El mexicano Gilberto González Penilla es de esos cineastas jóvenes cuya obra parece remar contracorriente. Su cine (un puñado de cortos y apenas dos largometrajes) no ocurre en los lugares cliché del cine mexicano (la Condesa, la Roma, Polanco y Santa Fe), sus protagonistas no son jóvenes blancos guapos, y tampoco trabajan como publicistas o arquitectos en alguna agencia de la Ciudad de México.

El cine de Penilla es cine adulto sin que esto signifique que se trata de películas solemnes.

En su ópera prima, la hilarante Los Hamsters (2014), Penilla nos muestra la mecánica de mentiras y secretos con la que una familia en Tijuana sobrevive. El marido (Ángel Norzagaray) que sale todos los días a “trabajar” pero no le ha dicho a su familia que es un desempleado, la esposa (Gisela Madrigal) que anda teniendo sus onditas con su maestro de natación, el hijo adolescente (Hoze Meléndez) que ya embarazó a la novia pero obvio no le cuenta a nadie, la hija menor (Monserrat Minor) sale don dos a la vez.

Los Hamsters es una comedia de humor negro, que no obstante lo patético de los personajes, el director (y guionista) jamás los juzga, al contrario, los arropa dentro de su misma decadencia.

Para este año, Gilberto González regresa con una nueva cinta que afortunadamente no se aleja de las cualidades que ha demostrado hasta el momento: una historia adulta, fuera de la ciudad de México, con mucho humor, y que resulta tan encantadora como divertida.

En esta nueva cinta, Amores Incompletos (México, 2023), Josué (Alejandro Camacho, ni más ni menos) es un padre de familia -medianamente gruñón, siempre directo y enemigo de las mentiras- que vive con su esposa con la que ha estado casado por más de treinta años y con la cual tiene dos hijos: la mayor (Edwarda Gurrola) que tiene un trabajo estable pero que le aburre muchísimo, mientras que él (Hoze Meléndez) es un adolescente que nunca tiene dinero y se la pasa pidiendo prestado para completar su más reciente cortometraje.

Desgraciadamente, su esposa fallece (Patricia Bernal, cuya presencia será más en forma de voz en off que frente a la cámara). Después del funeral, y como parte del ritual del duelo, Josué guarda las pertenencias de su esposa y es así como encuentra el escondite donde ella ocultaba su diario.

Lo que inicia como una melancólica lectura termina en sorpresa inesperada: resulta que la recién difunta le puso el cuerno a su marido no una, no dos, sino hasta tres veces. Molesto y herido en el orgullo, José decide investigar el paradero de esos tres amantes para encararlos y preguntar la pregunta que no lo deja dormir: ¿por qué?

El director y también guionista nos lleva por un roadtrip de idílicos lugares de la Baja California mexicana, lugares como Ensenada, Loreto y Todos Santos. Subido a su auto, el cornudo hombre recorre la península para confrontar a los amantes de esposa recién fallecida. Con cada uno de ellos aprenderá algo nuevo sobre su fallecida esposa pero también sobre sí mismo.

Con Amores Incompletos, Gilberto Gonzáles demuestra de nueva cuenta una gran habilidad para mostrar situaciones de humor sin azotes grandilocuentes. Todos los gags suceden de manera orgánica y resultan graciosos principalmente porque nosotros, el público, reconocernos a los personajes como propios: el papá que batalla para usar un celular, el hijo que se juega todo por su obsesión de vida (ser cineasta) y la hija que buscará liberarse de las garras de un trabajo burocrático y aburrido.

Sin problema alguno, Alejandro Camacho lleva sobre sus hombros la totalidad de la película, demostrando un rango de actuación que (al menos para quien esto escribe) resulta una completa novedad.

Se trata, como le decíamos al principio, de un cine que desafía el cliché, que muestra a otro México que no es sórdido pero que tampoco está exento de pecados. En todo caso, el director nunca juzga a sus personajes, todos nos provocan empatía aún con sus defectos y sus pecados.

González recurre de nueva cuenta a los temas que le interesan: la vida adulta, la familia como madre de todos los vicios, la mentira como elemento fundamental de escape y sobrevivencia. Presume de una mirada aguda, de un humor elegante y de una puesta en imagen que sirve lo mismo como promoción turística de una zona paradisiaca de nuestro país como escenario para que sus personajes se reprochen, se descubran, hagan las paces y entiendan que al final lo que importa es la vida misma y el amor que dejas en el planeta tierra.

Amores Incompletos se puede ver en salas de cine

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