El debate chilango: diagnóstico y respuestas equivocadas

OTRAS
20/04/2018
00:23
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Observatorio Nacional Ciudadano
El Observatorio Nacional Ciudadano es una organización de la sociedad civil que vincula a las organizaciones civiles para potenciar su incidencia en las políticas y acciones de las autoridades.
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El miércoles pasado se llevó a cabo el primer debate de los candidatos que aspiran a gobernar la urbe más grande del país, la Ciudad de México. Al escuchar los diagnósticos y propuestas para reducir la violencia y la actividad delictiva por parte de los principales aspirantes, nos llevamos decepciones y preocupaciones, pues siguen pensando en atender el fenómeno de forma reactiva, incrementando la violencia de Estado para atacar la violencia y la actividad delincuencial.
 
El hecho de que, durante el debate, la propuesta de multiplicar la video vigilancia emergiera como la respuesta común para solucionar la inseguridad y violencia vislumbra que las principales acciones del siguiente gobernante de la ciudad será incrementar la capacidad punitiva del Estado, con lo cual seguirá en una posición marginal las acciones preventivas. Así pues, ninguno de los principales aspirantes dejó de manifiesto un conocimiento profundo de las causas del problema que en los últimos años asume un carácter de grave, y en ese sentido tampoco se hicieron propuestas novedosas de cómo atenderlo. Tal parece que, en el corto y mediano plazo, habrá una continuidad con los programas emprendidos hace más de 10 años y con ello no habrá cambios significativos en la política de seguridad urbana.
 
La historia más reciente de la Ciudad de México ha mostrado que el incremento del recurso reactivo es insuficiente para observar un mejoramiento de la seguridad y de las relaciones de convivencia entre los habitantes de la capital del país. En el caso de las tan mencionadas cámaras de vigilancia, en los hechos, su multiplicación no ha tenido efecto significativo en la reducción de algunos delitos. En 2009, en la primera etapa del proyecto Bicentenario, se adquirieron 2 mil 100 cámaras (López, 2009), mientras que para el 2017 se esperaba adquirir tener en operación cerca de 15 mil (Gobierno de la Ciudad de México), pero algunos delitos no se redujeron a la misa velocidad con la que aumentó este recurso tecnológico. Por ejemplo, el robo a transeúnte en los últimos tres años, del 2015 al 2017, creció en 21.8% de acuerdo a las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
 
Sobre la fuerza policial de la urbe capitalina, también se observa una mayor presencia en las calles de la ciudad, pero esto tampoco significa un impacto directo en el mejoramiento de las relaciones de convivencia.  En 2016, de acuerdo al Censo de Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario la Ciudad de México del INEGI (2017), la Ciudad de México contaba con 88 mil 289 miembros policiacos, lo cual representa el cuerpo se seguridad pública estatal más grande del país. De hecho, de acuerdo al documento Modelo óptimo de la función policial del SESNSP (2017), la Ciudad de México es la entidad federativa que cuenta con el mayor numero de policías por cada mil habitantes con 4.2 en el 2017, superando por mucho el estándar mínimo nacional que es de 1.8. A pesar de ello, la urbe capitalina vive la peor crisis de violencia de los últimos veinte años, entre 2014 y 2017 los homicidios dolosos aumentaron en 44.9% y el 2017 representa el año con más muertes en nuestra ciudad con mil 85 casos oficiales (SESNSP, 2018).
 
Así pues, estas dos estrategias, el aumento de la videovigilancia de las calles y el incremento de los cuerpos policiacos, no han funcionado como respuesta definitiva para atacar. Pero entonces ¿Qué alternativas podrían funcionar para reducir la inseguridad y violencia en los próximos años en la ciudad?  Pueden ser muchas, por ejemplo, mejorar el entorno urbano, incrementar los años de formación y los salarios de los policías, pero aun así se seguiría atendiendo las expresiones de inseguridad y violencia sin ir a las condiciones estructurales que las producen.
           
Una estrategia pertinente podría ser atender con mayor eficacia la desigualdad social y económica. De acuerdo al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL,2017), el coeficiente de Gini para la Ciudad de México prácticamente permaneció igual durante el 2008 y 2014, con un valor superior a 0.5, lo cual indica que se ha hecho muy poco se ha hecho para reducir la desigualdad de ingreso entre la población capitalina. En lo que refiere a las personas en situación de pobreza, del 2008 al 2016, la población que vive en esta situación no se ha reducido en esos ocho años, ha permanecido en 27.6% con respecto al total de los habitantes de la urbe (CONEVAL, 2017). De esta forma, queda de manifiesto que las autoridades han sido ineficientes para atender la desigualdad económica como origen de la inseguridad y violencia.
 
En dos días otra vez seremos testigos de un nuevo debate, esta vez lo protagonizaran los aspirantes a la presidencia del país, ojalá y no nos llevemos las mismas decepciones más preocupaciones al escuchar sus propuestas para mejorar la seguridad del país. Lo que se espera, por fin, es que los cinco expresen ideas serias y novedosas para atender un problema que se ha vuelto crónico.
 
José Ángel Fernández Hernández
Investigador del Observatorio Nacional Ciudadano
@DonJAngel
@ObsNalciudadano
 
Fuentes:
 

 

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