El chinampero José Luis García, quien se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) de Xochimilco, es parte de la cuarta generación de su estirpe que trabaja el campo en el Paraje Tlicolco del Barrio de Coltongo, en donde este año produjo más de 8 mil nochebuenas de diferentes tamaños.
No se trata de cualquier Nochebuena, puesto que su valor agregado es la producción de cinco variedades de esta planta para competir con sus compañeros productores de la alcaldía capitalina y de otros estados, como Michoacán.
“La más comercial que se vende es la Prestige Red, producimos también las de rehilete, que son las Winter Rose Red; también tenemos la Prestige White, la nochebuena dorada y la marmoleada, son las variedades que este año vendimos, de unas 66 variedades que existen en el mercado”, explica José Luis, quien asegura a este diario que ya le inculca a su pequeña hija el amor hacia la tierra y a esta actividad.
En uno de los invernaderos de la familia García Valderrama, un rojo intenso tapiza el área donde también sobresalen algunos matices por otros pétalos dorados.
Resguarda plantas de la conocida en náhuatl como cuetlaxóchitl, que esperan ser distribuidas para su venta desde Xochimilco hasta Ciudad Juárez, Chihuahua.
Esta planta, que para los mexicas representaba la pureza y nueva vida que obtenían los guerreros muertos en batalla, prácticamente se comienza a producir desde principios de año para llegar a la temporada decembrina en condiciones óptimas para su distribución, enfrentándose en el camino a algunas plagas.
“Para el tamaño más grande, la maceta de ocho pulgadas, empezamos a principios de febrero y de ahí nos vamos recorriendo un mes: marzo para la de siete pulgadas, abril o mayo para la del número seis y la más pequeñita, que le llamamos para escritorio, llega en junio; ya nada más para pincharla, que brote y la sacamos al mercado.
“En el proceso, las dificultades principales son las plagas. Hay unas plagas específicas con las que siempre batallamos, como la larva de la mosca negra que ataca siempre al principio del cultivo, se come la raíz de la nochebuena; también la calidad del agua, que vamos resolviendo con algunos métodos para que no se dificulte el trabajo”, agrega García Valderrama.
José Luis García, con más de 25 años dedicándose a la producción de plantas de ornato, llama a la población a consumir los productos hechos en el suelo de conservación del sur de la Ciudad para apoyar a la economía local, pues de esta actividad dependen muchas familias de la zona lacustre. “Que apoyen siempre a los productores locales, que traten de consumir lo local porque ayuda a que la economía sea circular y se quede dentro de la Ciudad, porque al comprar una nochebuena del suelo de conservación, fomenta que haya más trabajo”.
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