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Cuando Leticia Rodríguez fundó La Puntadita Mexicana tenía sólo un propósito: adaptarse al país donde inició su nueva vida. Sin embargo, la pandemia por Covid-19 la llevó a adaptar sus talleres de bordado a la modalidad en línea y ahora enseña a mujeres de todo el mundo a generar sus propios diseños con esencia mexicana.
Leticia es mexicana, llegó a vivir a Chile el año pasado, luego de conocer a su esposo en un intercambio académico. Un día, caminaba por el centro de Iquique, donde reside ahora, pasó por un centro cultural y preguntó por los talleres que a ella le interesaron.
“Ese día llevaba uno de mis bordados, lo llevaba para enmarcarlo, y pasé a preguntar si había un taller que me interesara a mí, pero ahí me dijeron: ‘Oye, ¿tú los haces?, ¿no te gustaría dar un taller?’, y fue la casualidad”, cuenta a EL UNIVERSAL, vía remota.
Leticia creció en un pequeño municipio al sur de Nuevo León, ahí, desde los cuatro años, su abuela le enseñó a tejer y bordar. Después de dar talleres en el centro cultural, comenzó a dar clases vespertinas en la playa de Iquique.
“Se ponían geniales porque el chileno acostumbra mucho ir a la playa por las tardes, entonces teníamos un sándwich, un cafecito, los hilos, y así armamos el taller. El primero fue de 10 personas, con un atardecer en la playa”, relata.
La mayoría de quienes se inscriben a La Puntadita Mexicana son mujeres, primero fueron chilenas residentes en Iquique, pero gracias a la tecnología ahora son una comunidad de mujeres españolas, argentinas, australianas, chilenas y mexicanas, y comparten entre ellas el tejido y cómo han salido adelante con el coronavirus.
“[La pandemia por Covid-19] a todos nos tomó por sorpresa. Yo me dije bueno, si la onda ahora son los talleres online, pues los hago, y me aventé. Y actualmente imparto cuatro talleres vía remota, no me imaginé que tuvieran tanto éxito, hasta en Europa.

Grupos. Los talleres de Leticia reúnen hasta a 20 personas en una sesión de videoconferencia, en la que se habla de la cultura mexicana.
“Uno se tiene que adaptar a lo que venga. Hasta la página de internet se hizo más grande porque yo tenía poquitos seguidores, unos 300 y ahora tengo mil 500 y creo que esta modalidad llegó para quedarse”, afirma.
A pesar de que los talleres son vía remota, Leticia incluye el paquete que contiene todo el material para terminar los proyectos: un bordado estilo Tenango, un llavero de corazón o de Frida Kahlo; cada uno de los kits los personaliza para sus clientas.
“Lo que hago ahora, en los talleres online, es enviarles también el bastidor, la tela, los hilos y las agujas. A las personas que se inscriben de otros países les doy un precio más bajo y les envío los modelos por correo electrónico, para que los impriman”, dice.
Leticia también logró que a sus talleres online se inscribieran personas que no tenían ningún antecedente en técnicas de bordado, por lo que inicia la instrucción desde cero. Y otras se inscribían con el fin de “desconectarse” de la situación que viven ante la llegada del coronavirus.
“Podemos platicar de comida, del clima, de sus hijos, de cómo viven, entonces, el bordado es como una excusa para salir de lo que se vive con el Covid-19, porque todas están encerradas”, afirma Leticia Rodríguez.
Los talleres que imparte Leticia reúnen hasta 20 personas en una sesión de videoconferencia, donde se habla de la cultura mexicana y de los proyectos de las mujeres que, a través del tejido, se encuentran con otras durante una pandemia como el coronovirus.
“En un futuro yo me veo, después de la pandemia por el Covid-19, que esto se quedará y seguiré con la generación de comunidad gracias a la tecnología. Darle la oportunidad a mujeres de todo el mundo de conocer un pedacito de México y del bordado”, agrega la fundadora de La Puntadita Mexicana.
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