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Taxistas. Tejen redes contrala delincuencia

Metrópoli 08/05/2018 02:16 Alexis Ortiz Actualizada 09:34

A través de audios en WhatsApp, así como códigos de seguridad, los conductores se protegen de robos y agresiones

“¡Trae una pistola el del otro carro, la puedo ver! ¿Qué no hay nadie por aquí?”, exclama “Tx” con los nervios a flor de piel, a través de una nota de voz enviada por WhatsApp. Sin que el hombre armado lo sepa, ese mensaje empieza a circular entre decenas de taxistas que han creado un mecanismo de seguridad para cuidarse de la violencia en la Ciudad de México con ayuda de la aplicación.

“Tx” no abandona su vehículo y no transcurre ni un minuto cuando la nota de WhatsApp surte efecto. De un momento a otro, una lluvia de mensajes atiende el llamado del taxista: “Ya voy, ya voy, mi Tx”, contesta alguien. “¿Qué tiene qué? ¿Un arma?”, exclama otra voz que no cabe de la impresión. “Ni meterse, aguanta en el carro”, le recomienda otro a su compañero.
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Hay un taxi a cinco minutos de su ubicación; otro a dos; otro a uno, y hay otro a tres cuadras. El suceso ocurre en la zona oriente de la Ciudad de México, una de las más riesgosas para los conductores, de acuerdo con fuentes consultadas por EL UNIVERSAL.

Entre dos y tres minutos, al menos cuatro taxis arriban a la zona en la que se encuentra su compañero. Gracias a esa movilización “Tx” libró un conflicto iniciado por un pequeño choque, pero pudo acrecentarse, debido a la posesión de un arma de fuego por parte del otro implicado.

En esa ocasión, como en otras, el objetivo fue evitar una agresión o un robo. El mecanismo de mensajes por medio de WhatsApp ha sido implementado por la organización Código Clave 2000, fundada hace casi dos años y que agrupa a miles de choferes en todas las áreas de la Ciudad, así como algunos municipios del Estado de México.

Para mejorar su comunicación, todos los automovilistas han sido ordenados en 80 agrupaciones ubicadas en las zonas de la capital —oriente, centro, sur y norte—, y cada conjunto cuenta con un grupo de WhatsApp en el que se comunican por medio de claves que refieren distintas circunstancias, lugares o tipos de pasajeros.
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Estas claves, compuestas por dos o más dígitos, informan el sexo y número de pasajeros; señalan si la zona en la que está transitando un taxista se considera de riesgo e incluso hay códigos para comunicar si quien aborda una unidad se encuentra en estado de ebriedad o luce sospechoso por su actitud.

Los conductores, así como cada agrupación de taxistas son reconocidos con un apodo o una clave. En el caso de “Tx”, las fuentes consultadas por este medio prefirieron no dar su nombre real.

“La finalidad de este sistema es nuestra propia seguridad y tener apoyo porque ser taxista es un riesgo. En la Ciudad hay muchas zonas rojas y el oriente es una de las más fuertes, así como en la zona norte y en la parte más alta de la zona sur”, dice Miguel Ángel Fragoso Flores, fundador de Código Clave 2000.

Comenta que al día reciben dos o tres emergencias en las cuales algún taxista se enfrenta a un robo u otro conflicto. “Creemos que el uso de la plataforma es para todos, conductores y pasajeros, porque se viaja en una unidad más segura. Todo surge por los canales oncemetristas de antes, sólo que esta vez utilizamos WhatsApp, ya que es más fácil de usar y más barato”, explica el líder.
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Robo, el problema de los conductores

Uno de los delitos más comunes a los que se enfrentan los automovilistas de la CDMX es el robo de autos; en 2017, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, se registró el atraco de 9 mil 12 coches en esta entidad. Además, datos de la misma institución indican que hasta marzo del presente año hubo un total de mil 887 robos de autos reportados.

De igual forma, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) reportó que durante 2017 hubo un máximo histórico en robo de autos asegurados, con un total de 90 mil 187 unidades, 27% más en comparación con 2016.

Sin embargo, Miguel Fragoso dice que no sólo se debe tener en cuenta el robo de autos, sino a los propios conductores, uno de los fenómenos que más padecen.

Estos números y el riesgo de trabajar como taxista los ha vivido en carne propia Éric Nicolás Cabrera, quien labora desde hace nueve años como chofer. “En Código, conforme sea el caso, llegan las unidades de apoyo; pueden tardar un minuto, tres o cinco, pero es buen tiempo si se compara con una patrulla que se tarda hasta media hora. También, si se trata de atender un choque pequeño no apoyan muchos taxis, pero si es un asalto llegan los más que se puedan”, comenta.

Éric forma parte de la agrupación Unión Bloque 2000, desplegada en la zona oriente de la capital. Trabajar en esa zona, dice, es vivir en un constante riesgo y por eso tiene claro los pasos para pedir ayuda a sus compañeros: primero se debe enviar una nota de voz en WhatsApp describiendo la situación, después compartir la ubicación exacta y al final añadir un comprobante que lo avala como integrante de Código Clave 2000.
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Ese comprobante contiene una foto del taxista y su unidad, pues la organización encargada de hacer funcionar el mecanismo de seguridad cuenta con un padrón en el cual tiene registro de todos sus integrantes.

Asimismo, ha desarrollado señales universales complementarias a los grupos de WhatsApp conocidas por todos sus miembros. Los taxistas pueden hacer uso, por ejemplo, de las luces de los vehículos y así enviar señales de auxilio. O también crean un emblema de su agrupación y lo imprimen en algún punto visible del carro para detectarse entre ellos.

Aunque Éric ha hecho uso de esas señales, comparte que su momento más crítico lo vivió hace un par de años, cuando trabajaba por su cuenta. “Un pasaje me pidió llevarlo a El Hoyo, en Iztapalapa, y cuando llegamos me dijo que iba a subir a su casa un momento. Se bajó y una mujer empezó a gritar ‘Me quiere violar, me quiere violar’, y un montón de chavos se acercaron a mi taxi. Pude salir del lugar sólo porque un señor se apiadó de mí y los distrajo”.

Para Éric Cabrera la existencia de este mecanismo solamente significa una cosa: la delincuencia de la capital contra los automovilistas, que se multiplica y parece no tener fin, asusta; pero si se enfrenta en grupo, espanta menos.

“El gremio de los taxis ya no está solo, eso es claro, ahora estamos para ayudarnos”, comenta Éric.
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No somos un grupo de choque

Miguel Ángel Fragoso, fundador de Código Clave 2000, dice: “No somos un grupo de choque e incluso, los taxistas no tienen permitido decir groserías en las notas de voz. El WhatsApp sólo se usa para monitorearnos a nosotros”.

Desde sus oficinas centrales en la delegación Venustiano Carranza, Miguel Fragoso y su equipo monitorean a los taxistas asociados en su agrupación. El número de mensajes que envían a un conductor mientras traslada a un pasajero puede variar según la zona donde se encuentre y los reportes que el mismo chofer les envía.

Jesús Moreno Galicia, también conductor en la zona oriente, asegura recibir de sus compañeros hasta mil 500 notas de voz en un solo día laboral. Sin embargo, para distinguir los mensajes en los cuales se informa sobre una situación de riesgo, estos son enviados a un grupo especial de WhatsApp que funciona como canal de emergencias y reúne a todos los asociados de la organización.

“Tus compañeros te van diciendo hacia dónde van por la aplicación y te sientes seguro porque sabes su distancia. Sentir el apoyo de tus compañeros es importante porque todos sentimos el mismo miedo e incertidumbre de que cualquier pasaje te pueden asaltar, quitar la unidad, el celular, dinero y hasta tu propia vida”, explica Jesús.

El conductor, quien se integró a Código Clave 2000 hace 10 meses, explica que el apoyo brindado por los taxistas consiste en “hacer acto de presencia, a veces hacerle un cerrón al agresor para esperar a las demás unidades y ver qué sucede con el compañero”. Pero en ninguno de los casos, insisten los taxistas, se emplea la fuerza o la violencia en contra de persona alguna.

Jesús Moreno explica en entrevista que él y su agrupación, Unión Bloque 2000, han adoptado 20 claves personales, más las que son reconocidas por los 10 mil miembros de la organización.

Además de brindarse apoyo en cuando enfrentan delitos como el robo, los conductores de Código Clave 2000 también se asisten en situaciones menos riesgosas, como puede ser un simple cambio de llanta o en pasar energía para la batería del vehículo.

“No tenemos relación con la policía ni el gobierno”, aseguran los líderes de la organización; sin embargo, en algunas circunstancias prefieren llamar a las autoridades de la Ciudad de México para que se encarguen de situaciones como el robo.

También, informan que el protocolo a seguir con los pasajeros es siempre hacerles saber la situación en caso de que un chofer deba brindar apoyo a uno de sus compañeros. “Se les comunica a quienes están en el taxi, pero no siempre es necesario porque por lo regular hay unidades vacías en toda la ciudad y esas se encargan”.

Con estos mecanismos de seguridad, ahora son los conductores de transporte público capitalino quienes se suman a los ciudadanos que han hecho de las redes sociales su mejor defensa contra la delincuencia.

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