Paula “N” trabaja desde hace siete años en una cenaduría del centro de la ciudad ; pero hace siete años vivía en la calle, en la plazuela continúa al atrio de catedral, en donde fue rescatada con problemas de conducta y esquizofrenia paranoide .

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Con la muerte de su padre y posterior defunción de su madre, Paula quedó huérfana. A muy temprana edad se vio en el desamparo, sin hermanos, ni tíos, primos o parientes. Sólo recuerda algunos momentos de su infancia en el puerto de Mazatlán, donde cursó hasta el sexto grado de primaria. Por años vivió con los vecinos, de la caridad de la gente y con trabajos furtivos.

En su memoria están las imágenes de las calles, parques o mercados públicos donde sufrió agresiones y malos tratos cuando deambulaba en busca de comida, por la caridad de las personas; dormía a la intemperie, sola o con otros en igual situación de calle.

Sus desmayos y alucinaciones cada vez fueron más frecuentes a causa de su escasa alimentación, hidratación inadecuada y la ausencia de tratamiento médico. Su estado era deplorable.

Su expediente establece que en el año 2003 personal del albergue nocturno para indigentes siquiátricos Madre Teresa de Calcuta , la localizó en la plazuela continua al atrio de catedral.

Paula “N” cedió y dio el primer paso. Fue valorada y estabilizada en el Hospital Siquiátrico de Sinaloa. Después fue enviada al Centro de Reinserción Social de Enfermos Mentales del Sistema Estatal de Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

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Paula forma parte de un grupo de cuatro pacientes —de 37 que son atendidos en ese centro psiquiátrico— que trabajan en el exterior, reciben un salario y manejan sus propias cuentas bancarias.

Todas las noches, al cierre de la cenaduría en la que trabaja desde hace siete años, con un salario de 500 pesos semanales, limpiando platos, vasos y cucharas, los propietarios del negocio la retornan al Centro de Reinserción .

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Su dinero lo tiene en resguardo en una cuenta bancaria a su nombre, con el que se da sus pequeños lujos: compra ropa y zapatos a su gusto y algunos artículos femeninos. Dice que le agradaría volver a ver el mar de Mazatlán, del que tiene vagos recuerdos de su niñez y juventud.

Evaristo “N”, uno de los trabajadores sociales con mayor antigüedad en el Centro de Reinserción Social explica que “no existe una cacería de personal que vivan en situación de calle”. Los casos que les reportan, primero se verifican, hacen una evaluación previa de su situación mental y se les envía a un primer diagnóstico al Hospital Siquiátrico. En un segundo paso, se busca a su familia y de requerir atención más especializada, sin ningún costo, se aloja en el Centro el tiempo que sea necesario para su reinserción total.

Los orígenes de este Centro se cimentaron en 1994. Un grupo de voluntarias, con apoyo de comerciantes y empresarios, dotaban de alimentos a los indigentes que vivían en la vieja estación de ferrocarril, frente al Palacio de Gobierno. En 1995, el DIF obtuvo un espacio físico en el viejo Hospital del Carmen -atendido por religiosas- para instalar un albergue nocturno, con cobijo y atención médica. En 2003 se convirtió en el Centro de Reinserción Social para Enfermos Mentales sin Hogar y comenzó a brindar a los pacientes técnicas de rehabilitación psicosocial, atención psiquiátrica, sicológica, manualidades y el cuidado de su alimentación.

Las estadísticas disponibles desde 1997 señalan que se han atendido 329 personas indigentes, con problemas de trastornos emocionales y siquiátricos --156 mujeres-- con una reinserción en sus domicilios de 183 personas. Se tienen tres casos de ciudadanos de Alemania, Honduras y Vietnam, quienes fueron rescatados de las calles por conducta indigente, con alteraciones psiquiátricas, recibieron tratamiento médico y ocupacional, quienes fueron reintegrados a sus familias.

Este Centro es único en tu tipo en todo el país y modelo a seguir para el Sistema Nacional de Desarrollo Integral de la Familia. Y Paula es ejemplo de cómo los llamados indigentes, muchos de ellos sin diagnóstico pero con alguna enfermedad mental, pueden recuperarse si se les brindan un tratamiento adecuando y condiciones adecuadas para vivir dignamente.

Walter Antonio Félix Perea, designado coordinador general del Centro, tiene en sus manos el desarrollo de un innovador esquema de atención a estos pacientes con tareas ocupacionales en el campo, una especie de granja con actividades de labranza y cultivos de hortalizas. Se proyecta construirla en un predio ubicado al norte de la ciudad, a través del sistema DIF estatal.

Cabe recordar que en 1954, el cabildo del municipio de Culiacán emitió el decreto número 12 en el fijó el criterio de la urgente necesidad de combatir por todos los medios la vagancia y la mendicidad, actividades que, dijo, incidían la inclinación al delito y al parasitismo social. La sanción estuve vigente durante 3 años y era de 5 a 50 pesos de multa y un arresto de 36 horas.

La esquizofrenia es una de las 10 enfermedades más discapacitantes y se estima que la padece entre el 1 por ciento de la población, independientemente del nivel socioeconómico y cultural de la persona, según el Centro de Nacional de Excelencia Tecnológica en Salud (Cenetec) .

La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, publicada por el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRF), señala que el 28.6% de la población ha sido diagnosticada con un trastorno psiquiátrico.

kcp

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