Annette: mezcla de opuestos

Alejandro Alemán

La nueva cinta de Leos Carax es una excentricidad que gana no por lo visual sino por su constante giro de eventos y la música que los acompaña. Es el filme con el que abre el Festival de Morelia.

La más reciente excentricidad del director francés Leos Carax, Annette (Francia, México, EU, 2021), es una mezcla de opuestos aderezada con sus muy personales obsesiones: cine y teatro, música y ópera, drama y farsa, actores y muñecos, verdades y mentiras.

Más que una película de Carax, estamos ante un proyecto de los Spark Brothers -Ron y Russel Mael- quienes modificaron el argumento (originalmente pensado para una gira) y se lo ofrecieron a Carax porque justo una canción de su cinta anterior, Holly Motors (2012), fue la semilla de inspiración para este trabajo.

En la superficie es simplemente un musical que inicia (muy a lo La La Land) con el show stopper: un plano secuencia que empieza en un estudio de grabación, con el propio Leos Carax a cuadro y la troupe completa de actores cantando y bailando mientras la cámara los sigue por las calles de Los Ángeles.

Adam Driver interpreta a Henry McHenry, un famoso comediante standupero cuyo acto es más bien un monólogo hecho para provocar a la audiencia. Vestido con una bata de baño, el “comediante” sale de entre una nube de humo y maneja el escenario a su gusto, ante el aplauso siempre complaciente del público que aguanta todo el numerito.

En alguna parte de su rutina, el actor se pregunta y le pregunta a la audiencia: ¿por qué soy comediante? Y se responde: por que así puedo decir la verdad.

McHenry empieza a salir con una famosa soprano llamada Ann (Marion Cotillard), reconocida por sus espectaculares arias donde siempre al final muere (cosa que McHenry aprovecha para ser irónico). La prensa está fascinada con esta pareja en apariencia dispareja, y es que ella tiene mucho más éxito y es más reconocida que él.

Hasta ese momento, Annette parece que irá sobre la personalidad de Henry y el conflicto entre su tipo de humor y el público. El personaje recuerda a otro comediante (y otra película): Lenny (Fosse, 1974), sobre la vida y obra de Lenny Bruce, un comediante que en la década de los setenta se metió en muchos problemas justo por su humor, directo, ácido, pero sobre todo honesto.

La cosa incluso se pone más interesante cuando le caen ciertas acusaciones de mujeres que lo acusan de acoso y violencia. Inevitablemente su carrera se irá en picada: el público que antes lo adoraba sin mayor cuestionamiento, ahora lo quiere linchar.

Pero, para gozo de los tabloides, el escándalo no acaba ahí: resulta que Ann y McHenry tendrán una hija, la pequeña Annette, lo cual dará espacio a nuevos escándalos, nuevas tragedias y la inesperada aparición de una nueva estrella del espectáculo.

La multitud de giros en la historia es lo que mantiene el interés y en segundo lugar la música, aunque esta también oscila entre el melodrama y la exageración pura. Resulta en todo caso problemático (o por lo menos para quien esto escribe) que la parte fuerte de una cinta no sea el flujo de imágenes y edición sino las canciones y la música.

Más allá de aquel plano secuencia inicial, y algunos escenarios que pertenecen más al teatro pero que resultan interesantes (toda la secuencia dentro del barco), no hay mucho que visualmente destaque.

La atención en todo caso se mantiene gracias a la mezcla de la música con la actuación, principalmente de Adam Driver y Simon Helberg. Driver, verdad sea dicha, canta del carajo, pero lo suyo es la presencia y sobre él cae prácticamente todo el peso de la cinta.

Al final se trata de un estudio de personaje, un personaje que el guión no se cansa de trazar como el peor de los seres humanos: indolente, sarcástico, mujeriego, e incluso capaz de explotar a su propia hija con tal de seguir ganando millones en el mundo del espectáculo.

El final, aunque lógico, me parece un tanto aséptico. Carax no da oportunidad a su personaje de salirse con la suya, de confrontar al público, de seguir contando la verdad desde la protección que le da la comedia, prefiere aventarlo a la hoguera del público que lo quiere ver destrozado.

Se trata de una cinta que pierde y gana nuestra atención a cada paso que da, que nos sorprende por algunas de sus decisiones, pero cuyo motivo final no queda claro. ¿Es esto un relato moral, un musical, una crítica al mundo del espectáculo, o simplemente un melodrama? Tal vez sea todo eso junto.

 

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