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La memorable calle de Los Plateros en la Ciudad de México

Durante la época colonial el oficio de la orfebrería fue confinado a la calle de Francisco I. Madero y se les llamó plateros, la calle acuñó ese nombre y a continuación presentaremos una breve reseña histórica
La calle de Plateros desde la Plaza de la Constitución Finales Siglo XIX. Colección Villasana-Torres
08/02/2019
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Texto: Juan Carlos Galeana
Fotografía actual:
Elisa Villa Román
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Al caminar por la calle de Madero en el Centro Histórico de la capital podemos observar personajes de ficción que cobran vida, princesas, superhéroes, estatuas humanas y sus ayudantes que piden dinero a cambio de una foto, acto o suerte; cuando es fin de semana un poco de jazz y rock n’ roll acompañan en su camino a los cientos de transeúntes que se pierden entre sus callejones.

En esta vialidad tan concurrida de la ciudad fueron confinados los orfebres de la Nueva España, ocupación muy distinta a las que predominan en nuestro tiempo.
Es difícil imaginar la sonoridad que producían los golpes de martillos y la llama que fundía el oro en sus baldes, también llamados crisoles. Lo que escuchamos hoy son las voces de los volanteros y vendedores que pregonan bajo el rayo del sol: “¡lentes en una hora!”, “¡tatuajes, perforaciones!”, “¿buscas la plaza de los lentes?”.

La hoy calle de Madero hace esquina con el Eje Central Lázaro Cárdenas e inicia entre el edificio del Banco de México (Edificio Guardiola) y la icónica Torre Latinoamericana, pasando por la Casa de los Azulejos hasta el templo de San Francisco.  La huella de la época colonial se queda en la memoria de los visitantes, niños, jóvenes preparatorianos, foráneos y extranjeros.

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El templo de San Francisco; las personas se congregan en Jueves Santo para celebrar la Visita de las Siete Casas Foto: Archivo de El Universal.

La calle que vio entrar triunfante al Ejército Trigarante y a nuestro héroe revolucionario Francisco I. Madero, en un principio se llamó San Francisco, en referencia al monasterio franciscano que ahí se erigió. A partir de la igleisa de la Profesa, la calle cambiaba su nombre al de este último templo.

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Postal donde, a la derecha, aparece el templo de La Profesa. Colección Torres-Villasana.

Las últimas dos cuadras que desembocan en el Zócalo Capitalino fueron las supuestas para albergar al oficio de la platería y en algún tiempo llevaron el nombre de Los Plateros. En ellas todavía se ejerce la profesión relacionada con el oro y la plata, entre de locales de ropa y comida rápida.

Resulta imposible imaginar una algarabía diferente a la de nuestros tiempos cuando leemos las líneas del historiador Rafael Heliodoro Valle escritas en 1923: “evocando al lector a la calle de la Platería, cuando había un alborozo en los crisoles y un tintinear en los martillos”. El también poeta realiza una breve semblanza de lo que significaba “ser un platero” en la época colonial.

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Imagen de los Crisoles, Cartones Virreinales, el Universal Ilustrado 1924. Este oficio que llegó a ser considerado noble por la importancia y la codicia que el metal dorado ejerció en las altas esferas de la sociedad virreinal.

Antecedentes Prehispánicos

Para tener un mejor panorama de lo que representó el “Noble Oficio” es necesario dejar volar nuestra imaginación al tiempo en que los colonizadores españoles deleitaron sus pupilas ante la ciudad más bella que jamás habían visto, rica y abundante en colores, naturaleza viva, construida sobre un imponente lago y la inmensa cantidad de metales preciosos que más se han codiciado hasta nuestros días: el oro y la plata.

Esta ocupación en México se remite a la época prehispánica y para muestra La historia verdadera de la conquista de la Nueva España donde Bernal Díaz del Castillo escribió a Hernán Cortés sobre los orfebres mexicanos: “Azcapotzalco es el pueblo donde labraban la plata y el oro al Moctezuma y solíamos llamar el pueblo de los plateros”, menciona el cronista.

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Moneda Conmemorativa de Teocuitlatl, oro; que en náhuatl significa “excremento de los dioses”, Casa de la Moneda Nacional.

Existen muchas evidencias  tangibles de las civilizaciones prehispánicas, entre ellas diversos artículos de oro, plata y bronce. A los artesanos se les llamaba teocuitlapizque, algunos se dedicaban a fundir y otros eran batihojas o laminadores.

El batihoja hacía láminas de oro tan delgadas como una hoja de papel y plasmaba con punzones lo que un artista llamado tlacuilo diseñaba; asimismo, se dedicaban a la fabricación de narigueras, orejeras y otros objetos de guerra o ceremoniales.

Los tlacuilos, aparte de hacer diseños para las láminas de oro y plata eran sabios, escritores y pintores, plasmaban su arte en láminas de papel amate que hoy conocemos como códices.

Época Virreinal  

Fue hasta 1580 que el Virrey Enríquez ordenó que los “Plateros se congregaran en la calle de San Francisco” principalmente por temor a ser defraudados, ya que la mayor parte de piezas hechas de metales preciosos eran destinadas a la Corona Española, virreyes, personas con títulos nobiliarios y templos católicos. Otro motivo de igual importancia fue evitar que se omitiera el pago del quinto real del veinte por ciento por pieza para el Rey.

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Retrato del Virrey Enríquez, Archivo Casasola.

Esta medida llegó a repercutir tanto que fueron asentadas en las Reales Cédulas, que servían para implementar leyes, reglas de sociedad y penas; estos documentos todavía los encontramos resguardados en el Archivo General de la Nación. En ellas aparece un decreto en el que se estableció que ningún platero pudiera tener sus tiendas en otro lado, sumándoles penas de hasta 100 pesos de oro común al que ejerciera fuera del territorio delimitado.

En las Reales Cédulas también se estipuló que solo los españoles y los criollos se podían dedicar a este oficio, por lo tanto la  misma pena monetaria se podía ejecutar sobre los negros y los indios si se les sorprendía realizándolo. Por otro lado, a mujeres viudas y monjas se les era permitido hilar el oro y la plata porque les ayudaba en el sustento. Entre las obras más características, Valle menciona trajes como el del virrey de 1659 con un bordado de plata.

El mayor auge de esta actividad sucedió durante los siglos XVII y XVIII, menciona el escritor Rafael Heliodoro Valle.

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El centro joyero de la calle Madero en 1994. Foto: Archivo de El Universal.

Otra de las anécdotas recopiladas por Rafael Heliodoro Valle es la excesiva cantidad de riquezas que podía llegar a tener el poder virreinal: “La admiración se queda atónita ante el recuerdo del bautizo de los gemelos de don Martín Cortés, cuando la concurrencia pisó barras de plata desde la casa hasta la iglesia”.

Para ser considerado platero en la época virreinal los artesanos debían saber fundir, forjar, limar y rayar con riel. Eran tiradores o batihojas. Los tiradores hacían hilos con los metales y los batihojas tenían la misma función que la de sus antepasados prehispánicos. Otra actividad que se desarrolló durante la colonia fue la del martillado, proceso que consiste en  golpear los metales al rojo vivo con martillo para obtener la forma deseada.

En nuestros días

Los centros joyeros persisten a pesar del tiempo, pasan inadvertidos para los que no buscan joyas, anillos de compromiso, cadenas con motivos religiosos o incluso cambiar sus piezas de oro por dinero en efectivo. Aunque los plateros de nuestros días ya no fabrican alhajas en esta zona, en algunos locales todavía se hacen reparaciones y grabados.

El locatario Jaime Dávalos, con 20 años de experiencia, describe con cierta nostalgia que “la joyería es un arte aunque el 99 porciento de las piezas son hechas por máquinas o son importadas y que se ha perdido el gusto por la joyería fina”.

Además agregó que “los joyeros de antes prácticamente están extintos, joyeros que puedan hacerte piezas complicadas de cinco seis piezas, quedan diez a lo mejor en toda la Ciudad de México”.

Al preguntarle lo que se necesita para ser un platero en nuestros días nos comento que es un oficio muy difícil y como todo buen arte merece su tiempo y su dedicación, pues se requieren al menos cinco a seis años para llegar a ser un buen joyero.

“Normalmente los chavos que van a aprender el oficio se quedan sies o siete meses, aprenden a cortar soldar y montar en uñas, que es lo básico, y de ahí se independizan”, comenetó.

Humberto Salgado, locatario que tiene 30 años de experiencia en la joyería, nos explicó que los métodos para la fabricación han evolucionado, y nos cuenta que por el tamaño de la maquinaria el oficio se tuvo que segregar a las afueras de la ciudad.

En la entrevista agregó que: “Iguala, Michoacán, Guadalajara y Taxco son los principales lugares donde se fabrica la joyería en la actualidad".  Añade que como todo en la ciudad las cosas cambian y los plateros de hoy solo se dedican a la compra y venta.

Es significativo reflexionar sobre la frase que menciona Jaime Dávalos: “lamentablemente a los arrendadores les conviene rentar el edificio a una sola empresa internacional”. Y es precisamente ahí donde comienza el olvido de este arte milenario que representa parte del gran patrimonio cultural mexicano.

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El Centro Joyero en la actualidad. Foto: Elisa Villa Román.

Nuestra fotografía principal es de la calle de Los Plateros vista desde la Plaza de la Constitución a finales del siglo XIX. La foto comparativa antigua muestra la vialidad en los años 20 del siglo pasado, ambas pertenecen a la colección Villasana-Torres.

Fuentes:

Fotografías Hemeroteca y Fototeca del Universal
Gustavo Casasola. 6 Siglos de historia gráfica de México.
José Rogelio Álvarez ed. Enciclopedia de México.
Luis González Obregón. Las Calles de México. Leyendas y sucedidos, vida y costumbres de otros tiempos.
Rafael Heliodoro Valle. El Universal Ilustrado. “Los plateros de la Nueva España (1924)”
Teocuitlatl. Casa de Moneda México https://www.cmm.gob.mx/cmtienda/historia-del-oro.html
Teocuitlatl, Gran Diccionario Náhuatl. UNAM http://www.gdn.unam.mx/diccionario/consultar/palabra/teocuitlatl/id/14937.

 

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