Bien decía mi madre: “uno de los defectos más peligrosos en los políticos es la soberbia” y el presidente Andrés Manuel López Obrador, en cada acto como gobierno, lo comprueba. Borrachos de poder, los integrantes de la cuarta transformación se piensan invencibles y se atreven a todo lo inimaginable y lo éticamente reprobable.

Dieron por hecho que ganar las elecciones en estados, municipios y distritos era resultado del “amor del pueblo”, en cuyo nombre justifican todos sus atropellos; en su falsa “superioridad moral”, no hay ni reflexión ni análisis y menos reconocimiento de sus errores, esos que han cobrado vidas y han ocasionado graves daños al país.

Pero justamente por eso, el presidente no ha podido reponerse del duro golpe que diera el periodista ganador de dos premios Pulitzer, Tim Golden, con su investigación sobre el financiamiento del narcotráfico a su campaña en el 2006. Y es que los indicios que podrían confirmar esta versión abundan en la vida política del tabasqueño, de los cuales hablamos en la pasada columna.

Esos datos los niegan sólo quienes reciben beneficios personales de este gobierno o quienes son sus cómplices silenciosos.

Si bien los cuatroteístas se han encargado de insistir en que el tema está cerrado, lo cierto es que evaden reconocer que los motivos por los que eso sucedió fueron de carácter político, por lo que, conociendo a los vecinos del norte, deberían saber que son capaces de reabrir el caso en cualquier otro momento, porque el dato publicado sólo se refiere a la campaña en la que fue por primera vez candidato a la presidencia de México, pero ¿y qué pasó en los procesos del 2012 en adelante? ¿Qué hay de las denuncias nacionales e internacionales al respecto, por ejemplo, en 2021?

Mucho tendrá que explicar el político originario de Macuspana, que sobrevivió con 200 pesos en la cartera y sin tarjetas de crédito, mucho tendrá que decir el “humilde” conductor del Tsuru blanco que tiene multimillonarios familiares, casualmente afortunados con jugosos negocios que les ofreció en este tiempo. Y la historia, aún no termina de escribirse.

Para bajar la intensidad de las acusaciones y hacer que el asunto se olvide y se acabe, López Obrador, los miembros de su gobierno y sus aliados han intentado todo: negarlo, acusar campañas pagadas, señalar intervenciones de “la mafia del poder” que quieren debilitar “el buen nombre” del mandatario, inaugurar nuevas secciones en su mañanera y un largo etcétera de ocurrencias, para limpiar su imagen.

Y ante estos fallidos intentos de desviar la atención sobre un tema que, como bala, dio en el corazón electoral de los morenistas y, especialmente, de la heredera de estos vínculos criminales, el tabasqueño recurrió a su persona favorita: sí, a él mismo.

Con bombos y platillos dio a conocer su libro número 19 que, cual narcoserie de Epigmenio Ibarra, es el resultado de un conjunto de mentiras que ayudaron a la romantización de un personaje que en la vida real nunca existió.

En un video publicado desde sus redes sociales, el presidente que dice haber vivido de las regalías de sus libros, se atreve a decir: “es un repaso sobre mi vida pública, está dirigido, dedicado a los jóvenes, porque creo que hay algunas enseñanzas que les van a ayudar…”.

¡Pero señor presidente, usted una vez más se equivocó! Si su libro debe ser dedicado a los jóvenes, entonces debió llamarse PERDÓN.

Debe pedir perdón por los 40 mil asesinatos de jóvenes durante su sexenio.

Debe pedir perdón por el incremento de jóvenes detenidos por narcomenudeo y homicidios dolosos, lo que pone en evidencia que el crimen organizado los está reclutando.

Debe pedir perdón por los más de 480 mil niños y jóvenes que son víctimas de la violencia en México.

Debe pedir perdón porque muchos jóvenes han perdido a sus seres queridos -familiares o amigos- por la negligencia de su gobierno para encarar al crimen organizado o por la incapacidad y carencia instaladas en el sector salud.

Debe pedir perdón porque, en conclusión, su gobierno les ha negado oportunidades y, en cambio, les ofrece más muerte que vida.

Termina usted citando a Amado Nervo: “vida nada me debes, vida estamos en paz”.

Nada más paradójico para quien siempre está en guerra. Nada más falso para quien se irá del gobierno siempre en deuda con los mexicanos a quienes les mintió y les falló.

Política y activista

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