A Violeta Núñez Rodríguez, Sol González Eguía y Paulina del Castillo Poblano, ejemplo de la mitad del mundo en acción solidaria
Producto del trabajo periodístico en este diario, elaboré el documento Gaza: genocidio, ecocidio y memoricidio (ISBN 978-607-8049-38-7). Se trata de una denuncia política, ética y humanitaria sobre la destrucción sistemática del pueblo palestino, particularmente en Gaza y Cisjordania. En el texto sostenemos (más correctamente en plural por las múltiples influencias) que lo ocurrido no puede reducirse a una guerra convencional ni a una sucesión episódica de ataques militares, pues se trata de un proceso histórico, estructural y planificado de exterminio. Antes de ejecutar la tarea necropolítica, la fracción más reaccionaria del pueblo de Israel, materializada en su gobierno, diseñó los pasos a seguir para alcanzar su meta sionista. Así, podemos destacar tres conceptos fundamentales articulados: genocidio, ecocidio y memoricidio. En esta mediación criminal la ofensiva israelí no sólo busca eliminar físicamente a la población palestina, sino destruir las condiciones materiales, ambientales, culturales y simbólicas que hacen posible su existencia colectiva.
El genocidio se presenta como una política integral de aniquilación: asesinato masivo de civiles, a la par de una estrategia que combina bombardeos indiscriminados, hambre, desplazamiento forzado, destrucción de hospitales, escuelas y viviendas, así como la eliminación deliberada de niños y mujeres (p. ej. francotiradores que apuntan en dos ocasiones a víctimas mortales, para que no haya evidencias de vida, es decir, los re-matan en el sentido estricto del término). La violencia actual tiene raíces históricas profundas, vinculadas con la Nakba de 1948 y la ocupación de 1967, procesos que inauguraron una lógica permanente de despojo territorial y colonización. Tratamos de documentar cómo el discurso oficial israelí ha deshumanizado sistemáticamente al pueblo palestino, calificando a los palestinos como “animales”; negando su existencia como pueblo, lo que recuerda las formas históricas de deshumanización presentes en otros genocidios del siglo XX, en donde paradójicamente el pueblo judío fue objeto de aniquilación.
Un aspecto que resaltamos es la centralidad otorgada a la infancia palestina, pues sostenemos y documentamos que en Gaza se vive una “guerra contra los niños”: la niñez se convierte en objetivo estratégico. Los bombardeos sobre escuelas, hospitales y barrios residenciales; el bloqueo de alimentos y agua; y el asesinato de personal médico y educativo muestran que el propósito no es solamente derrotar a milicias armadas, sino impedir la reproducción social futura del pueblo palestino. Datos de organismos internacionales como UNICEF y la ONU (que para nada puede endilgárseles la etiqueta de terroristas) evidencian el aumento dramático de la desnutrición infantil, la muerte de menores por hambre y deshidratación, así como los profundos daños psicológicos producidos por la guerra. Gaza aparece entonces como un “laboratorio del trauma”, donde generaciones enteras crecerán marcadas por el miedo, la pérdida y la devastación emocional.
El concepto de ecocidio ocupa otro eje fundamental. La guerra también se dirige contra la tierra y la naturaleza. La destrucción de cultivos, la contaminación de acuíferos, el uso de fósforo blanco y otras armas químicas, así como el arrasamiento de infraestructuras esenciales, forman parte de una estrategia destinada a hacer inhabitable Palestina (el éxodo a fuerza de metralla). El ecocidio no es visto como un efecto colateral, sino como una dimensión planificada de la guerra: destruir los suelos, el agua y las condiciones ambientales implica condenar a generaciones futuras a la miseria y al desplazamiento permanente. Se pueden, sin forzar las cosas, establecer paralelismos con Vietnam y el uso del Agente Naranja, señalando que Gaza se ha convertido en un laboratorio contemporáneo de devastación ambiental y tecnológica.
Junto al genocidio físico y al ecocidio, la acción militar e ideológica de la ultraderecha israelí desarrolla la tarea de destruir cualquier vestigio de memoria, es decir, el memoricidio en pleno. Este concepto alude al intento sistemático de borrar la memoria histórica y cultural palestina mediante la destrucción de bibliotecas, escuelas, archivos, mezquitas y espacios comunitarios. El memoricidio busca que el pueblo palestino desaparezca no sólo del territorio, sino también de la historia y de la conciencia colectiva mundial. Frente a esta acción criminal, ocupa un papel central a la escritura y a la memoria como formas de resistencia. Escribir sobre Gaza, documentar el sufrimiento y nombrar el horror constituyen actos políticos frente a la normalización de la barbarie y el silencio internacional.
Frente al acompañamiento del gobierno de Estados Unidos a la acción israelí (y las locuras del presidente más sionista del mundo, sí, Javier Milei de Argentina, que vale decir no representa a las mayorías de ese gran e importante país), y las respuestas tardías de los gobiernos del mundo (Europa levanta su voz frente a las miserias humanas mostradas por el ministro israelí Ben Gvir, en su maltrato a los integrantes de la Flotilla Global Sumud, poniendo en evidencia lo que vive la población palestina todos los días), los organismos internacionales han mostrado incapacidad para detener la masacre debido al peso de los intereses estratégicos occidentales en Medio Oriente. De este modo, Gaza se convierte en símbolo de una crisis civilizatoria más amplia: la incapacidad del sistema internacional para impedir el exterminio cuando éste es funcional a las grandes potencias.
El pueblo palestino enfrenta una forma total de violencia: una guerra contra los cuerpos, contra la naturaleza y contra la memoria. Guardar silencio frente a esta tragedia implica convertirse en cómplice del exterminio; preservar la memoria de Gaza es una tarea indispensable para impedir que la barbarie se normalice.
Pasa el breve tiempo y observamos que los maltratos asesinos descritos en el texto son, dolorosamente, vigentes, por el abecedario de muerte instrumentado por los soberbios expansionistas.
A – Agresiones sexuales
Las denuncias de agresiones sexuales contra integrantes de la Flotilla Global Sumud muestran que el cuerpo humano se convierte en territorio de castigo y dominación. La violencia no se limita al control militar: invade la intimidad física y emocional para degradar y sembrar miedo.
B – Ben Gvir
Itamar Ben Gvir encarna la radicalización ultraderechista del gobierno israelí. Sonriendo frente a activistas arrodillados, esposados y humillados, transforma la violencia en espectáculo político. España prohibió su ingreso al territorio español, en una medida simbólica frente a su discurso extremista y supremacista.
C – Costillas fracturadas
En uno de los barcos hubo 35 personas con fracturas en las costillas. El dato sintetiza la brutalidad física desplegada contra civiles desarmados cuyo único “delito” era intentar llevar ayuda humanitaria a Gaza.
D – Disparos contra la misión
Los disparos dirigidos contra la Flotilla muestran que incluso las misiones humanitarias son tratadas como objetivos militares. El mar se convierte así en extensión del campo de batalla israelí.
E – Esposados
Los activistas permanecieron esposados durante horas, afectando la circulación sanguínea y agravando las lesiones físicas. La inmovilización corporal se utilizó como instrumento de dolor y disciplinamiento.
F – Flotilla Global Sumud
La Flotilla representa la solidaridad internacional frente al bloqueo y la devastación de Gaza. “Sumud”, firmeza y perseverancia, resume la voluntad de resistir al hambre, al cerco y al silenciamiento.
G – Gaza
Gaza aparece como geografía del exterminio contemporáneo: hambre, bombardeos, desplazamiento, trauma colectivo y destrucción sistemática de las condiciones de vida.
H – Humillación pública
Las imágenes de activistas arrodillados con la cabeza contra el suelo, mientras Ben Gvir ondea la bandera israelí, condensan una pedagogía del terror destinada a mostrar poder absoluto.
I – Impunidad
La actuación israelí se sostiene sobre una estructura de impunidad internacional alimentada por el respaldo geopolítico de Estados Unidos y la tibieza de numerosos gobiernos occidentales.
J – Justificación mediática
La acusación de “terroristas” contra integrantes de la Flotilla busca criminalizar la solidaridad y legitimar la violencia estatal. Marco Rubio y sectores alineados con Donald Trump refuerzan esa narrativa (véase el Caribe en general, Cuba en particular).
K – Kahanismo
Detrás de figuras como Ben Gvir se encuentra la influencia de corrientes ultranacionalistas y supremacistas que legitiman la expulsión y el castigo colectivo contra los palestinos.
L – Legalidad internacional violada
La ONU acusó a Israel de posibles delitos de genocidio y crímenes contra la humanidad, señalando violaciones reiteradas de la legalidad internacional entre 2023 y 2025.
M – Maltrato
Golpes, insultos, humillaciones y agresiones físicas forman parte de un patrón de violencia sistemática contra quienes intentan romper el bloqueo humanitario. Para los incrédulos, vean el vídeo: https://www.facebook.com/FRANCE24.English/videos/video-of-israeli-minister-taunting-activists-sparks-outrage/1182883640590976/
N – Netanyahu
Aunque sectores del propio gobierno intentaron deslindarse públicamente de Ben Gvir, esas críticas resultan insuficientes frente a una política estructural de ocupación y violencia histórica.
Ñ – “Ñ” de niñez destruida
La letra simboliza a las niñas y niños palestinos atrapados entre el hambre, las bombas y el trauma permanente. La Flotilla pretendía romper justamente ese cerco mortal.
O – Odio
“Cinco días suficientes para tener muchas razones para odiarlos”, señalaba una activista. La frase expresa cómo la experiencia directa del maltrato deja marcas profundas en la memoria y en la subjetividad de quienes sobrevivieron.
P – Patadas en las costillas
Las patadas dirigidas contra personas indefensas reflejan una violencia corporal orientada no sólo a inmovilizar, sino a degradar y quebrar moralmente.
Q – Quebrar cuerpos y voluntades
El objetivo de la represión no es únicamente detener activistas, sino destruir la voluntad de resistencia y desalentar futuras acciones de solidaridad internacional.
R – Reclusión
La reclusión en el “buque prisión israelí” muestra cómo el control militar israelí se expande incluso a aguas internacionales, transformando los mares en espacio potencial de encierro.
S – Solidaridad criminalizada
La ayuda humanitaria es presentada como amenaza terrorista. La criminalización de la solidaridad constituye una de las expresiones más perversas de la guerra contemporánea.
T – Táser
El uso de pistolas eléctricas (táser) contra civiles desarmados confirma el carácter coercitivo y desproporcionado del operativo israelí.
U – Uso desproporcionado de la fuerza
El despliegue militar contra una misión humanitaria revela una respuesta absolutamente desproporcionada frente a personas sin armamento.
V – Violencia marítima
El Mediterráneo deja de ser espacio de tránsito para convertirse en frontera militarizada donde se intercepta, golpea y encarcela a quienes intentan auxiliar a Gaza.
W – War machine
La maquinaria de guerra israelí aparece como dispositivo permanente de ocupación, vigilancia y castigo, sostenido tecnológica y políticamente por Occidente.
X – Xenofobia política
El desprecio hacia activistas internacionales y palestinos refleja una lógica excluyente y ultranacionalista profundamente arraigada en sectores del poder israelí.
Y – Yugo del bloqueo
La Flotilla intentaba romper el yugo del bloqueo sobre Gaza: hambre, sed, falta de medicinas y destrucción de toda posibilidad de vida digna.
Z – Zona de exterminio
Gaza aparece como una auténtica zona de exterminio contemporáneo, donde el hambre, la destrucción y la violencia sistemática buscan volver inhabitable el territorio y quebrar la existencia colectiva palestina.
No es el “amor lo que nos lleva hasta el barranco”, como cantaba Amaury Pérez, sino el terror de Israel por su maquinaria de muerte.
PS. Palestina libre, para impedir que el exterminio se vuelva costumbre
(UAM) alexpinosa@hotmail.com
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