De los más lentos y caros del mundo, el transporte en CDMX

Metrópoli 03/01/2019 02:27 Aura Ramírez Cornejo Actualizada 16:20
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Héctor Núñez gasta 75 pesos diarios de pasaje para ir a su trabajo y regresar a su casa: “la verdad es que vivo para trabajar y trabajo para pagar pasajes”. Además, pasa más de 90 minutos en el transporte, uno de los tiempos de espera más largos en el planeta

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La casa de Héctor Núñez se encuentra en el municipio de Coacalco, tiene que invertir tres horas para llegar a su trabajo en Pedregal y se traslada en Mexibus, Suburbano, Metro y camión.

A pesar de que Héctor no tiene un auto particular, su economía se ve afectada por el alza de la gasolina y se las ve difícil porque gran parte de su día se le va en traslados. Este no es un caso particular, los casi 8 millones de ciudadanos que habitan por la CDMX, de acuerdo con el Inegi, sufren por esta misma razón.

“Mi hora de salida es a las 7 pm pero hace días me quedé atorado en la línea verde del Metro; se inundaron los andenes y llegué a mi casa hasta las 11 de la noche. La verdad es que vivo para trabajar y trabajo para pagar pasajes ”, dice el joven de 24 años.

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Hablando del transporte público, el tiempo de trayecto dentro del Metro y microbús de la Ciudad de México es de 90 minutos. Esto la sitúa en el primer lugar de entre los ciudadanos que pasan mayor parte de su día atrapados en el transporte (sólo después de Sao Paulo Brasil- 93 minutos y Bogotá Colombia- 97 minutos), de acuerdo con la aplicación Moovit, en su reporte de Uso Global de Transporte Público, que tiene presencia en 86 países.

En otro punto de la ciudad vive Irving Castro, un joven de 33 años, que dice que el único trabajo que pudo encontrar está a dos horas de su casa por eso tiene que trasladarse diariamente de la colonia Santa Martha Acatitla (Iztapalapa) hasta el sur de la ciudad en la Glorieta de Vaqueritos.
Cada mañana se despide de su esposa y de sus dos hijos pequeños. En punto de las 7 am, aborda un enorme y desgastado camión que lo lleva al taller mecánico en donde trabaja desde hace quince años.

Él describe que su camino es tortuoso, parece que todos los pasajeros tienen pegado en la frente un letrero que dice: “abandone toda esperanza”, cuenta que todos se empujan para alcanzar un lugar dentro del transporte público, le han robado tres veces durante su camino y cuando ocurre un percance vial, trasladarse se vuelve mucho más difícil.

“Mis trayectos me desgastan física y emocionalmente. La semana pasada asaltaron un camión por Periférico pero un pasajero mató al delincuente y por el relajo me hice tres horas para llegar a mi trabajo”, comenta el habitante de Iztapalapa.

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Al terminar su desgastante jornada laboral y luego de permanecer más de nueve horas en el taller mecánico, Irving cuenta que regresar a casa es aún más complicado porque sale a las siete de la noche, el horario en el que 47% de la población acapara vorazmente las unidades de transporte público, de acuerdo con la Encuesta de Origen Destino en Hogares de la Zona Metropolitana del Valle de México 2017.

Hablando de pasajes, él comparte que cada día gasta 40 pesos en transporte y le sería imposible solventar los gastos de un automóvil. Tomar el transporte público se ha vuelto su única alternativa, por eso, cada noche se forma en una larga procesión de gente callada y cansada que -así como él-, ansían llegar lo más pronto posible a casa.

Enfocándonos en los autos particulares, 53 de cada 100 conductores de la capital del país disponen de al menos un vehículo para transportarse y en el 68% de los casos, el conductor no lleva ningún acompañante, de acuerdo con el Inegi, siendo esto un factor que agrava el congestionamiento vial de la ciudad.

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Tal es el caso de Brenda Schiavon, una joven de 26 años que vive cerca de Ecatepec y que cada mañana maneja su automóvil con la esperanza de -esta vez- llegar temprano a su oficina ubicada en Polanco.

Ella siempre supo que tener un mejor puesto y elevar su ingreso económico implicaría sacrificios, por eso, de lunes a viernes se levanta a las 6 am para llegar a la oficina a las 9 de la mañana. Su trayecto comienza sobre la engorrosa Av. López Portillo y si corre con suerte y no encuentra tráfico, pronto sube al segundo piso de Periférico.

“Podría manejar por los carriles en donde no se paga cuota pero prefiero gastar 360 pesos diarios porque en el piso de abajo haría el doble de tiempo. La verdad es que en total me gasto unos 6 mil pesos al mes en gasolina y cuotas”, dice preocupada.

Datos del Inegi indican que una de las zonas de mayor demanda automovilística en México es precisamente la de Chapultepec-Polanco, y ésta supera casi 300 mil viajes al día, por eso es que la hora pico en este punto de la ciudad se convierte las vialidades en un embudo donde miles de automovilistas quedan atrapados y en época de lluvias el escenario se pone peor.

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“Mi hora de salida es a las seis de la tarde pero cuando veo que va a llover prefiero perder el tiempo en alguna plaza, ver una película en el cine o cenar cerca de mi trabajo porque todo se paraliza y he hecho hasta cuatro horas para llegar a mi casa. Es horrible”, comenta Schiavon.

El 17% de los ingresos de un mexicano promedio se va en transporte: (pasajes, mantenimiento y servicios para su vehículo) mientras que la distribución del gasto en salud es únicamente del 2.7% de su salario, según el Inegi.

Además de los largos trayectos, las familias mexicanas se enfrentan a otro problema: el alza en los precios de la gasolina en México (la cual no es la más cara del mundo según el ranking Global Petrol Prices); a pesar de ello, comprar gasolina se ha convertido en un martirio debido al bajo poder adquisitivo de los mexicanos.

Por ejemplo: Un mexicano promedio tiene que invertir el 25% de su sueldo diario para cargar tan solo 10 litros de gasolina (esto equivale a 200 pesos diarios aproximadamente), mientras que un estadounidense únicamente gastaría el 4% de su sueldo diario para cargar los mismos litros de gasolina, esto se debe a que el sueldo de un estadounidense es cuatro veces mayor al de un mexicano, de acuerdo con la OCDE,  y por si fuera poco, de todos los países que conforman esta organización, México es el país al que le cuesta más dinero comprar un litro de gasolina.

Otra persona que a diario maneja de Atizapán hacia otro extremo de la ciudad es Nadia. Dice que los jóvenes deben estar conscientes de la escasa oferta laboral en la zona conurbada de la Ciudad de México. “Si quieres ganar más dinero debes moverte, pero debes estar dispuesto a pasar la mayor parte de tu día en el tráfico”, asegura.

Ella acaba de adquirir su primer automóvil porque recientemente comenzó a trabajar en la avenida de los múltiples cierres y manifestaciones: Reforma.

Tovar creyó que sería más fácil trasladarse en auto para llegar a su trabajo, pero no fue así, el estrés es su estado de ánimo más frecuente y cuenta que Gustavo Baz, Marina Nacional y Mariano Escobedo son como su segunda casa porque son vías donde pasa la mayor parte de su día.
“Procuro salir de mi casa con dos horas de anticipación pero no es suficiente, casi nunca llego puntual a mi trabajo. Seguido me encuentro bloqueos, manifestantes y tengo que rodear cierres. Eso me quita como una hora de mi trayecto diario”, dice frustrada.

En cuestión de gastos, Nadia utiliza la tercera parte de su sueldo para pagar la mensualidad de su auto, cada mes gasta mil 500 pesos de combustible y vive con la esperanza de que la gasolina no suba de nuevo ya que eso provocaría un desajuste en su presupuesto y sus finanzas personales.
Pero el panorama es poco alentador, la gasolina subió más de diez pesos en los últimos años. Datos de PEMEX arrojan que el precio del litro de gasolina a principios de la administración de Enrique Peña Nieto (2012) era de 11.37 pesos y hoy se cotiza en $20.71 por litro.

El tiempo invertido en el tráfico, la incertidumbre del alza de la gasolina y los salarios bajos fueron la suma perfecta para que la app Waze Driver lanzara un estudio donde tomó en cuenta la experiencia de millones de conductores de 38 ciudades en el mundo.

La CDMX apenas alcanzó 1.2 de calificación, lo que significa que los automovilistas evaluaron la experiencia como “miserable” y este resultado la situó en el lugar número cuatro en la lista de las peores ciudades para transitar (sólo después de Manila Philipinas, Jakarta Indonesia y Bogotá Colombia).

Es así como la historia de Irving, Brenda, Héctor y Nadia representan a esos habitantes que conforman la CDMX y que ya son la columna vertebral que aguanta y enfrenta las dificultades de una ciudad centralizada, sobrellevando el escaso poder adquisitivo y los largos trayectos.

Cada uno desde su lugar desea que transitar fuera algo más rápido. Los jóvenes han adoptado a la resiliencia como una carta de presentación en esta metrópoli que es la más congestionada entre las 360 ciudades que mide el ranking de TomTom Traffic Index 2018 que considera a 48 países del mundo.

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