Desde hace meses han aparecido diferentes expresiones sobre la sucesión presidencial del 2024: pintas, consignas y espectaculares, hasta un libro, el que escribió Marcelo Ebrard, El camino de México. Esta sucesión presidencial anuncia cambios interesantes y algunos rituales que se repiten. En la época del tapado y el partido dominante el presidente de la República marcaba los tiempos y determinaba el resultado. Durante los sexenios panistas la dinámica obedeció a los impulsos de los aspirantes. Ahora, estamos de nuevo con un partido dominante, la voluntad presidencial vuelve a ser fundamental, pero con matices importantes.

En esta sucesión presidencial se ha construido ya un relato, y los tiempos los ha marcado AMLO al iniciar con mucha anticipación. Se ha popularizado que a los aspirantes (precandidatos) se les llame —con ironía— “corcholatas”, por eso del destape. Se han empezado a mover y a posicionar diversos nombres y ya se mide en encuestas sus niveles de conocimiento y aceptación. El método oficial de Morena será el de las encuestas, así lo ha determinado el presidente. En la parte oficial hay al menos cuatro morenistas que han dicho que sí buscan la presidencia. En la oposición hay varios apuntados, pero el panorama es mucho más incierto, falta por definir perfiles, alianzas y método de elección.

Frente a este panorama, Marcelo Ebrard decide publicar una autobiografía, en donde expresa su historia familiar y política. En tres tiempos habla de: “mi ayer”, “mi ahora”, y “lo que sigue”. En 27 capítulos el canciller presenta su visión del país y lo que quiere hacer para el futuro inmediato. La trayectoria de Ebrard abarca un poco más de las últimas cuatro décadas, en donde le ha tocado estar en posiciones de poder y en el exilio; ha enfrentado retos que han marcado su trabajo, como la reconstrucción de la Ciudad de México después de los sismos de 1985 y las negociaciones de paz con el EZLN. Narra sus diversas experiencias partidistas, su paso y salida del PRI, la formación del PCD, su diputación con el PVEM, el PRD y Morena.

Ebrard se formó políticamente junto a Manuel Camacho, a quien reconoce como su maestro. Después vino la alianza con AMLO en el 2000, cuando declinó para apoyarlo, así como su experiencia en ese gobierno. Su triunfo como jefe de Gobierno (2006-2011) y la competencia para la candidatura presidencial de la izquierda mediante una encuesta que pierde con AMLO por un porcentaje mínimo. Fuera del gobierno vino la persecución en el gobierno de Peña Nieto, su exilio y su regreso a México para la campaña de 2018.

En su etapa de Canciller le ha tocado realizar tareas complicadas, como conseguir vacunas contra el Covid-19, negociar el problema migratorio con el trumpismo, hacer una demanda en contra de la industria armamentista y operar la compleja relación con Estados Unidos. En el libro también están los temas polémicos, como el de la Línea 12 del Metro y las negociaciones sobre inmigración.

Ebrard se presenta como una continuidad con cambio y en su visión de futuro hay una agenda progresista que ya realizó como jefe de Gobierno, con políticas para combatir la desigualdad y políticas para la ampliación de derechos y reconocimientos de minorías. El camino de México no es el clásico texto de un programa de gobierno, sino la narrativa sobre lo que se ha hecho para resolver problemáticas complicadas. El canciller presenta que una de sus fortalezas es la capacidad para negociar, muy al estilo camachista.

Podrán existir otras versiones de los hechos y muchas contradicciones, es parte de la política, pero este libro forma parte del contexto de la sucesión presidencial y hay que analizarlo en sus términos. En los próximos meses se definirá cuál es el camino de México, porque quizá el dilema de 2024 para la 4T sea: entre continuidad con cambio o pura continuidad. Para cada opción hay aspirantes apuntados. Veremos muy pronto cómo se resuelve la ecuación…

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