el discurso exaltado de una mujer en apuros. El CEU en plena acción. Solo que ahora los ceuistas ya no son veinteañeros que le pueden mentar la madre a los gringos sin consecuencias, hoy la mayoría rebasan los 60 años y representan a un país.

Si los gringos vienen a buscar a los narcopolíticos en México, ¡hay que mandarlos a La Chingada!

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