Hace tiempo que la muerte no se paseaba por la Comunidad del Potrero en Xalatlaco , Estado de México, pero hoy sus habitantes ya se preparan para recibir el cuerpo de Gabriela Gómez , joven de 26 años que perdió la vida esta mañana en medio del ataque que sufrió el secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch .

Desde las cuatro de la tarde los vecinos del Potrero levantaron una lona con la esperanza de que las autoridades entreguen el cuerpo de Gabriela y le puedan dar un último adiós bajo ese pedazo de plástico.

En la comunidad el sentimiento de tristeza crece con el pasar de los minutos, pues ya no verán sonreír a la mujer que dejó huérfanas a dos niñas y que toda su vida se dedicó a vender tlacoyos y quesadillas para sobrevivir.

Gabriela salió de su casa en la madrugada para ir al Auditorio Nacional a atender su puesto de comida junto con su esposo y su hermana Tania, cuando un grupo delictivo cerró la circulación de avenida Paseo de la Reforma y abrió fuego contra la camioneta donde viajaba Omar García Harfuch.

Una bala perdida le quitó la vida a Gabriela, mientras otra hirió a Tania.

La noticia no llegó pronto al Potrero, un lugar en el Estado de México con suelo de tierra, casas de madera y ladrillo, con carencia de algunos servicios básicos como el agua y donde la señal de celular se pierde con frecuencia.

A Gabriela la recuerdan tal y como es su hogar: humilde. Desde muy pequeña falleció su madre y, debido a que su papá se desentendió de ella y sus hermanas, tuvo que buscar la manera de ganarse la vida.

El puesto de tlacoyos y quesadillas que hoy no pudo abrir fue el mismo que la acompañó siempre y con el cual esperaba sacar adelante a sus dos hijas.

"Que nos apoyen en lo que puedan, ella perdió la vida sin querer, sólo iba a ir a trabajar y de repente la mataron, necesitamos apoyo del gobierno", pide Petra Velázquez, abuelita de la víctima, en entrevista con EL UNIVERSAL.

Ella también pide a las autoridades un apoyo económico para las niñas huérfanas, quienes siguen esperando que su mamá vuelva a casa sana y salva.

El destino le jugó una mala pasada a Gabriela, quien no iba a trabajar a diario para prestarle atención a sus hijas, pero hoy, justo cuando salió para ganarse unas monedas, la inseguridad acabó con su vida.

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