¿Se puede convencer con el ejemplo? José Ramón López Beltrán, hijo mayor del presidente, es un bon vivant, son innumerables los ejemplos de su manera de vivir: sus vacaciones en destinos exclusivos, su casa en Houston con alberca de 23 metros rentada a un alto funcionario de una empresa proveedora de Pemex, su asistencia en zonas VIP a los eventos más exclusivos, la fastuosa fiesta de cumpleaños de su hijastra en Culiacán...

El primogénito ha disfrutado de la protección de Daniel Chávez Morán, dueño del Grupo Vidanta que forma parte del Consejo Asesor Empresarial del presidente. Enfrentado a los cuestionamientos sobre la manera de vivir de José Ramón, López Obrador apenas acertó a decir: “parece que la señora tiene dinero”; después, con una lógica impecable (“no somos los peores”), se dedicó a exhibir las propiedades de Carlos Loret de Mola y a retarlo a intercambiar patrimonios. La respuesta de Loret ha sido impecable: “yo sí trabajo, no soy traficante de influencias como sus hijos”.

Mientras tanto, el segundo hijo, Andy, promueve la inserción de sus amigos en el gobierno de papá, actúa como gestor para la obtención de jugosos contratos para sus cercanos y va construyendo un patrimonio a partir de su fábrica de chocolates.

Algo así ocurrió en el caso de don Benito Juárez, no bastó el ejemplo del prócer. Su hija Felicitas se casó con el español Delfín Sánchez, un hombre opulento que, según escribió Fernando Benítez, “muy pronto se convirtió en el principal contratista del Ministerio de Guerra, junto con su hermano José, quien se casaría con María de Jesús, la otra hija de Juárez. Otro español, Pedro Contreras Elizalde, contrajo matrimonio con Margarita y luego de convertirse en diputado, consiguió un puesto de mucha importancia en la comisión formada para la reorganización de la educación pública. Todos los hijos de Juárez se casaron con europeos o descendientes de europeos, por lo que muchos criticaron a don Benito Juárez. Pero habría que recordar que estas acciones atañen más a los gustos de sus hijos que los del propio Juárez”, justifico Benítez.

Al inicio de este gobierno, la fastuosa boda de César Yáñez, el hombre que por muchos años acompañó a López Obrador en su andar por todo el territorio nacional, provocó un enfriamiento en su relación, que apenas se corrigió en el último tramo de este gobierno. Por otra parte, los impactos mediáticos de la residencia ostentosa de Santiago Nieto y Carla Humphrey y su boda en La Antigua, Guatemala, llevaron a la renuncia del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

Al presidente, que proclama la austeridad republicana, que llama fantoches a los funcionarios que viajan en vehículos de lujo con ayudantes que les cargan los portafolios y repudia a quienes estudiaron en el extranjero (“donde solo aprenden a robar”), que repudia el nepotismo, la corrupción y el tráfico de influencias, pero decidió mudarse al fastuoso palacio virreinal, lo desmienten día con día su propia realidad y la de su familia. “Por el bien de todos primero los López”.

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